Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Entrenamiento de los Lobos

El centro del campamento se había transformado en una enorme arena de combate la nieve del suelo estaba completamente pisoteada, mezclada con el barro negro que la calidez del ambiente seguía exponiendo. Decenas de guerreros de Blackwood se agrupaban en círculos, despojados de sus armaduras pesadas de cuero, listos para entender la nueva fuerza que corría por sus venas.

En el centro de la arena, Vespera observaba el despliegue de fuerza con atención. A su lado, Kaelen permanecía con los brazos cruzados, dejando ver las líneas de su antebrazo, las cuales brillaban de forma tenue bajo la luz del día.

  • No intenten forzarlo como si fuera un hechizo o una transformación - explicó Vespera. Su voz, clara y sin esfuerzo, llegó a los oídos de cada lobo - El Abismo no responde a la rabia.responde al instinto de protección. Tienen que dejar que la sombra entre en contacto con su energía.

Jarek dio un paso al frente, empuñando su pesada hacha de entrenamiento. Al otro lado del círculo, Silas se colocó en posición de guardia, con una espada corta de madera.

  • Muy bien, Silas. Veamos si esta niebla realmente sabe cómo detener un golpe de verdad - dijo Jarek con una sonrisa de medio lado, aunque sus ojos reflejaban una profunda concentración.

El enorme guerrero rugió y se lanzó al ataque, descargando el hacha en un arco descendente que habría partido a cualquier hombre a la mitad Silas, en lugar de esquivar el golpe como solía hacerlo, plantó los pies en el suelo de barro. Cerró los ojos por una fracción de segundo, invocando el recuerdo de la batalla en el desfiladero y el deseo de proteger a sus compañeros.

Justo antes de que el arma de madera tocara su hombro, la sombra bajo sus pies se disparó hacia arriba. Un estallido de humo plateado y sólido se materializó alrededor del torso de Silas, tomando la forma de una hombrera y una coraza con relieves de aspecto antiguo. El impacto del hacha contra la armadura de humo resonó con la fuerza de un rayo chocando contra una roca, pero Silas ni siquiera se movió un centímetro.

La onda expansiva de la energía dispersó la nieve sucia a su alrededor, y el humo sólido absorbió por completo la vibración del golpe. Los lobos que miraban la escena soltaron un grito de asombro colectivos.

  • Se siente... ligera - susurró Silas, abriendo los ojos de par en par mientras contemplaba cómo las placas de humo se amoldaban a sus movimientos como si fueran una segunda piel - No me quita velocidad al contrario, siento que el aire se aparta para dejarme avanzar.
  • Esa es la diferencia - dijo Vespera, acercándose a ellos - La magia de las brujas pesa sobre el cuerpo porque es un poder prestado de la tierra. El Abismo es una extensión de lo que ustedes ya son si se mueven con miedo, la armadura se desvanece si se mueven con determinación, se vuelve más dura que el acero.

Kaelen caminó hacia el centro de la arena y desenvainó su enorme espadón de combate. La marca de su brazo brilló con más intensidad y al instante, un manto de humo plateado comenzó a entrelazarse con su propia aura dorada de Alfa, cubriendo sus hombros y sus brazos con placas oscuras que desprendían destellos de luz.

  • No se queden solo mirando - ordenó Kaelen, barriendo a sus capitanes con su imponente mirada - Jarek, Maeve, Silas, guíen a los demás. Quiero que cada lobo de esta manada sea capaz de invocar el escudo antes del anochecer no sabemos cuánto tiempo nos dará el Consejo antes de enviar a sus ejércitos.

Durante las siguientes horas, el campamento se convirtió en un festival de sombras y choques de armas. Al principio, los lobos más jóvenes frustraban sus intentos al intentar controlar la niebla con ira desatada, provocando que el humo se disipara en jirones inútiles. Sin embargo, bajo la guía constante de Vespera, aprendieron a calmar su mente y a confiar en el vínculo protector que ahora los unía.

Para el mediodía, el ambiente ya no reflejaba el caos de un poder incontrolable. Los guerreros se movían con una agilidad sobrenatural, apareciendo y desapareciendo entre los destellos de humo plateado, combinando sus garras y dientes con protecciones impenetrables que se materializaban justo a tiempo para detener los ataques.

Vespera miró a la manada entrenar con una sensación de orgullo que nunca antes había experimentado ya no era una prisionera esperando su ejecución, ni una paria oculta en las esquinas. Junto al Alfa y a los guerreros de Blackwood, estaba construyendo los cimientos de algo imbatible.

Kaelen se colocó a su lado, envainando su espada mientras el humo de su propio cuerpo regresaba pacíficamente a su sombra.

  • Lo están logrando - comentó el Alfa en voz baja, mirando a sus hombres - Has transformado a una manada de lobos en un ejército que el mundo jamás ha visto.
  • Nosotros lo logramos, Kaelen - corrigió Vespera, girándose para mirarlo a los ojos - Tu fuego les dio el valor para aceptar mis sombras. Ahora estamos listos para lo que venga.

El sol comenzó a descender sobre los límites de Blackwood, dejando atrás una jornada de entrenamiento que consolidaba el nuevo poder de la manada, unida bajo el manto de la noche y la soberanía del Abismo.




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