Sangre y luna, parte 1, libro 2.

Capítulo 16: la leyenda (2ª parte)

El claro del bosque estaba en silencio.

Guillermo estaba frente a Darío y los tres vampiros. Sus manos seguían medio transformadas, las garras apenas asomando.

—No te acerques al pueblo —gruñó Guillermo.

Darío no parecía preocupado. Al contrario, parecía casi tranquilo.

—Guillermo… aún no lo entiendes.

Uno de los vampiros sonrió con colmillos afilados.

—Díselo.

Darío miró hacia la luna un segundo y luego volvió a mirar a Guillermo.

—Todo esto… no es por el pueblo.

Guillermo frunció el ceño.

—¿Entonces por qué?

Darío respondió despacio:

Por ella.

—Blanca.

El nombre quedó flotando en el aire.

Guillermo apretó los dientes.

—Si la tocas…

—No quiero matarla —lo interrumpió Darío.

Guillermo se sorprendió.

—¿Qué?

Darío dio un paso hacia él.

—Blanca es la elegida.

Los vampiros se miraron entre ellos con interés.

Guillermo negó con la cabeza.

—¿De qué hablas?

Darío explicó:

—Existe una leyenda muy antigua. Mucho antes de que existiera el pueblo.

El viento movía las ramas de los árboles.

—Habla de una chica rubia que aparecerá cuando el pueblo esté lleno de oscuridad.

Guillermo escuchaba sin moverse.

—Esa chica traerá la paz.

Guillermo respondió con sarcasmo:

—¿Y qué tiene que ver eso con vampiros?

Darío lo miró fijamente.

—Porque para que haya paz…

Hizo una pausa.

Cuatro personas especiales deben morir.

El silencio fue total.

Guillermo sintió un escalofrío.

—¿Cuatro?

Uno de los vampiros habló:

—Personas que mantienen el equilibrio actual.

Darío continuó:

—Si esas cuatro personas mueren… la guerra entre vampiros y hombres lobo terminará.

Guillermo entendió algo terrible.

—¿Y Blanca tiene que matarlos?

Darío asintió lentamente.

—La leyenda dice que solo ella puede hacerlo.

Guillermo apretó los puños.

—Estás loco.

Darío negó.

—No.

Luego dijo algo que hizo que Guillermo se quedara completamente quieto.

—Ya sabemos quiénes son dos de esas cuatro personas.

Guillermo lo miró.

—¿Quiénes?

Darío sonrió ligeramente.

—Uno de ellos…

Miró directamente a Guillermo.

Eres tú.

Los ojos de Guillermo se abrieron.

Los vampiros empezaron a reír suavemente.

Darío continuó:

—Y el otro…

Miró hacia la dirección del pueblo.

Martín.

El viento sopló más fuerte entre los árboles.

Guillermo entendió en ese instante que Blanca estaba en medio de algo mucho más grande de lo que imaginaban.

Y lo peor de todo…

Ella aún no sabía nada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.