Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

La Aceptación de la Luna

Un murmullo de asombro recorrió el claro. Decir que la sangre del Alfa reclamaba a una paria del Abismo equivalía a nombrarla Matriarca, la Luna de la manada.

Vespera, que hasta ese momento había permanecido en silencio, dio un paso al frente, con un movimiento pausado, se despojó de los guantes de cuero de su capa. Al descubrir sus manos, la red de líneas plateadas de su piel brilló con una intensidad cegadora, respondiendo a la proximidad de la hoguera principal.

Ella no miró a los ancianos con ira, sino con la fría confianza de quien ha visto el fondo del vacío y ha regresado para contarlo.

  • No vengo a contaminar su hogar - dijo Vespera, con una voz clara y firme que no tembló ante los cientos de ojos fijos en ella - Vengo a ofrecerle a Blackwood un futuro donde no tengan que esconderse en los bosques por temor a los sellos de sangre. El imperio ha caído, las brujas han entregado sus báculos. Si mi presencia les asusta, recuerden que esta misma sombra es la que ahora vigila sus fronteras contra cualquiera que intente dañarlos.

Para sellar sus palabras, Vespera extendió una mano hacia la gran hoguera del centro. Las llamas anaranjadas parecieron congelarse por un segundo, tiñéndose de un color violeta oscuro y profundo que bailó bajo su control directo, antes de regresar a su estado natural. El fuego no la quemaba, la obedecía.

El viejo Torin observó las manos de la joven, luego la marca plateada en el brazo de su Alfa, el no la reconocía y estaba claro en su expresión que jamás lo haría y ella lo sabía perfectamente bien pero la paria que huia y se escondia ya no existía, su poder se había liberado y con el había renacido una nueva Vespera.

Uno a uno, los guerreros de la primera línea hincaron una rodilla en el suelo, dándole el reconocimiento de Luna de la manada Blackwood. Kaelen se giró hacia ella, con los ojos dorados brillando de orgullo bajo la luz de la noche. Le tomó la mano firmemente, entrelazando sus dedos nuevamente.

  • Bienvenidos a casa - susurró el Alfa, guiándola finalmente hacia a la casa, ya no era una prisionera rescatada, sino como la soberana de un nuevo orden.




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