Las raíces de piedra se lanzaron hacia delante con la velocidad de serpientes de cascabel, Kaelen reaccionó instantáneamente, desenvainando su espada pesada y cortando la primera andanada con un golpe limpio que despidió chispas de la roca. Su transformación parcial comenzó a manifestarse, sus colmillos se alargaron y sus garras perforaron el cuero de sus guanteletes mientras se posicionaba delante de Vespera.
El círculo de piedras lloronas comenzó a cerrarse físicamente, los menhires se deslizaron sobre la roca madre como si fueran piezas de un ajedrez gigante, atrapando a Kaelen y a Vespera en un espacio cada vez más reducido. Un campo de fuerza mística, una barrera de energía espiritual pura, se levantó entre ellos y la vanguardia de Jarek, impidiendo que los guerreros de la cresta pudieran descender a ayudarlos.
Vespera sintió que la presión aumentaba, la magia de las piedras no intentaba herir su cuerpo directamente estaba atacando la fuente de su poder, intentando succionar la oscuridad de su pecho para dispersarla en la tierra. Era una sensación de vacío absoluto, un dolor sordo que la obligó a caer de rodillas, apretándose el esternón con ambas manos y haciendo que respirará con dificultad.
El Alfa extendió su brazo marcado por el Abismo. Las runas moradas de su piel comenzaron a brillar, conectándose con el pulso plateado de Vespera. Al unirse las dos energías, una onda de choque de color violeta y plata se expandió desde el centro del anfiteatro, agrietando la superficie de los menhires más cercanos.
Torin tambaleó, perdiendo el equilibrio por un segundo, pero mantuvo el bastón en alto.