Martín seguía mirando sus manos, todavía en shock por lo que estaba pasando. Sentía todo más intenso: los sonidos, los olores… incluso la luz del sol parecía más fuerte.
En el patio del instituto, Pablo lo observaba con mucha atención.
—Martín… necesito hablar contigo a solas —dijo en voz baja.
Guillermo los miró un momento, confundido.
—¿Qué pasa?
—Nada… luego te explicamos —respondió Pablo.
Los dos se alejaron hacia la parte trasera del patio, donde casi nadie iba. Había una valla vieja y algunos árboles que daban sombra.
Pablo se quedó en silencio unos segundos.
—Primero… mírame a los ojos.
Martín lo hizo… y entonces lo notó.
Los iris de Pablo eran amarillos. No de un amarillo normal, sino de un tono brillante, extraño.
—¿Tus ojos…? —dijo Martín.
Pablo suspiró.
—Porque yo también soy un vampiro.
Martín se quedó quieto.
—Entonces… lo que me está pasando…
—Sí —respondió Pablo—. Es lo mismo que me pasó a mí hace años.
Martín bajó la mirada hacia el suelo.
—Pero… ¿quién me mordió?
Pablo tardó unos segundos en responder.
—Fui yo.
Martín levantó la cabeza de golpe.
—¿¡Qué!?
—Escucha —dijo Pablo rápidamente—. No fue para hacerte daño.
Martín lo miraba sin entender nada.
Pablo continuó:
—Ayer en el bosque… algo nos estaba observando. No era un animal. Era otro vampiro. Uno peligroso.
Martín recordó la sombra entre los árboles.
—Si él te hubiera mordido… habrías terminado muy mal —explicó Pablo—. Algunos vampiros no controlan su instinto.
—¿Y tú sí? —preguntó Martín.
Pablo asintió.
—Sí. Yo aprendí a controlarlo. Y si yo te convertía… podía asegurarme de que sobrevivieras al cambio.
Martín respiró hondo.
—O sea… ¿me convertiste para protegerme?
—Exacto.
Hubo un momento de silencio.
—¿Por qué yo? —preguntó Martín.
Pablo se encogió de hombros ligeramente.
—Porque eres mi amigo.
Martín no sabía si enfadarse o agradecerle.
Entonces sintió algo raro otra vez.
—Pablo…
—¿Qué pasa?
—Mis ojos… me arden un poco.
Pablo lo miró fijamente.
—Eso significa que está empezando.
Martín se acercó a una ventana del edificio para mirarse en el reflejo.
Sus iris ya no eran del mismo color.
Se estaban volviendo amarillos.
Martín respiró hondo.
—Entonces… ya soy uno de vosotros.
Pablo sonrió un poco.
—Todavía estás empezando.
En ese momento, Guillermo apareció corriendo hacia ellos.
—¡Oye! —dijo—. Algo raro está pasando en el bosque.
Pablo frunció el ceño.
—¿Qué viste?
Guillermo señaló hacia las montañas.
—Anoche alguien… o algo… destrozó varios árboles.
Pablo y Martín se miraron.
Pablo habló muy serio.
—Entonces no se ha ido.
Martín tragó saliva.
—¿Quién?
Pablo respondió:
—El vampiro que te estaba cazando.
Y ahora… sabía que no estaba solo.
Editado: 07.06.2026