Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Descubrimiento de un Nuevo Secreto sobre el abismo

La medianoche había caído sobre Blackwood y con ella el campamento se sumergió en una calma absoluta, Vespera no podía dormir el silencio era tan profundo que el más mínimo crujido de la madera parecía un estallido. Decidió salir a caminar, buscando el aire helado de la noche para enfriar los pensamientos que le daban vueltas en la cabeza.

Se dirigió al antiguo santuario de piedra de la manada, un lugar rodeado de sauces llorones cuyas hojas congeladas rozaban el suelo. Allí, la oscuridad parecía concentrarse de una manera distinta, más densa y pesada.

Al cruzar el umbral del santuario, las Voces en su cabeza despertaron. Esta vez no se rieron, ni hablaron con la estática estridente de antes susurraban con una reverencia que rozaba el pavor.

  • La portadora busca respuestas... - dijeron y el sonido pareció materializarse en el aire como hilos de humo gris - Busca saber por qué la oscuridad se inclina ante su paso.

Vespera se detuvo en el centro del círculo de piedra, cerró los ojos y respiró hondo conectándose con el vacío que latía en su pecho.

  • Díganme la verdad - exigió en un susurro firme - Dijeron que los recolectores de chatarra reconocieron la corona, dijeron que reconocieron el fin. ¿Qué es esa corona? No soy una reina, soy una paria que el Consejo intentó ejecutar.

La sombra a sus pies comenzó a agitarse, elevándose en jirones que envolvieron sus tobillos sin lastimarla. De pronto, el entorno del santuario desapareció. Vespera ya no estaba entre los sauces de Blackwood se encontraba suspendida en una inmensidad sin estrellas, un espacio infinito donde el tiempo parecía no existir.

Frente a ella, la penumbra comenzó a tomar forma, proyectando imágenes como si fueran recuerdos grabados en el mismísimo aire.

  • El Abismo no es un monstruo que devora, Hija... -susurraron las Voces al unísono - El Abismo es lo que quedó después de la Gran Fractura. Antes de que el Consejo construyera sus torres y dividiera el mundo, el vacío era el orden original. Una fuerza de contención.

Las imágenes mostraron a seres antiguos, gigantes de luz estelar y sombras que caminaban juntos, manteniendo el equilibrio de la creación. Luego, la escena cambió vio a los primeros ancestros de las brujas y los vampiros traicionando ese pacto, utilizando la magia de la tierra para sellar la oscuridad en las grietas del mundo y coronarse a sí mismos como los nuevos señores de la vida.

  • Ellos llamaron paz al encierro de nuestro linaje -continuaron las Voces y una nota de profunda tristeza vibró en el eco - Pero el vacío no puede ser destruido, solo puede ser contenido por un alma que esté dispuesta a sacrificar su propia luz para servir de puente. La corona no es un título de nobleza Vespera ,es el fragmento del primer sello

Una luz ámbar y plateada estalló desde el cuello de Vespera, iluminando el espacio infinito. La red de líneas que recorría su piel comenzó a brillar con una intensidad cegadora.

Vespera comprendió el secreto en ese mismo instante, ella no era una simple anomalía mágica su linaje, los Ancestros, eran los gobernantes originales de esa fuerza de contención. La marca en su pecho era la llave que mantenía la puerta cerrada o abierta. Al intentar ejecutarla, Lady Elara y Valerius no habían destruido la amenaza habían roto el candado. La corona era el poder absoluto de reclamar el orden original del mundo, devolviendo la luz artificial de la Ciudad de Plata a la penumbra de donde nació.

  • Tú eres el fin del viejo orden - sentenciaron las Voces, mientras las imágenes comenzaban a desvanecerse - Eres el fin de su mentira. Por eso se arrodillaron los recolectores, por eso los lobos ahora llevan tu marca. El Abismo te reconoce como su Heredera.

El entorno regresó de golpe, Vespera tambaleó en el centro del santuario de piedra de Blackwood, jadeando por aire, con el corazón martilleando con fuerza contra sus costillas. El sudor frío empapaba su frente, pero la confusión que la había acompañado durante años se había transformado en una certeza absoluta y aterradora.

Una mano grande y cálida se posó suavemente en su hombro, estabilizándola. Vespera se giró rápidamente y se encontró con los ojos dorados de Kaelen el Alfa la había seguido en silencio, preocupado por su ausencia. Las líneas plateadas de su antebrazo brillaban en respuesta a la energía que aún flotaba en el santuario.

  • Te sentí temblar - dijo Kaelen, con una voz baja cargada de preocupación - ¿Qué pasó aquí? Tu luz... era tan fuerte que se podía ver a través de los árboles.

Vespera miró al hombre que había elegido ligar su destino al de ella ya no había espacio para las mentiras cómodas ni las máscaras de frialdad.

  • Ya sé qué es la corona, Kaelen - susurró ella y aunque su cuerpo aún temblaba, sus ojos reflejaban una determinación inquebrantable - El Consejo no nos persigue porque piensen que soy una abominación nos persiguen porque soy el final de su reinado. El Abismo no vino a protegernos para escondernos... vino a reclamar el mundo que le robaron.

Kaelen guardó silencio por un momento, procesando el peso de sus palabras. Miró la marca plateada en su propio brazo y luego regresó la vista a la joven. Una sonrisa salvaje, desprovista de cualquier rastro de duda, apareció en sus facciones de lobo.

  • Entonces cambiaremos el mapa - sentenció el Alfa, entrelazando sus dedos con los de ella - Deja que piensen que somos los invadidos. Cuando salgamos van a descubrir lo que pasa cuando la noche decide avanzar.

Vespera asintió, sintiendo el calor solar de Kaelen estabilizar la tormenta que rugía en su interior. El secreto ya no era una carga era el arma definitiva que usarían para cambiar el destino de todos los clanes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.