Sangre Real

Capítulo 5

—Porque pronto seremos una gran familia.— Esta vez es Thanos quien hace el brindis

—Llénala. — Se lo ordeno a Madelline, sentada a mi lado.

Los meseros aparecen con varias charolas de oro. Madelline se detiene a revisar cada una con la concentración de una verdadera catadora antes de permitir que me sirvan. Finalmente colocan un enorme pez de piel azulada frente a mí, y reprimo la arcada que me invade al ver sus ojos.

Ojos grises y vacíos.

Muerto.

—Es bueno que hayan venido. No solo reforzamos el compromiso de nuestros hijos, sino que también nos acostumbramos a la convivencia —comenta mi padre mientras lleva el primer bocado a su boca.

—Así es. Las personas ya hablan de que la fecha del matrimonio se ha pospuesto demasiado.

Vanessa se tensa en su asiento. Desde que los "adultos" decidieron el tema de conversación no ha hecho más que mirar su plato fijamente, llevando de vez en cuando algún bocado a la boca.

Gael, por su parte, parece demasiado ocupado intentando no perder la cordura con sus padres en la mesa.

Observo todo desde detrás de mi copa. Un asiento de primera.

—Natasha, ¿tienes algo que decir sobre lo sucedido hoy? —pregunta Meliá, masticando como si alguien pudiera arrebatarle el plato—. Escuché cosas interesantes al respecto.

Nereida.

La observo un momento y lanzo una rápida mirada a mi padre. Come su pescado con calma, aunque aprieta demasiado el tenedor. Sé hacia dónde se dirige esta conversación incluso antes de responder.

El caso de Nereida se había clasificado como homicidio relacionado con un asunto amoroso. Si me permitiera pensar en ello, diría que el crimen era mucho más que una simple venganza. Podría considerarse de nivel uno por el tipo de magia utilizada.

Pero me niego a gastar energías en algo que no me corresponde.

—Supongo que fue una venganza muy bien trabajada.— Lo suelto sin más mientras mastico el primer trozo de pescado.Qué asco.

Meliá me observa, sorprendida por mi respuesta.

Mamá no va a creerse esa basura de la venganza. — La voz de Gael invade mi mente y despierta un suave dolor en mi sien. Maldito bastardo.

—¿Venganza? —Meliá frunce el ceño—. Juraría que dirías algo diferente. Usaron el Sinnome en ella, ¿no?— En la otra cabecera de la mesa alguien me lanza una mirada que no logro identificar.

—Supongo que Apolline se encargará de indagar más en el caso —respondo—. Solo fui allí porque Nereida era una soldado de Aclhys. Mi padre consideró que nuestra presencia como familia real no debía faltar.

Lo miro y él asiente.

—Natasha ha estado siguiéndole la pista a un asesino por orden de Jamael —interviene mi padre, haciendo referencia al maldito bastardo que me dio tanto trabajo hace dos semanas—. Creí que también podría tener relación con el caso, pero en su reporte Nat indica que no encontró ninguna.

Continúa comiendo como si nada.

Pero el resto de la mesa guarda silencio ante la revelación. Asiento con indiferencia y me lleno la boca de comida. Vanessa y Gael se observan entre sí como si...

—Yo sugerí que se investigara más al respecto.— Eli da un repentino golpe en la mesa. El sonido me toma por sorpresa y me atraganto con la comida, escupiendo casi todo al suelo.

—Insisto, nadie usa el Sinnome por una infidelidad —continúa, efusiva, mientras yo bebo el vaso de agua que Madelline me alcanza—. Vanessa piensa igual. El caso no debió quedar allí sin más.

Mi padre le lanza una mirada clara de cállate ya, pero Eli no parece percatarse. Busca a Vanessa con la mirada, esperando apoyo.

—Sí... creo que sí —responde Vanessa con inseguridad—. Pero el general... el general se la llevó.— Casi lo susurra.

Madelline me entrega una servilleta. Aprovecho para lanzar una mirada a Carissa, que parece a punto de morir de aburrimiento entre su madre y Gael.

—Me sorprende que ustedes dos hayan ido a ese lugar —comenta Meliá. Su tono suena cualquier cosa menos sorprendido.

—Es increíble. Nuestras princesas una vez más demuestran su valía —declara Thanos, como si realmente lo creyera. Abro la boca para responder, pero un intenso mareo me deja las palabras atrapadas en la garganta.

El mundo se inclina durante un instante. Cierro los ojos esperando que pase.

Mis sentidos se nublan. Los sonidos se distorsionan por un momento y lo único que percibo con claridad es el desagradable sabor del pescado en la boca. Aprieto los labios para contener la arcada.

¿Náuseas y mareos?

Cuenta hasta tres. Cuenta hasta tres.

Respiro hondo, lo más disimuladamente posible. Cuando abro los ojos, la luz del salón se ha vuelto insoportablemente brillante. Me inclino un poco hacia mi padre y le toco suavemente el brazo.

—¿Crees que puedo retirarme? En verdad estoy muy cansada.

Le hablo lo más bajo posible mientras Eli explica las mil y una implicaciones de ignorar el homicidio de Nereida.

—No. Debes estar aquí.—No ofrece ninguna explicación. Solo limpia su boca con la servilleta.

—No creo que me nece...

—Dije que no —corta mi padre sin siquiera mirarme.

Lanzo un largo suspiro y me dejo caer contra el respaldo de la silla. Iliana posa su pequeña mano sobre mi pierna y me observa con cierta preocupación mientras mastica un trozo de zanahoria.

—Aun así, no explica por qué alguien realizaría un hechizo que le cuesta la vida —señala Meliá, con el tono paciente que se usa con una niña que se niega a entender.

Sonrío al ver a Eli quedarse sin argumentos.

—Creo que será mejor cambiar de tema —propone Gael, alzando la voz por primera vez—. No hay por qué indagar más en un caso que tiene toda la pinta de haber sido causado por los marginados.— Lo dice entre dientes. Enarco las cejas mientras intento ignorar las náuseas.

¿A esa conclusión había llegado? Los marginados no mataban a menos que fuera en defensa propia.

—Tu odio hacia los marginados parece estar cegándote...



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En el texto hay: amor, distopico, magia arcana

Editado: 27.03.2026

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