Fracturas internas
La reunión en el claro del Consejo se disolvió sin ceremonias pero la semilla de la discordia había quedado plantada profundamente en la tierra negra de Blackwood. Mientras la multitud se dispersaba en pequeños grupos que discutían en voz baja bajo la protección de la noche, Kaelen condujo a Vespera hacia la gran residencia al Alfa y centro de estrategia.
Jarek los siguió de cerca, manteniendo una distancia prudencial con los ojos fijos en la retaguardia y asegurándose de que nadie se acercara lo suficiente como para escuchar las conversaciones privadas. Una vez dentro, el sublíder cerró las pesadas puertas de madera reforzada con hierro y corrió el cerrojo antes de soltar un largo suspiro, liberando la tensión que había acumulado en el círculo sagrado.
- Has tensado la cuerda más de lo habitual, Kaelen - dijo Jarek, quitándose el manto de viaje y arrojándolo sobre una larga mesa de pino - Torin no se quedará de brazos cruzados. El viejo es terco como el roble de su báculo y tiene el respaldo de las familias más antiguas del sector norte. Esas que te recuerdo, proveen un tercio de los cazadores y rastreadores de la manada. Si deciden retener los suministros o aislarse, tendremos una revuelta silenciosa antes de que caiga la primera nieve.
Kaelen se acercó a un hogar de piedra empotrado en la pared del fondo, donde unos leños moribundos emitían un calor tenue. Tomó un atizador de hierro y removió las brasas hasta que una nueva llama, vibrante y anaranjada, cobró vida.
- Torin es un vestigio del pasado, Jarek - respondió Kaelen sin volverse, contemplando el juego de las llamas - Los cazadores del norte seguirán cazando porque tienen bocas que alimentar en sus cabañas y porque saben muy a su pesar que el imperio ya no está en las fronteras para comprar sus pieles a precio de esclavo. No tienen otra opción. Tarde o temprano entenderán que la fuerza es lo único que garantiza que sus hijos lleguen a la próxima primavera. Mis guerreros no ganaron una guerra en la Ciudad de Plata para regresar aquí a pedir permiso para gobernar.
- No es solo la fuerza lo que les preocupa, Kaelen - intervino Vespera, sentándose en uno de los bancos de madera tallada. Se desabrochó la capa de pieles, dejándola caer sobre sus hombros con un movimiento pausado. La luz del fuego reveló la persistencia de las líneas plateadas en sus muñecas, un brillo tenue pero constante que se negaba a apagarse - Temen lo que soy porque no pueden encasillarme en sus verdades estructuradas. Para ellos, los lobos son la tierra, el ciclo natural y el imperio es la luz distorsionada, el enemigo visible. Yo soy el vacío, la nada y la nada no tiene un lugar en sus canciones, ni una explicación que les devuelva la paz por las noches.
Kaelen dejó el atizador y se giró para mirarla. Sus facciones duras se suavizaron por completo perdiendo la rigidez militar y el peso del mandato que había mantenido en el claro frente a la manada. Se acercó a ella a pasos lentos y apoyó una mano firme en su hombro, sintiendo la tensión acumulada en sus músculos bajo la ropa.
- Tus canciones se escribirán a partir de mañana, Vespera - dijo con una firmeza que pretendía disipar cualquier asomo de duda - No estamos aquí para encajar en sus viejos mitos ni para pedir perdón por seguir vivos. Estamos aquí para fundar el nuevo orden que nos permita sobrevivir a lo que viene. La Ciudad de Plata ha caído, sí, pero las Siete Torres tenían aliados comerciales y pactos de sangre, otras facciones no tardarán en notar el silencio sepulcral del Consejo de magos.
Jarek se acercó a la mesa de pino, desplegando con un golpe seco un mapa de cuero curtido que mostraba las intrincadas fronteras del territorio de Blackwood y las vastas tierras desconocidas que se extendían más allá de la estepa.
- El Alfa tiene razón en eso, Vespera - señaló el sublíder, apoyando ambas manos sobre la madera y apuntando con el dedo hacia el este del mapa - Los reinos del mar y las baronías del carbón dependían por completo de los milagros alquímicos y los cargamentos que salían de la Ciudad de Plata. Cuando descubran que los báculos sagrados han sido destruidos, que los altos magos son ceniza y que una fuerza desconocida y ajena a la luz controla el norte, no se quedarán mirando, enviarán espías para medir nuestro tamaño y ejércitos para reclamar los restos del imperio.