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Pablo y Guillermo corrían por el bosque.
Las ramas crujían bajo sus pies mientras avanzaban entre los árboles.
—¡Más rápido! —dijo Guillermo.
Pablo se movía a velocidad vampírica, pero su mente estaba en otra parte.
Algo no encajaba.
—Guillermo… espera.
Guillermo se detuvo.
—¿Qué pasa?
Pablo frunció el ceño.
—La historia de Darío.
—¿Qué pasa con ella?
Pablo pensó en lo que había dicho.
“Blanca debe matar a cuatro personas…”
“Uno eres tú… y otro Martín…”
De repente lo entendió.
Los ojos de Pablo se abrieron.
—No…
Guillermo lo miró.
—¿Qué?
Pablo habló rápido:
—Darío te estaba manipulando.
—¿Manipulando?
—Sí.
Guillermo frunció el ceño.
—¿Para qué?
Pablo respondió:
—Para que pensaras que Blanca era peligrosa.
Guillermo se quedó quieto.
—¿Qué?
Pablo continuó:
—Si tú crees que Blanca es la elegida que tiene que matar… podrías intentar detenerla.
Guillermo entendió poco a poco.
—Y mientras tanto…
Pablo terminó la idea.
—Darío iría directamente a por Martín.
El silencio cayó entre los árboles.
Guillermo apretó los puños.
—Entonces esto nunca fue sobre Blanca…
Pablo negó.
—No.
Miró hacia el bosque oscuro.
—Siempre fue sobre Martín.
Justo en ese momento…
oyeron un golpe enorme.
Luego otro.
Y un árbol cayó al suelo.
Guillermo miró hacia el ruido.
—Llegamos tarde.
Ambos corrieron hacia el claro.
Cuando llegaron…
se quedaron paralizados.
Los tres vampiros estaban en el suelo, derrotados.
Uno contra un árbol, otro inconsciente, otro intentando levantarse.
En el centro del claro…
Martín estaba de pie.
Respiraba tranquilo, como si no hubiera pasado nada.
Delante de él estaba Darío, herido y sorprendido.
Blanca estaba a unos metros, mirando todo con los ojos abiertos.
—Martín… —susurró.
Darío se levantó con dificultad.
—Imposible…
Martín lo miró con calma.
—Te dije que era mala idea.
Darío gruñó.
—Eres más fuerte de lo que decían.
Martín sonrió un poco.
—También más rápido.
En un instante desapareció de donde estaba.
Apareció detrás de Darío.
Lo empujó al suelo antes de que pudiera reaccionar.
Los vampiros que quedaban intentaron levantarse… pero Martín los derribó en segundos.
Cuando Pablo y Guillermo llegaron al centro del claro…
todo había terminado.
Guillermo miró alrededor.
—¿Tú hiciste todo esto?
Martín se encogió de hombros.
—Sí.
Pablo sonrió ligeramente.
—Sabía que podías con ellos.
Blanca todavía estaba sorprendida.
—Martín… ¿desde cuándo eres tan fuerte?
Martín se rascó la nuca.
—Bueno…
Miró a Pablo.
—Nunca tuve que demostrarlo.
Darío, todavía en el suelo, levantó la cabeza.
—Esto… no ha terminado…
Martín lo miró fijamente.
—Para ti sí.
El bosque volvió a quedarse en silencio.
Pero todos sabían una cosa:
Martín era mucho más poderoso de lo que cualquiera imaginaba.
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Editado: 09.06.2026