Sangre y luna, parte 1, libro 3

Capítulo 1: decisiones

El pueblo había cambiado… pero no tanto como parecía.

Habían pasado meses desde lo de Darío.
La vida volvió a una especie de normalidad.

Y esa noche…

Blanca cumplía 18 años.

Había una pequeña celebración en casa de Camila. Nada exagerado: luces suaves, música tranquila y gente cercana.

Guillermo estaba apoyado en una pared, observando.

—Quién iba a decirlo… —murmuró—. La chica que casi destruye el equilibrio del pueblo… ahora soplando velas.

Camila sonrió.

—Y sigue viva. Eso ya es bastante.

En el centro, Blanca sopló las velas.

Todos aplaudieron.

Pero cuando terminó… su sonrisa no era completa.

Más tarde

La fiesta ya casi había acabado.

Solo quedaban Martín, Pablo y Blanca.

El ambiente se volvió más serio.

Blanca los miró a los dos.

—Tengo que deciros algo.

Martín ya lo intuía.

—No me gusta cómo suena eso…

Blanca respiró hondo.

—Quiero que me convirtáis.

El silencio cayó.

Pablo negó con la cabeza inmediatamente.

—No.

Martín ni siquiera respondió al principio.

Solo la miró fijamente.

—Blanca…

—Es mi decisión —interrumpió ella—. Ya no soy una niña.

Pablo dio un paso adelante.

—Precisamente por eso.

—Sabes lo que significa.

Blanca lo miró.

—Sí.

—No envejecer.

—Vivir así.

—Controlar la sed.

Hizo una pausa.

—Y aun así lo quiero.

Martín finalmente habló.

—No.

Blanca frunció el ceño.

—¿Por qué?

Martín respondió sin rodeos:

—Porque no es una vida que se elige tan fácilmente.

—Y porque una vez pasa… no hay vuelta atrás.

Blanca apretó los puños.

—Pero vosotros sí elegisteis.

Pablo bajó la mirada un segundo.

—No del todo.

Martín añadió:

—A mí me convirtieron para salvarme.

—No porque lo pidiera.

Blanca los miró, dolida.

—Pues yo sí lo pido.

El silencio se volvió tenso.

Pablo negó otra vez.

—No vamos a hacerlo.

Blanca dio un paso atrás.

—Entonces encontraré a alguien que sí.

Eso hizo que Martín reaccionara.

—Ni se te ocurra.

—No puedes controlar quién te convierte.

—Ni lo que te hará.

Blanca sostuvo su mirada.

—Entonces ayudadme vosotros.

Martín negó lentamente.

—No.

—Porque si te pasa algo… —dijo en voz baja— no podría soportarlo.

Blanca se quedó en silencio.

Por primera vez… entendió que no era solo una negativa.

Era miedo.

Pablo añadió:

—Y porque creemos que aún tienes otra opción.

Blanca miró a ambos.

—¿Cuál?

Martín respondió:

—Seguir siendo tú.

El viento entró por la ventana abierta.

Blanca bajó la mirada.

Pero en sus ojos había algo claro:

no iba a rendirse.

En algún lugar del bosque…

Una figura observaba el pueblo.

Una sonrisa lenta apareció en su rostro.

—Así que quiere convertirse…

Sus ojos brillaron en la oscuridad.

—Interesante.

Porque si Martín y Pablo no lo hacían…

alguien más estaría dispuesto.




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