Esa noche, el viento soplaba fuerte alrededor de la casa de Martín. Las ramas de los árboles golpeaban suavemente la ventana de su habitación. Él no podía dormir. No sabía por qué, pero desde la excursión al bosque tenía una sensación rara, como si algo lo estuviera observando.
Se levantó de la cama y miró por la ventana. El bosque estaba oscuro, casi negro, iluminado solo por la luz de la luna.
De repente…
CRACK.
Un ruido vino del jardín.
—¿Un animal? —murmuró Martín.
La curiosidad pudo más que el miedo. Bajó las escaleras en silencio, abrió la puerta trasera y salió al jardín.
El aire estaba frío.
—¿Hola? —susurró.
Entonces lo vio.
Entre los árboles, algo se movió muy rápido. Martín apenas pudo distinguir una figura oscura que parecía mirarlo.
Antes de que pudiera reaccionar, la sombra saltó hacia él.
Martín sintió un pinchazo fuerte en el cuello.
—¡Ah! —gritó.
Todo ocurrió en segundos. La figura desapareció otra vez entre los árboles, dejando a Martín en el suelo.
Se llevó la mano al cuello. Le dolía y sentía el corazón latiendo muy rápido. Poco a poco, el cansancio lo invadió.
—¿Qué… fue eso…? —susurró.
Todo se volvió borroso.
A la mañana siguiente, Martín despertó en su cama. No recordaba cómo había llegado allí.
Se levantó lentamente.
—Qué raro…
Fue al baño y se miró al espejo.
Primero no vio nada extraño… pero entonces notó dos pequeñas marcas en su cuello.
—¿Una picadura…?
Durante el desayuno empezó a sentirse raro.
Los sonidos parecían más fuertes. Podía escuchar el reloj de la cocina, el ruido de un coche pasando por la calle… incluso un perro ladrando a varias casas de distancia.
—¿Desde cuándo oigo tan bien? —pensó.
En el instituto pasó algo todavía más extraño.
En la clase de educación física, Guillermo estaba corriendo como siempre. Martín decidió correr también… y de repente lo alcanzó fácilmente.
Guillermo se detuvo sorprendido.
—¡Oye! ¿Desde cuándo corres tan rápido?
Martín también estaba confundido.
—No lo sé…
En ese momento Pablo lo miró fijamente. Su expresión cambió, como si hubiera entendido algo.
—Martín… —dijo en voz baja—. Ven conmigo un momento.
Salieron al patio vacío.
Pablo miró las marcas en el cuello de Martín.
—¿Te pasó algo anoche?
Martín dudó un segundo.
—Creo… que algo me mordió.
Pablo le miró con una mirada preocupada.
—Martín —dijo Guillermo lentamente—… hay algo que deberías saber.
Pablo respiró hondo.
—Creo que te estás convirtiendo en vampiro.
Martín se quedó congelado.
—¿Qué…?
En ese momento sintió algo extraño en la boca. Se llevó la mano a los labios… y notó que dos dientes se estaban volviendo más largos.
El corazón empezó a latirle muy fuerte.
—No puede ser…
Pablo lo miró con seriedad.
—Si tengo razón… esta noche será cuando todo cambie.
Y lo peor era que no sabían quién lo había mordido.
Editado: 07.06.2026