Sangre y luna, parte 1, libro 2.

capítulo 10:La fiesta

Después de escuchar toda la historia de Camila, Blanca no podía dejar de pensar en Martín y Pablo. Ahora sabía la verdad, pero ellos seguían actuando como si nada hubiera pasado.

Unos días después, Blanca decidió hacer algo inesperado.

—Oigan… —les dijo en el patio del instituto—. Este sábado es mi cumpleaños. Voy a hacer una fiesta en mi casa. ¿Quieren venir?

Pablo la miró con esa expresión seria de siempre.

—No vamos a fiestas.

Martín, en cambio, levantó una ceja con curiosidad.

—¿Habrá música… y comida? —preguntó con una sonrisa ligera.

—¡Claro! —respondió Blanca.

Martín miró a Pablo.

—Podríamos ir un rato.

Pablo suspiró, como si supiera que discutir era inútil.

—Un rato.

La casa de Blanca estaba llena de gente, música y risas. Globos, luces de colores y una mesa llena de comida llenaban el salón.

Martín parecía sorprendentemente cómodo, observando todo con curiosidad. Pablo, en cambio, estaba apartado cerca de una pared, vigilando la sala en silencio.

Blanca se acercó a ellos.

—¿Ven? No es tan terrible.

Martín sonrió.

—He visto cosas peores.

Pablo no respondió.

De repente, un niño pequeño que corría por el salón resbaló en el suelo.

¡PUM!

El niño cayó y se golpeó la rodilla contra una mesa.

Un segundo después…

la sangre empezó a salir.

No era mucha, pero el olor se extendió por la habitación.

El tiempo pareció detenerse.

Blanca miró primero al niño… y luego a Martín y Pablo.

Martín se quedó completamente quieto.

Sus ojos estaban abiertos, como si algo dentro de él hubiera despertado.

Pablo, en cambio, apretó los dientes y apartó la mirada inmediatamente.

—Martín… —dijo en voz baja.

El niño empezó a llorar.

Una madre corrió hacia él para ayudarlo, pero Blanca notó algo que nadie más veía:

Martín estaba completamente inmóvil, fascinado y tenso al mismo tiempo.

Pablo dio un paso hacia él y le susurró algo muy rápido al oído.

—Control.

Martín respiró profundamente y cerró los ojos un segundo.

Cuando los abrió otra vez, parecía haber recuperado el control.

Blanca se quedó observándolos, con el corazón latiendo fuerte.

Ahora sabía con total certeza que el secreto de Camila era real.

Y también entendió algo más:

Estar cerca de ellos significaba que situaciones como esa podían volverse peligrosas en cualquier momento.

La fiesta continuó… pero para Blanca, Martín y Pablo, la noche acababa de ponerse mucho más tensa.




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