Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

El Enfrentamiento Definitivo dentro del Gran Salón

Las monumentales puertas del Gran Salón cedieron con un crujido sordo, abriéndose de par en par ante la llegada de los conquistadores, Kaelen y Vespera entraron a paso firme, flanqueados por Jarek y un grupo de guerreros veteranos cuyas armaduras de humo plateado aún desprendían jirones de niebla. El silencio en el gigantesco recinto de mármol era absoluto, roto únicamente por el eco rítmico de sus botas.

Al fondo del salón, sobre el estrado semicircular permanecían los dos últimos bastiones del viejo orden. Lord Cassian estaba sentado en su trono de plata, con las manos aferradas a los brazos tallados con una rigidez que delataba su impotencia. A su lado, Lady Elara se mantenía de pie junto a su propio asiento, su postura era impecable pero sus ojos verdes se movían con rapidez, analizando la marca que brillaba en el brazo del Alfa y la penumbra consciente que flotaba alrededor de Vespera.

  • Llegaron hasta aquí - dijo Cassian y su voz resonó en las columnas blancas, desprovista del eco de mando que solía tener - Destruyeron nuestras defensas, rompieron nuestras leyes y trajeron la oscuridad a la cuna de la civilización. ¿Es este el gran triunfo de Blackwood? ¿Convertirse en los destructores del mundo?

Kaelen se detuvo en el centro del salón, plantando su enorme espadón contra el suelo de mármol. Sus ojos dorados brillaban con una fijeza implacable.

  • El mundo que ustedes construyeron ya estaba destruido, Cassian - replicó el Alfa, con una voz ronca que llenó el espacio - Lo alimentaron con tratados falsos, persecuciones y el sometimiento de mi estirpe. No venimos como destructores, venimos a cobrar las deudas del pasado.

Lady Elara dio un paso al frente en el estrado, bajando la mirada hacia Vespera. Sabía que la diplomacia era su única arma restante, pero el miedo le atenazaba la garganta al notar que el flujo de la tierra dentro del palacio seguía en completo silencio, negándose a responder a su llamado.

  • Vespera... - habló Elara, intentando forzar un tono de razonamiento - Cometimos errores. El Consejo actuó con base en el miedo a una profecía que no entendíamos pero gobernar requiere equilibrio. Si destruyes este Consejo, los clanes vampíricos y las torres de las brujas se sumergirán en una guerra civil que consumirá los territorios del norte. Podemos llegar a un nuevo acuerdo. Un tratado donde Blackwood y tú tengan el lugar que merecen.

Vespera dio un paso al frente dejando atrás la línea de los lobos. El fragmento del primer sello en su pecho emitió un resplandor ámbar tan limpio que disipó los reflejos artificiales del techo abovedado. Sus ojos, fijos en la bruja, eran dos pozos de una tranquilidad que helaba la sangre.

  • Me llamaron abominación, Elara - recordó Vespera y su voz melódica resonó directamente en la mente de los presentes - Me encerraron en una celda y enviaron a sus verdugos al desfiladero. No lo hicieron por ignorancia, lo hicieron porque sabían que la mentira de su imperio se sostenía sobre el cautiverio de mi linaje. La corona que tanto temían no es un título para negociar en sus mesas de mármol, es el fin de su tiempo.

Lord Cassian se levantó de su trono de un salto, desenvainando una fina espada de acero antiguo. La velocidad vampírica lo impulsó hacia adelante, transformándolo en una sombra pálida que cruzó el salón en un parpadeo, apuntando directamente al cuello de Vespera.

Sin embargo, el ataque no llegó a rozarla.

Kaelen reaccionó con una potencia salvaje. Su armadura de humo sólido se activó instantáneamente y con un movimiento lateral de su espadón, interceptó la hoja de Cassian. El choque de las armas provocó una onda expansiva de estática plateada y dorada que agrietó los adoquines bajo sus pies. El líder de los vampiros fue repelido con violencia, retrocediendo varios metros con los brazos temblando por el impacto contra la penumbra primordial.

  • Tu tiempo de pelear ya pasó, Cassian - sentenció Kaelen, colocándose frente a él con la espada en alto.

Vespera extendió su mano derecha hacia el estrado. El Abismo respondió a su voluntad desde las grietas del salón, jirones de sombra densa y consciente brotaron del suelo, enroscándose con rapidez alrededor de las piernas de Cassian y Elara. La presión del vacío los obligó a hincar la rodilla contra el mármol, despojándolos de toda su fuerza física y mágica.

Lady Elara sintió el impacto del golpe en su orgullo mientras intentaba en vano canalizar un último destello de su magia esmeralda. El tablero político que había construido pacientemente durante décadas se desmoronaba por completo. El poder absoluto ya no le pertenecía al Consejo, la balanza del mundo acababa de romperse definitivamente a favor de la paria y la manada que la cobijó.

  • Quien toque a un lobo de Blackwood, estará desafiando a la eternidad misma - sentenció Vespera, repitiendo las palabras que habían sellado su avance - Su reinado terminó hoy.

Con un gesto firme de su mano, las sombras envolvieron por completo los tronos de plata y mármol, reduciéndolos a polvo fino ante los ojos atónitos de los líderes vencidos. El Gran Salón de la Ciudad de Plata ya no pertenecía al Consejo. La penumbra primordial se asentó en las esquinas del recinto, transformándolo en el primer pilar de un nuevo imperio fundado bajo el manto de la sombra y el fuego.




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