Sangre que regresa.

Capitulo II

Damon Salvatore no cree en coincidencias.

Damon Salvatore se quedó quieto apenas cruzó el umbral de la casa.

No necesitó verla para saberlo.
El aire estaba distinto. Viejo. Cargado.

—Sal —dijo, sin levantar la voz.

Lyra Whitmore bajó el último escalón con calma, como si ese lugar todavía le perteneciera.

—Sigues recibiendo mal a las visitas —respondió—. Algunas cosas no cambian.

Damon levantó la vista.

Por un segundo —solo uno— su expresión se quebró. Luego volvió esa sonrisa torcida, peligrosa, la que usaba cuando algo le incomodaba de verdad.

—Esto no puede estar pasando —murmuró—. Te fuiste.

—No —corrigió Lyra—. Tu te fuiste de mí.

Stefan observaba en silencio, tenso, con la mano apenas más cerca de lo normal de donde guardaba la estaca.

—¿Quién es ella? —preguntó al fin.

Damon no respondió enseguida.
Eso ya era una respuesta.

—Nadie que te incumba —dijo finalmente—. Y definitivamente alguien que no debería estar en Mystic Falls.

Lyra ladeó la cabeza, divertida.

—¿Todavía te creés el guardián del pueblo?

Damon dio un paso al frente.

—Escuchame bien —dijo, bajando la voz—. Lo que sea que vengas a hacer, no va a pasar. Este lugar ya tiene suficientes problemas.

Lyra sostuvo su mirada sin pestañear.

—¿Ese es el discurso que le das a todas las vampiras que creaste y abandonaste?

Silencio.

Stefan frunció el ceño.

—Damon… —dijo con cuidado—. ¿La conocés?

—Demasiado —respondió él, sin mirarla.

Lyra se giró hacia Stefan por primera vez.

—No es tu culpa no reconocerme —dijo—. Yo soy de la época en la que tu hermano no respondía ante nadie. Ni siquiera ante ti.

Eso fue lo que hizo que Stefan se tensara de verdad.

Damon apretó la mandíbula.

—Ella es un problema —dijo—. Y no pienso dejar que se quede.

—No puedes echarme —respondió Lyra con calma—. No cuando la razón por la que existo… eres tú.

Damon la miró como si evaluara opciones que no le gustaban.

Porque lo sabía.
Si intentaba deshacerse de ella, algo se rompería.
Y si la dejaba quedarse… Mystic Falls nunca volvería a ser simple.

—Esto no termina bien —dijo al fin.

Lyra sonrió apenas.

—Nunca lo nuestro lo hizo.




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