Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Avance Final hacia las Murallas Principales

Las formaciones de cuña de Blackwood devoraron el último tramo de la llanura congelada con una velocidad sobrenatural. Las imponentes murallas de mármol blanco de la Ciudad de Plata se alzaban ante ellos como un acantilado infranqueable, las enormes puertas de bronce ya estaban cerradas y sobre las almenas, cientos de guerreros vampiros y brujas apuntaban con sus ballestas y báculos hacia el frente.

Kaelen detuvo la marcha a unos trescientos metros de la entrada principal, levantando el puño. A su lado, Vespera observó cómo la piedra blanca de las murallas comenzaba a transformarse.

  • Están desesperados - dijo Kaelen, con la mirada fija en las defensas - Van a usar su último recurso.

Desde las torres superiores, Lord Cassian y Lady Elara vertieron grandes cálices de sangre noble sobre los conductos de la piedra. Al instante, unas runas gigantescas y de un rojo viscoso se encendieron a lo largo de toda la muralla. Los sellos de sangre, las defensas más antiguas y oscuras del Consejo se activaron. El aire alrededor de la ciudad se volvió rancio y una barrera invisible de calor sofocante comenzó a irradiar hacia los lobos, haciendo que la nieve del suelo se evaporara instantáneamente en un humo rojizo.

  • Esa magia se alimenta de la fuerza vital de quienes intentan acercarse - advirtió Jarek, cubriéndose el rostro con el brazo mientras su armadura de humo sólido comenzaba a parpadear, debilitada por el calor místico - Si chocamos contra eso de frente, nos va a consumir la sangre desde adentro.

Kaelen dio un paso adelante pero Vespera colocó una mano sobre su pecho, deteniéndolo. La luz ámbar de su cuello brilló con una intensidad que traspasó su ropa y las líneas plateadas del antebrazo del Alfa respondieron, latiendo con fuerza.

  • Esta vez no es tu pelea, Kaelen - dijo Vespera, su voz ya no era un susurro era un eco melódico y potente que resonó en la mente de toda la manada - Ellos sellaron el Abismo con la mentira de su paz. Es hora de que vean el verdadero peso de la corona.

Vespera caminó sola hacia la barrera de los sellos de sangre con cada paso que daba, la tierra bajo sus pies dejaba de emitir el calor sofocante de la magia enemiga para rendirse ante su presencia. Los lobos la miraban en absoluto silencio, con un pavor reverencial que paralizaba el campamento.

Cuando estuvo a solo unos metros del muro invisible de energía roja, Vespera cerró los ojos y conectó con la inmensidad que había visto en su visión. El fragmento del primer sello en su pecho estalló en una onda expansiva de luz ámbar y plata líquida.

  • Reclamo el orden original - sentenció Vespera, abriendo los ojos, que ahora eran dos pozos de penumbra absoluta.

Las Voces en su cabeza rugieron al unísono y de las grietas profundas del suelo no brotó una simple niebla, sino el verdadero Abismo, una marea consciente de oscuridad primordial que ascendió como una torre gigante hacia el cielo. El vacío ignoró por completo el calor de los sellos de sangre, la sombra se enroscó alrededor de las murallas de mármol, devorando la luz roja de las runas como si fuera simple combustible.

En las almenas el pánico fue total, las brujas gritaban al ver que sus báculos se agrietaban y perdían el brillo, mientras los vampiros veían cómo los sellos de sangre que les habían tomado siglos perfeccionar se disolvían en jirones de humo inútil. Vespera alzó su mano derecha y cerró el puño.

El Abismo respondió a su voluntad con un chasquido seco, las pesadas puertas de bronce de la Ciudad de Plata se doblaron hacia adentro, rompiéndose como si fueran hojas secas bajo la presión del vacío. Las murallas de mármol blanco, despojadas de toda su protección mágica, se agrietaron de arriba abajo, abriendo enormes brechas en la estructura.

La entrada al corazón del viejo mundo estaba completamente abierta.

Vespera exhaló un suspiro largo y la inmensa torre de sombras regresó pacíficamente a la tierra, dejando el aire limpio y fresco. Se giró despacio hacia la manada, con la corona invisible de su linaje asentada firmemente sobre su frente.

Kaelen desenvainó su espadón y el humo plateado de su brazo cubrió su cuerpo de inmediato, combinándose con su aura de Alfa.

  • ¡Blackwood! - rugió Kaelen, señalando las puertas destruidas - ¡Entren al imperio!

Un rugido unísono y feroz sacudió las colinas. Jarek, Silas, Maeve y el resto de los guerreros se lanzaron al ataque, cruzando las brechas abiertas por Vespera, listos para tomar la Ciudad de Plata y poner fin al reinado del Consejo para siempre.




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