Sangre y luna, parte 1, libro 2.

Capítulo 20: Disco party

Esa noche, Blanca estaba emocionada.

Había convencido a sus amigas de ir a una discoteca del pueblo. Las luces parpadeaban, la música retumbaba y el ambiente era vibrante.

—¡Blanca! ¿Seguro que podemos traer a tus “misteriosos chicos”? —preguntó una amiga, con una mezcla de curiosidad y nerviosismo.

—Sí, ¡van a venir! —dijo Blanca, sonriendo—. Además, quiero que veáis lo geniales que son.

Poco después, Martín y Pablo aparecieron en la entrada.

La discoteca parecía casi haberse detenido por un segundo. Las chicas de la clase de Blanca los miraban con los ojos abiertos.

—¿Quiénes son esos? —susurró una de ellas.

—¿Son… vampiros? —preguntó otra, medio en broma, medio en serio.

Martín caminaba con su estilo relajado de siempre, apenas sonriendo, mientras Pablo parecía frío y distante, observando todo con una mirada intensa que hacía que varios estudiantes desviaran la mirada.

Blanca se acercó a ellos y les tomó de los brazos.

—¡Vamos! ¡Quiero que conozcáis a mis amigas!

Martín sonrió suavemente.

—Solo porque es tu fiesta, Blanca.

Pablo asintió con la cabeza, aunque no dijo nada.

Dentro de la discoteca, las chicas no podían dejar de mirarlos. Su misterio y su aura diferente eran imposibles de ignorar. La música golpeaba fuerte, pero para muchos, ellos eran lo más fascinante en la sala.

Blanca se acercó a Pablo y le susurró:

—¿Estás bien?

Pablo miró a su alrededor y luego a Blanca.

—Sí… solo que este lugar… no es muy nuestro estilo.

Martín, mientras tanto, se movía con facilidad entre la multitud, casi como si no existieran barreras físicas para él. Su mirada se posó en Blanca, y por un momento, ella sintió que estaba protegiéndola incluso en medio de toda esa gente.

—¿Ves lo que decía? —murmuró Blanca a sus amigas—. No es solo que sean misteriosos… es que… son diferentes.

Pablo escuchó y, aunque no dijo nada, su mirada se suavizó un poco hacia Blanca.

La noche había comenzado.
Pero Blanca no podía dejar de pensar que estar cerca de Martín y Pablo era emocionante… y un poco peligroso.




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