Al día siguiente en el instituto, Guillermo se acercó a Martín con el ceño fruncido. Sus ojos amarillos brillaban con mezcla de frustración y molestia.
—¿Qué te pasa, Guillermo? —preguntó Martín, intentando sonar tranquilo.
—Lo de ayer… —comenzó Guillermo, señalando la dirección donde habían destrozado al vampiro enemigo—. No podías simplemente matarlo. No es así como hacemos las cosas. Hay reglas, Martín. Y tú… lo rompiste todo.
Martín se cruzó de brazos, intentando mantener la calma.
—No había otra opción. Si no lo destruía, habría seguido atacando.
Guillermo negó con la cabeza, claramente molesto.
—Eso no es excusa. Tenías que controlarte. Ahora las cosas se complican para todos.
Pablo, que estaba a un lado observando la discusión con expresión seria y fría, no intervino. Martín miró a su amigo y vio en sus ojos ese distanciamiento calculador que tanto lo caracterizaba.
—Siempre juntos, como un equipo —susurró Martín—. Pero parece que a veces eso no basta…
Más tarde, mientras caminaban por el patio, ambos notaron algo que no pudieron ignorar. Varias chicas de su clase miraban a Guillermo y Dario, susurrando entre ellas y sonriendo cada vez que los veían pasar. Algunas incluso corrían para intentar acercarse a ellos, claramente interesadas.
—¿Has visto eso? —preguntó Martín a Pablo, señalando a los dos.
Pablo observó a Guillermo y Dario con su típica frialdad.
—Sí. Les gustan… y lo saben. Pero no se nota que les importe mucho. Mantienen la distancia. Eso las vuelve más curiosas.
Martín suspiró, un poco celoso y frustrado.
—No entiendo cómo pueden ser tan distantes. Todo el mundo los persigue, y ellos ni se inmutan.
Pablo encogió los hombros, con la mirada fija en Guillermo.
—Eso es poder. Mantener el control. Aprenderemos a hacer lo mismo algún día.
Martín miró al cielo, sintiendo la tensión creciente entre ellos. Las dinámicas entre los cuatro se complicaban, y aunque él y Pablo estaban unidos, la presencia de Guillermo y Dario, con su seguridad y distancia, hacía que todo fuera más difícil.
—Tendremos que acostumbrarnos —dijo Martín, más para sí mismo que para Pablo—. Este mundo no es fácil… y las cosas no se van a volver más simples.
Editado: 07.06.2026