Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

La soberanía del Alfa

Kaelen no titubeó. No hubo el más mínimo espacio para la duda en la transición de su paso, dio un avance firme interponiéndose parcialmente entre el anciano y Vespera. Su movimiento no fue el de un guerrero que se prepara para el ataque inminente sino el de un soberano absoluto que delimita su territorio frente a una amenaza menor. Su imponente figura bloqueó la luz de la hoguera principal, proyectando una sombra gigantesca sobre Torin y los otros dos ancianos que permanecían detrás.

  • La ley de Blackwood buscaba protegernos de lo que no entendíamos - sentenció Kaelen.

Su voz de Alfa no necesitó de un grito para imponerse. Resonó con un eco magnético, una vibración de baja frecuencia que golpeó los pechos de todos los presentes. Era el peso de la sangre, el mandato genético que ligaba a cada miembro del clan a la voluntad de su líder. Al escuchar el tono, varios lobos de las primeras filas bajaron la cabeza de inmediato, encogiendo los hombros en señal de sumisión instintiva. Incluso los guerreros más veteranos, curtidos en las fronteras, apretaron las mandíbulas para resistir el impulso biológico de arrodillarse.

  • Vespera no es la contaminación de este suelo, Torin - continuó Kaelen, clavando sus ojos dorados en las pupilas marchitas del anciano - Ella es la razón por la que el imperio que nos sometía y cazaba durante siglos ya no existe. Su oscuridad como tú la llamas, nos protegió en la Ciudad de Plata cuando vuestras leyes ancestrales solo ofrecían aislamiento y una muerte lenta en el olvido. Mi lobo la reclama, mi sangre la reclama como parte de este clan. ¿Vas a discutirle el derecho a mi propia sangre?

Torin apretó con tanta fuerza el roble de su bastón que los nudillos se le pusieron blancos, revelando las venas azuladas bajo la piel translúcida de la vejez

  • La sangre del lobo es pura, Kaelen, y la pureza es lo único que nos ha mantenido vivos - replicó el anciano, dando un golpe seco con el bastón sobre la losa de piedra. El sonido metálico y sordo resonó en el claro - No se mezcla con el vacío, se destruye con él. Lo que traes contigo no es una aliada, muchacho. Es un parásito que consumirá la magia que nutre a este bosque. ¿Olvidas los textos? ¿Olvidas lo que el Abismo le hizo a los primeros clanes del norte antes de que naciéramos? La locura la devorará y cuando lo haga, nos devorará a todos. El Consejo de Ancianos tiene el derecho de veto sobre los extraños que pisan el círculo sagrado y yo ejerzo ese derecho ahora.

Antes de que Kaelen pudiera responder, una figura se movió a su lado.

Vespera dio un paso al frente, saliendo de la protección de la sombra de Kaelen. No quería que pelearan sus batallas como si fuera una posesión preciosa pero frágil. Se colocó a la par del Alfa, permitiendo que la luz de las hogueras iluminara completamente su rostro pálido y las líneas de plata que moraban bajo su piel como rios de energía fría.. Sus ojos oscuros, ahora salpicados por motas de un gris metálico, recorrieron a los tres ancianos con una frialdad que heló los ánimos de los presentes.

  • El Consejo de las Siete Torres decía lo mismo, usaba las mismas palabras, anciano - habló Vespera, y aunque su voz no poseía el trueno del Alfa, portaba una fijeza que cortaba como un cuchillo de hielo - Decían que mi existencia era una afrenta al orden natural. Que el vacío debía ser contenido, estudiado y exterminado por el bien común. Míralos ahora. Sus báculos se pruden en la entrada de este bosque y sus cenizas decoran los caminos de la Ciudad de Plata. Si la oscuridad de la que hablas fuera un parásito, yo ya sería un cadáver. Pero estoy aqui y el bosque no me rechaza, me teme, que es algo muy distinto. Intenta vetarme, si crees que tus leyes viejas pueden frenar lo que destruyó un imperio.

Un murmullo de indignación y asombro corrió como una descarga eléctrica entre las familias del clan. Que una humana o lo que fuera en lo que se había convertido, hablara con semejante osadía ante el guardán de las tradiciones era una herejía que, en otros tiempos, habría costado la lengua.




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