Sangre y luna, parte 1, libro 1.

Capítulo 7: Sin control

El día estaba nublado cuando salieron del instituto. El aire era frío y la calle frente al edificio estaba casi vacía.

Martín caminaba rápido, intentando alcanzar a Guillermo.

—¡Guillermo! ¡Espera! —gritó.

Guillermo se detuvo al otro lado de la acera, pero no parecía contento de verlo.

—¿Qué quieres? —dijo con frialdad.

Pablo se quedó unos pasos atrás, observando.

Martín respiró hondo.

—No quiero que terminemos así. Somos amigos.

Guillermo negó con la cabeza.

—Éramos amigos.

Esas palabras le dolieron más de lo que esperaba.

—Sigo siendo el mismo —insistió Martín.

Guillermo soltó una pequeña risa amarga.

—Claro… el mismo chico que casi pierde el control con un poco de sangre.

Martín apretó los puños.

—¡Te dije que no fue así!

—Lo vi —respondió Guillermo—. Y no pienso esperar a ver cuándo atacas a alguien.

Martín sintió que la rabia empezaba a subir.

—¡Nunca haría eso!

—Eso dicen todos los monstruos.

Las palabras golpearon fuerte.

Martín dio un paso adelante.

—¡Deja de llamarnos así!

Guillermo se acercó también.

—¿O qué?

El corazón de Martín empezó a latir rápido. Demasiado rápido.

Todo se volvió más intenso: los sonidos de los coches lejanos, el viento, la respiración de Guillermo.

—Martín… —dijo Pablo desde atrás—. Tranquilo.

Pero ya era tarde.

Guillermo empujó a Martín en el pecho.

—Aléjate de mí.

En ese instante algo en Martín se rompió.

Sin pensar… levantó la pierna y le dio una patada.

Pero no fue una patada normal.

Fue mucho más fuerte de lo que esperaba.

Guillermo salió despedido por el aire y cruzó toda la calle, cayendo con un golpe fuerte contra el suelo del otro lado.

El silencio fue total.

Martín se quedó congelado.

—¿Qué… he hecho…?

Pablo abrió los ojos sorprendido.

—Martín…

Guillermo se levantó lentamente del suelo.

Parecía dolorido… pero no tanto como alguien normal debería estar después de algo así.

Se sacudió el polvo de la ropa.

—Ya veo… —dijo con una voz fría.

Martín dio un paso hacia él.

—Guillermo, yo no quería—

—No te acerques —lo interrumpió.

Guillermo lo miró fijamente.

—Acabas de demostrar exactamente lo que pensaba.

Martín bajó la mirada.

Pero entonces Guillermo añadió algo más, con una expresión seria.

—Aunque… hay algo curioso.

Martín levantó la cabeza.

—¿Qué?

Guillermo flexionó el hombro, como comprobando si estaba bien.

—Esa patada debería haberme dejado mucho peor.

Pablo entrecerró los ojos.

—¿Qué estás diciendo?

Guillermo miró a los dos.

—Que quizá… yo tampoco soy tan normal como creéis.

Martín frunció el ceño.

—¿Cómo?

Guillermo señaló hacia el bosque cercano al pueblo.

—Porque si lo que está ahí fuera viene a por vosotros…

Hizo una pausa.

—Tal vez yo sea el único que pueda plantarle cara.

Y sin decir nada más, se marchó caminando hacia el bosque.



#1192 en Fantasía
#1602 en Otros
#71 en Aventura

En el texto hay: vampiros, hombres lobo, sangre.

Editado: 07.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.