Tras el incidente de la moto, Blanca no podía dejar de pensar en el chico que la había salvado. Había algo en él que la hacía sentir segura… y, al mismo tiempo, intrigada.
Al día siguiente, mientras caminaba por el patio, lo vio apoyado contra la pared del instituto, con esa actitud tranquila pero atenta. Decidió acercarse.
—Hola… —dijo Blanca, un poco nerviosa—. Gracias por lo de ayer… me salvaste la vida.
El chico sonrió levemente, y por primera vez, sus ojos mostraron calidez.
—No hay de qué —respondió—. Me llamo Martín.
Blanca frunció el ceño, curiosa.
—Martín… ¿eh? Eres muy diferente de ese otro chico… el de ojos amarillos. Él parece… tan frío.
Martín rió suavemente, casi como si entendiera la comparación.
—Sí, bueno… hay personas que nacen para estar lejos de todos, y otras que simplemente… no pueden evitar acercarse.
Blanca reunió valor y preguntó lo que había estado pensando desde hacía unos días:
—¿Quieres… ir al cine conmigo este fin de semana?
Martín levantó una ceja, con una sonrisa divertida.
—Depende… ¿qué película?
—¡Es de acción! —respondió Blanca con entusiasmo—. Mucha aventura, explosiones, peleas… todo lo que a ti te gusta.
Martín sonrió ampliamente, con un brillo travieso en sus ojos.
—Accedido. Acción, dices… eso sí que puedo disfrutar.
Blanca sintió un pequeño cosquilleo de emoción. No solo había conseguido que él aceptara, sino que además su personalidad alegre y confiada era un contraste perfecto con Pablo.
Mientras se alejaba para ir a su siguiente clase, Blanca pensó:
Este instituto es extraño… pero creo que por primera vez, estoy comenzando a entenderlo un poco.
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Editado: 09.06.2026