Sangre Proscrita. El Trono de los Lobos

Conspiración en la penumbra

Mientras el Alfa y su compañera encontraban un momento de tregua en la espesura del bosque, en una de las cabañas más apartadas del sector norte del campamento, la luz de una sola vela de sebo iluminaba tres rostros sombríos.

Torin permanecía sentado en un taburete bajo, con su bastón de roble apoyado contra sus rodillas. Frente a él, Hokan y una mujer de mediana edad llamada Kara, líder de la facción de los curtidores y madre de dos guerreros que no habían regresado de la última campaña, escuchaban con atención.

  • Kaelen está cegado por el poder - susurró Hokan, golpeando la mesa con el puño cerrado - Ha traído devuelta a la aberración a nuestras tierras y pretende que la tratemos como a una reina. Habéis visto sus ojos, no hay nada humano en ella. Ni siquiera hay un lobo. Es un cascarón vacío que utiliza la magia del imperio para controlarlo.
  • La manada está dividida - añadió Kara, con la voz rota por el resentimiento - Los jóvenes regresaron hablando de milagros oscuros, de cómo los muros de la Ciudad de Plata se abrieron como arcilla ante sus manos. Tienen miedo de ella pero lo confunden con devoción. Si permitimos que se quede, el próximo invierno no habrá cachorros sanos. La presencia del Abismo agria la leche de las madres y debilita el espíritu de los jóvenes en su primera transformación.

Torin levantó la mano, imponiendo silencio con un solo gesto. Sus ojos nublados reflejaban la llama temblorosa de la vela.

  • Las leyes de sangre no pueden romperse a la ligera - dijo el viejo anciano con voz pausada - Kaelen es el Alfa legítimo. Desafiarlo en un combate abierto en el claro sería un suicidio, su lobo es más grande y fuerte que cualquiera de nuestros guerreros y ahora está alimentado por la marca que ella le dio. No podemos vencerlo por la fuerza bruta.
  • ¿Entonces qué propones, Torin? - preguntó Hokan - ¿Ver cómo destruyen todo lo que nuestros ancestros construyeron
  • Debemos mostrarle a la manada la verdadera naturaleza del peligro - respondió Torin, esbozando una sonrisa siniestra que mostraba sus dientes gastados - El bosque tiene sus propios guardianes. En el Valle de las Piedras Lloronas, las antiguas runas de contención aún permanecen intactas. Si logramos atraer a la paria hacia ese lugar, la magia ancestral de Blackwood reaccionará ante su vacío. El bosque mismo la atacará para purgar la infección. Cuando Kaelen vea que la tierra rechaza su carne, no tendrá más opción que ejecutarla él mismo para salvar a la manada o exiliarse con ella.

Kara se inclinó hacia delante, interesada.

  • ¿Y cómo la llevaremos allí? No es una tonta. No camina sola sin que los guardias de Kaelen o el mismo Alfa la sigan.
  • No necesitaremos llevarla por la fuerza - explicó Torin - Usaremos su propia curiosidad. Ella busca respuestas sobre lo que es, cree que controla el Abismo, pero el Abismo solo la está usando como un canal. Le haremos llegar la información de que en las Piedras Lloronas se encuentra el registro del primer portador del vacío que pisó el norte. Ella irá y cuando lo haga, el bosque dictará la sentencia que Kaelen se negó a pronunciar.




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