Sangre Real

Capítulo 4

Todo pasa muy rápido y antes de poder moverme un golpe aterriza sobre la cabeza de la empleada.

—Ya basta, voy a hacerme pipí. —Me congelo y observo a la empleada quejarse de dolor mientras se sostiene la cabeza. Iliana salta en la cama riendo mientras sostiene en alto su espada de madera—. Moriste, ahora debes pagar. ¡Yo gané, sí! —exclama saltando en su cama.

No me muevo, no pienso y mucho menos respiro.

—¡Natasha, volviste! —dice notando mi presencia y se lanza de la cama para abrazar mis piernas. El calor de su cuerpo me hace reaccionar.

—Iliana, ¿qué haces? —pregunto observando a la empleada hecha un desastre en el piso, pero sonriendo.

—Solo jugábamos, alteza. La princesa estaba muy aburrida —explica la chica que ahora reconozco—. Pensamos que volvería más tarde —dice poniéndose de pie. Parpadeo y llevo mi mirada a mi hermana menor. Me observa confundida desde abajo

—¿Te pasa algo? —pregunta tomando mi mano—. Estás helada. ¿Por qué estás tan mojada y... sucia? —pregunta y mi mente se aclara.

Reacciona.

Respiro hondo y suspiro sintiendo mi cuerpo pesado, mis rodillas parecen de gelatina.

—Sí, la tormenta nos tomó por sorpresa en el camino —respondo viendo por primera vez el escenario.

Nada parecía peligroso en su habitación. Su cama estaba desordenada por el juego. Su ventana estaba abierta y la mesita de la esquina estaba llena de comida apenas tocada.

—Llamaré a sus criadas, alteza. Ha sido un día largo —dice la chica acercándose. No respondo mientras la veo salir haciendo una reverencia. Cierra la puerta, pero esta no tarda en abrirse nuevamente mostrando a una despeinada Carissa y a una muy acalorada Madelline.

—Demonios, ni siquiera notaste que me caí del maldito grifo —se queja Carissa y noto su ropa empapada y llena de lodo—. ¿Qué demonios te pasa? —cuestiona viendo a su alrededor.

—¿Iliana está todo bien? —pregunta Madelline agachándose a su altura. Iliana asiente confundida. Madelline me lanza una mirada interrogativa, pero mi lengua parece haber dejado de funcionar—. Bien, entonces voy a cambiarme y regreso. ¿Por qué no llevas a tu hermana a su habitación? Está muy cansada —dice en dirección a mi hermana menor y suspiro, pero un suspiro lleno de todas las emociones vividas.

—Ya basta, estoy bien. Solo... —Exhalo llenando de aire mis pulmones. Me agacho también porque mis piernas parecen estar ya muy cansadas—. Iliana, ¿está todo bien? ¿Ha pasado algo que debamos contarme? —pregunto dándole una mirada significativa que ella entiende muy bien.

—Está todo bien —dice, pero palidece un poco—. ¿Ha pasado algo que deba saber? —pregunta y mira hacia la puerta—. ¿Mamá ya regresó? —niego con la cabeza compartiendo su sentimiento y me pongo de pie alzándola conmigo.

—Madelline. Iré a mi habitación. Por favor, que nadie nos moleste y tráeme algo de comer —ordeno y asiente poniéndose de pie—. Y otra cosa —señalo hacia la cama de Iliana—. Llévatela y mira que no me meta en problemas. —Carissa se había quedado dormida en minutos. ¿En qué momento creí que era buena idea dejarla venir conmigo? Madelline asiente caminando hacia ella.

Salgo de la habitación con el cuerpo tembloroso. Cargar a una niña de siete años que pesa casi sesenta libras mientras estoy tan cansada no fue una gran idea, pero la aprieto contra mí mientras camino a la seguridad de mi habitación. Salgo del pasillo y me dirijo de nuevo a la sección anterior, al pasillo más apartado de todos donde una puerta doble se abre en cuanto me acerco. Veo a Hilda, que parece habernos alcanzado, deslizarse sobre la pared a mi lado y me calma saber que ella se encargará de revisar la habitación. Entro a la oscuridad de mi habitación y una de las luces mágicas se enciende iluminando un poco el camino.

El silencio de la habitación es reconfortante. Me muevo hacia la cama y dejo caer a Iliana en el centro de la enorme cama conmigo a su lado.

—Ay, me aplastas —se queja empujándome a un lado. Suspiro sintiendo la humedad de mi cara.

—Hilda, ve con Sampson, por favor —era una orden, pero necesitaba que se fuera. Espero unos segundos y luego la siento deslizarse fuera de la habitación, dejándonos completamente solas.

Por fin. Me siento en la cama mirando al techo, mi cuerpo temblando por varias razones que me negaba a admitir, pero, sobre todo...

—Natasha —llama Iliana y la siento sentarse a mi lado—. Lo que dijiste antes, ¿pasó algo malo? —pregunta y cierro los ojos antes de volverme hacia ella.

—Sí —no le miento. Aprendí a las malas que es mejor que ella sepa cuándo debe estar alerta—. Pero no es tan importante. Al parecer exageré la situación —agrego acariciando su cabeza. Sus ojos brillan con entendimiento y muerde su labio inferior.

—Está bien —dice y por primera vez en todo el día me permito sentir dolor, dolor por ella. Iliana, mi pequeña hermana que a su edad ya conoce la maldad de primera mano. El motivo por el cual quedarme aquí sería mala idea.

—Dormirás aquí hasta que me vaya —le digo—. Luego te irás con Sasha hasta mi regreso —indico y ella asiente, ya conociendo la rutina—. No te preocupes —la tranquilizo viendo cómo su mente trabaja y me repito que es necesario que ella esté alerta—. Una vez me vaya y arregle todo no habrá peligro. Te estarán vigilando y cuando vuelva tú y yo nos iremos de vacaciones —menciono las vacaciones que llevábamos planeando desde hace meses. Sonríe al escuchar eso y asiente relajando su cuerpo. Bien.

—Me iré a dar un baño, Madelline traerá la comida. La puerta sabrá que es ella —le digo cuando me mira nerviosa.

—Que hayas puesto tanta protección en tu habitación me pareció algo exagerado al inicio —dice viendo fijamente la puerta—. Ahora me doy cuenta de que tenías razón.

Asiento demasiado cansada como para explicar lo mismo de todos los días.La dejo en la cama mientras me dirijo al baño. Una vez adentro retiro el pesado vestido y lo tiro al suelo del baño quedando completamente desnuda. Chasqueo los dedos y la tina empieza a llenarse por el agua que sale de la pared.



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En el texto hay: amor, distopico, magia arcana

Editado: 27.03.2026

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