El viaje de regreso desde la Ciudad de Plata hasta las tierras boscosas de Blackwood no fue una marcha silenciosa, sino una procesión de poder. A medida que la comitiva cruzaba la frontera del territorio alfa, el aire frío y seco de la estepa fue sustituido por el aroma denso a pino, tierra húmeda y la magia ancestral que protegía los dominios del clan.
Vespera cabalgaba al lado de Kaelen, ya no vestía los harapos de una prisionera ni los ropajes impuestos por el Consejo. Llevaba una capa de viaje oscura, ribeteada con pieles densas, que contrastaba con la palidez de su piel y el tenue pulso plateado que aún recorrió sus venas. A su lado, el Alfa avanzaba con la cabeza en alto, desprovisto de la armadura pesada de combate, mostrando con orgullo la marca del Abismo en su antebrazo expuesto
El paso por las primeras empalizadas del campamento principal de Blackwood provocó un silencio sepulcral en la multitud que se había congregado para recibirlos. Los guerreros que se habían quedado a proteger el territorio, las familias del clan y los ancianos observaban con una mezcla de reverencia y temor reverencial. Los murmullos corrían como la pólvora, la voz de que una "paria" había doblegado al imperio se había extendido rápido. Sin embargo, la tensión era palpable. Muchos de los presentes aún recordaban a Vespera como la joven que debía ser ejecutada por la seguridad de la manada. Una sola mirada dorada del Alfa bastaba para silenciar cualquier amago de protesta o gruñido de desconfianza.
Jarek, quien se había adelantado con la vanguardia para asegurar el perímetro, esperaba junto al gran tótem de piedra que marcaba la entrada al corazón de la aldea. El sublíder asintió firmemente al verlos llegar, dando un paso al frente para sostener las riendas del caballo de Kaelen cuando este desmontó.
Kaelen no respondió de inmediato. Se giró hacia Vespera y extendiendo su mano grande y cálida, la ayudó a descender del caballo. Al contacto, una vibración imperceptible recorrió el suelo bajo sus pies, un recordatorio de que el vacío de ella y la sangre del lobo ahora latían al mismo ritmo.
Vespera enderezó la espalda, ajustándose la capa oscura mientras sentía la fijeza de cientos de miradas sobre su piel. El pulso plateado de sus venas brilló con un destello más intenso por un segundo, respondiendo a la energía del bosque.
Kaelen asintió, una chispa de orgullo cruzando su facciones, y juntos se dirigieron hacia el claro del Consejo, dejando atrás a una retaguardia que cargaba con los restos del viejo mundo y abriendo paso al inicio de una nueva era para Blackwood
Kaelen esbozó una leve sonrisa de orgullo, una expresión inusual en el severo rostro del Alfa.
Jarek golpeó su puño contra el pecho en un saludo militar.
Kaelen extendió su brazo hacia Vespera, invitándola a caminar a su par. Juntos, avanzaron con paso firme hacia el corazón del campamento, rompiendo el espeso silencio de la multitud que se abría a su paso como las aguas ante una tormenta inminente.