Sangre y luna, parte 1, libro 2.

Capítulo 3: primer peligro.

La tarde estaba tranquila en el instituto, y Blanca caminaba por el patio, revisando sus libros mientras pensaba en lo extraño que era Pablo y en los misterios que lo rodeaban.

De repente, el rugido de una moto rompió la calma. Un compañero del instituto perdió el control de su vehículo y se dirigía directamente hacia ella.

—¡Cuidado! —gritó Blanca, retrocediendo instintivamente.

El corazón le latía a mil por hora, y el pánico empezó a subir. Justo cuando parecía que iba a ser arrollada, una figura apareció frente a ella, bloqueando el camino de la moto.

Con un rápido y preciso movimiento, el chico misterioso golpeó la rueda de la moto con un solo manotazo, haciendo que la moto derrapara y se detuviera sin causar daño.

Blanca quedó paralizada un instante. El chico estaba muy cerca de ella ahora, y lo primero que notó fue algo extraño: su piel estaba helada al tacto, como si la temperatura a su alrededor descendiera.

—¿Quién… eres tú? —preguntó Blanca, sorprendida y un poco asustada.

El chico no dijo nada. Solo la miró con sus ojos intensos y amarillos, transmitiendo una mezcla de poder y peligro contenido. Sin moverse, se retiró unos pasos, devolviendo la distancia.

Blanca respiró hondo, tratando de calmarse, y una mezcla de miedo y fascinación se instaló en ella. Algo le decía que estos chicos misteriosos no eran normales, y que su llegada al instituto marcaría un cambio que no podría ignorar.




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