Al día siguiente, Camila encontró a Martín en un pasillo del instituto. Sus ojos brillaban con nerviosismo, y su voz temblaba un poco mientras hablaba:
—Martín… necesito hablar contigo… —dijo—. Es sobre… Pablo.
Martín frunció el ceño y respiró hondo. Sabía que esto iba a pasar tarde o temprano.
—Camila… escucha. —su voz era firme—. No te acerques a él… ni a mí.
Ella lo miró sorprendida y un poco herida.
—¿Por qué? —preguntó—. Solo quería… saber si… si había alguna posibilidad.
Martín negó con la cabeza, serio.
—No hay posibilidad. No somos normales. No somos humanos como todos los demás. Si te acercas… puedes salir lastimada. No te metas en esto.
Camila tragó saliva, pero antes de poder decir algo, la campana del instituto sonó y se separaron, con Martín caminando rápidamente hacia el patio.
Esa noche, sin poder dormir, Camila decidió ir al bosque a caminar un poco para despejar la mente. No esperaba nada especial… hasta que escuchó un sonido extraño cerca del arroyo, un susurro metálico y el crujir de ramas.
Se acercó con cuidado, y lo que vio la dejó paralizada. Frente a ella estaban Martín y Pablo, en pleno entrenamiento en la oscuridad. Sus ojos brillaban amarillos, y la luna iluminaba sus movimientos ágiles y veloces. El aire parecía vibrar con su presencia.
—No puede ser… —susurró Camila, retrocediendo un poco—. ¿Qué… qué son?
Martín y Pablo se giraron al mismo tiempo, percibiendo inmediatamente la presencia de alguien.
—¡Camila! —exclamó Martín, alarmado—. ¡Aléjate de aquí!
—¿Qué… qué os pasa? —dijo ella, temblando—. Vuestros ojos… son amarillos… y os movéis demasiado rápido…
Pablo dio un paso adelante, con la frialdad que siempre lo caracterizaba, pero con un toque de preocupación.
—Te dije que no te acercaras. Esto no es un juego. No eres parte de este mundo, y si sigues aquí… puedes salir lastimada.
Camila respiró hondo, comprendiendo finalmente la verdad.
—Vosotros… sois… vampiros —susurró.
Martín asintió, con seriedad.
—Sí. Esto cambia todo para ti. Por eso te advertí. No te acerques a nosotros ni a Pablo.
Camila bajó la mirada, sintiendo miedo, pero también fascinación.
—Lo entiendo… —dijo—. Pero… no puedo dejar de preocuparme por Vosotros.
Pablo suspiró, como si aceptara la verdad de su mundo, mientras Martín lo miraba con severidad.
—Preocuparse está bien… pero eso no significa que debas acercarte más. Este mundo no es seguro.
Camila asintió, aunque su corazón latía con fuerza. Sabía que algo había cambiado para siempre: ya conocía el secreto de Martín y Pablo, y eso significaba que su vida también estaba atrapada, aunque solo un poco, en la oscuridad que ellos habitaban.
Editado: 07.06.2026