La figura sobre el coche sonrió.
Y no estaba sola.
De las sombras alrededor del cine comenzaron a salir más vampiros. Sus ojos brillaban en la oscuridad, fijados en Blanca.
Martín dio un paso adelante.
—No te muevas —le dijo sin mirarla.
Blanca asintió, aunque el miedo ya le recorría todo el cuerpo.
Uno de los vampiros habló:
—Entréganos a la chica… y quizá te dejemos vivir.
Martín soltó una pequeña risa.
—No suena muy convincente.
En un instante, desapareció.
El combate empezó.
La pelea
Martín se movía a una velocidad brutal.
Un vampiro intentó atacarlo por la espalda… pero Martín ya no estaba ahí. Apareció a su lado y lo lanzó contra el coche con un golpe seco.
Otro saltó desde arriba.
Martín lo bloqueó y lo derribó contra el suelo.
Sus ojos brillaban amarillos intensos.
Blanca apenas podía seguir lo que pasaba.
—Es… demasiado rápido…
Uno de los vampiros más fuertes logró golpear a Martín en el costado.
El impacto fue fuerte.
Martín retrocedió unos pasos.
Pero no cayó.
Levantó la mirada.
—¿Eso es todo?
Y volvió al ataque.
En cuestión de segundos, dos vampiros más estaban en el suelo.
El último dudó.
—No… no puede ser…
Martín avanzó hacia él lentamente.
—Ya te dije… que era mala idea.
Lo golpeó… y el combate terminó.
El precio
El silencio volvió.
Blanca corrió hacia Martín.
—¡Martín!
Él estaba de pie… pero respiraba más fuerte.
Su ropa estaba rota en algunas partes.
—Estoy bien… —dijo.
Pero no lo estaba del todo.
Los golpes sí le habían afectado.
Blanca lo miró preocupada.
—Te han hecho daño…
Martín iba a responder cuando…
algo se movió detrás de ella.
Demasiado rápido.
Martín abrió los ojos.
—¡BLANCA!
Pero ya era tarde.
Una figura apareció entre las sombras…
y la agarró por detrás.
Blanca gritó.
—¡MARTÍN!
Martín intentó moverse, pero estaba demasiado lejos.
—¡SUÉLTALA!
La figura salió a la luz.
Darío.
Sonreía.
—Buen trabajo, Martín.
Blanca forcejeaba.
—¡Déjame!
Darío la sujetó con firmeza.
—Pero esto… me lo quedo yo.
Martín avanzó, furioso.
—No te atrevas…
Darío negó con la cabeza.
—Hoy no estás en condiciones de pelear conmigo.
Blanca miró a Martín, asustada.
—¡Haz algo!
Martín apretó los puños.
Pero sabía que Darío tenía razón.
Estaba herido… y había luchado demasiado.
Darío dio un paso atrás, llevándose a Blanca.
—Nos veremos pronto.
Y en un instante…
desapareció con ella en la oscuridad.
El silencio cayó otra vez.
Martín se quedó de pie, inmóvil.
—…
Pablo apareció corriendo desde la calle.
—¡Martín! ¿Qué ha pasado?
Martín no respondió.
Solo miraba el lugar donde Blanca había desaparecido.
Sus ojos volvieron a brillar.
Pero esta vez… no era solo sed.
Era algo más oscuro.
—Se la ha llevado…
Pablo frunció el ceño.
—¿Quién?
Martín respondió en voz baja:
—Darío.
El viento sopló entre las calles vacías.
Y por primera vez…
Martín no parecía tener el control.
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Editado: 09.06.2026