Sangre y luna, parte 1, libro 2.

Capítulo 17: el problema del paseo

Guillermo salió corriendo del bosque.

Las palabras de Darío seguían resonando en su cabeza.

“Cuatro personas especiales deben morir…”
“Una de ellas eres tú.”
“Y otra… Martín.”

—Esto no puede estar pasando… —murmuró mientras corría hacia el pueblo.

Minutos después llegó a la casa donde estaban Pablo y Camila.

Abrió la puerta de golpe.

—¡Pablo!

Pablo estaba en el salón y se levantó sorprendido.

—¡Eh! ¿Qué pasa?

Guillermo respiraba agitado.

—Tenemos un problema muy grande.

Pablo frunció el ceño.

—¿Qué problema?

Guillermo habló rápido:

—He visto a Darío.

El ambiente cambió al instante.

—¿Darío? —dijo Pablo— Pensaba que había desaparecido.

—Está trabajando con vampiros.

Pablo abrió mucho los ojos.

—¿Qué?

Guillermo continuó:

—Y sabe algo sobre Blanca… algo de una leyenda.

Pablo se acercó.

—¿Qué leyenda?

Guillermo bajó la voz.

—Dicen que Blanca es la elegida.

Camila también empezó a escuchar desde la cocina.

—¿Elegida para qué? —preguntó Pablo.

Guillermo dudó un segundo.

—Para traer la paz al pueblo.

Pablo levantó una ceja.

—Eso suena bien.

Guillermo negó con la cabeza.

—No… porque para que pase…

Hizo una pausa.

Tiene que matar a cuatro personas especiales.

El silencio cayó en la habitación.

Pablo tardó unos segundos en reaccionar.

—Eso es absurdo.

Guillermo continuó:

—Darío dijo que ya saben dos nombres.

Pablo tragó saliva.

—¿Quiénes?

Guillermo respondió con voz seria:

—Yo.

Pablo se quedó quieto.

—¿Y el otro?

Guillermo lo miró directamente.

Martín.

Pablo soltó un suspiro nervioso.

—Esto tiene que ser una trampa.

Guillermo preguntó rápidamente:

—¿Dónde está Blanca?

Pablo respondió sin pensar demasiado:

—Salió hace un rato.

Guillermo sintió un mal presentimiento.

—¿Con quién?

Pablo contestó:

—Con Martín.

Guillermo abrió los ojos.

—¿Dónde?

Pablo se encogió de hombros.

—Dijo que iban a dar un paseo… por el bosque.

Luego añadió con media sonrisa:

—Creo que Blanca quería pasar tiempo con él.

—Le gusta.

Guillermo se quedó completamente en silencio.

El bosque.

Martín.

La chica de la leyenda.

Y Darío rondando por allí.

Guillermo se giró hacia la puerta.

—Tenemos que encontrarlos.

Pablo se levantó rápido.

—¿Por qué?

Guillermo respondió mientras salía corriendo:

—Porque si Darío también sabe que están juntos…

Miró hacia la oscuridad del bosque.

Esto puede acabar muy mal.




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