Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Amanecer y la marcha hacia la Ciudad de Plata

Los primeros rayos de un sol pálido tiñeron el cielo de un tono grisáceo, el viento soplaba con fuerza pero Kaelen ya estaba en pie, ajustándose las correas de cuero de su pechera mientras observaba a Vespera, quien terminaba de asegurar su capa negra sobre los hombros. La marca plateada en el antebrazo del Alfa emitió un destello tenue, respondiendo a la cercanía de la joven, antes de quedar oculta bajo su guantelete.

Al salir el frío de la estepa les golpeó el rostro, pero ninguno de los dos se encogió el patio ya era un hervidero de actividad contenida. Los lobos se movían con una sincronía militar perfecta, desprovistos del caos habitual de las grandes marchas, la protección del Abismo parecía darles una concentración absoluta.

Jarek se acercó a paso rápido, abriéndose camino entre los guerreros que ya comenzaban a ajustar los últimos detalles antes de la partida, su enorme hacha de combate colgaba de su espalda y su aliento formaba densas nubes de vapor en el aire helado.

  • Alfa, las patrullas nocturnas ya regresaron - informó Jarek, deteniéndose ante Kaelen y asintiendo brevemente hacia Vespera - No hay rastros de exploradores del Consejo en cinco kilómetros a la redonda parece que están concentrando todas sus fuerzas detrás de las murallas de la Ciudad de Plata. Saben que vamos para allá.
  • Mejor así - respondió Kaelen, barriendo el lugar con su mirada dorada - No quiero perder tiempo en escaramuzas menores. ¿Cuánto falta para que todos estén listos?
  • Menos de diez minutos, los hombres están doblando las lonas y cargando los suministros en los trineos de arrastre. Estamos listos para el avance final a través de la llanura.

Vespera dio un paso al frente, observando el horizonte despejado. Más allá de las colinas, la silueta lejana y brillante de la Ciudad de Plata aguardaba como un faro de arrogancia.

  • La llanura congelada es territorio abierto, Jarek - advirtió Vespera, con una voz clara que el viento no logró apagar - Sus brujas intentarán usar ataques a distancia o congelar el suelo para frenar el paso de los lobos. No debemos avanzar en una sola línea.

Jarek la miró y por primera vez no hubo sospecha en sus ojos sino una aceptación total de sus sugerencias tácticas.

  • Tienes razón, Vespera. Ya organicé a las vanguardias en tres formaciones de cuña intercaladas - explicó el guerrero - Silas irá al frente del flanco izquierdo y Maeve cubrirá la derecha. Si intentan emboscarnos desde el cielo con su magia, el humo del Abismo se activará antes de que los hechizos toquen el suelo.
  • Perfecto - sentenció Kaelen, subiendo a una pequeña elevación de terreno para que toda la manada pudiera verlo.

El Alfa alzó su brazo izquierdo y aunque estaba cubierto por el cuero la energía plateada vibró con tal intensidad que un sutil zumbido recorrió la llanura, llamando la atención de cada licántropo. Los lobos se formaron en fila, con las armas listas y los rostros endurecidos por la determinación.

  • ¡Escuchen bien! - el rugido de Kaelen se extendió por la estepa, desafiando el silbido del viento - Cruzaremos esta llanura hoy mismo no vamos a detenernos a descansar, no vamos a pedir tregua. La Ciudad de Plata cree que somos los mismos perros que firmaron sus tratados, pero hoy marchamos con el poder que ellos mismos intentaron enterrar. ¡Por Blackwood y por el nuevo orden!

Un clamor unísono y feroz respondió a sus palabras, un aullido colectivo que hizo vibrar el suelo bajo sus pies. Los guerreros se colocaron en sus puestos y a una señal de Jarek, la marcha comenzó.

Kaelen bajó de la elevación y le tendió la mano a Vespera, al entrelazar sus dedos, una temperatura perfecta los envolvió, aislándolos del frío extremo de la llanura. Juntos se colocaron a la cabeza de la formación central, guiando a la manada a través del desierto de hielo, listos para golpear las puertas del viejo mundo.




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