En una habitación blanca, completamente esterilizada, “los invitados” aparecieron y tomaron asiento en sillas de metal frías y firmes, marcadas por una equis negra. Perfectamente alineados, mantenían la vista al frente cuando la luz se apagó.
Un grupo de cinco individuos vestidos de blanco, protegidos por trajes aislantes, entró empujando una enorme televisión plana. La dejaron en el centro y dieron un paso atrás, silenciosos.
La pantalla cobró vida.
Primero, solo un lienzo blanco. Luego, el eco de unos pasos dominó el silencio.
Una mujer de sonrisa plástica y ojos de tiburón apareció en cuadro.
—Bienvenidos, futuros trabajadores. Han sido elegidos especialmente por un retorci—
La transmisión sufrió una brusca interferencia, la imagen se arrugó, la voz se distorsionó. Luego volvió.
—...especial para un trabajo especial. —continuó la mujer, como si nada hubiera pasado—.
Estamos en la prestigiosa organización S.A.N.T.A. —se rió, un sonido forzado y chirriante—. O como algunos la llaman… "Santa".
La imagen cambió. Un grupo de trabajadores caminaban en fila, sus movimientos marcados por el disparo seco de un arma.
—S.A.N.T.A. Significa Sistema de Anulación de Niños con Trastornos de Antagonistas.
Un servicio fundamental para toda sociedad que aspire a un futuro sano.
Porque nuestro deber es hacer del mundo un lugar mejor.
Y sí… los niños son adorables. Dependientes. Pequeñas promesas.
Pero algunos —su sonrisa se endureció, casi dislocándose— no sirven para la sociedad.
La imagen volvió a fallar.
Durante cinco segundos, solo se vieron cuerpos sin rostro siendo arrastrados por una máquina hacia un pozo oscuro.
La mujer reapareció, aunque su rostro comenzaba a derretirse ligeramente en la grabación.
—Lamenta…ble… mememe… mememe… meme…, los expertos han detectado un tipo de anomalía... —su voz se fragmentaba—. Trastornos antagonistas... que convierten a ciertos individuos en enemigos naturales de la sociedad.
Otra interferencia.
Primero fue estática, luego colores al azar, y la imagen volvió.
Ahora, cámaras en primera persona mostraban a operativos armados irrumpiendo en hogares, apuntando a personas medio dormidas. No había diálogos comprensibles. Hablaban en un idioma inentendible. Terminaron entrando a una habitación donde una pareja descansaba, apuntaron sus armas…
La pantalla tembló y volvió a la mujer, idéntica pero distinta.
—¿Y es culpa de los niños? Claro que no.
La corrupción viene de generaciones previas. Es una cadena sucia que debemos romper para garantizar el futuro. Los expertos han establecido junto con la Orden de Negación Única, que la manera de erradicar aquella basura que nos atrasa en la sociedad, y dispone gastos innecesarios, es rompiendo aquella cadena de podredumbre que solo destruye la sociedad esparciendo sus desagradables estilos de vida miserables…
Otra interferencia.
Está vez un grupo de hombres con la cabeza cubierta por bolsas caminaban uno detrás de otros, en una cerca con la mirada agachada, y de pronto se giraron dando la espalda a la cámara…. se volvió una interferencia. Y la mujer volvió a aparecer.
—Ustedes ya pasaron la entrevista...
—una pausa cargada de ruido blanco—.
...si no, ¿cómo consiguieron este video?
Otra interrupción: soldados arrojando grandes bolsas, de una de ellas se podía visualizar lo que parecía una mano humana.
—Ahora, sobre sus actividades:
Cada uno tendrá 47 tareas esenciales que deberá cumplir todos los días… todos los días… todos los...
La voz entró en bucle. La imagen quedó congelada en su rostro mientras repetía.
—...todos los días... por el resto de sus días… Todas estos retos no deben ser ignorados, por el bien del sistema.
Un zumbido quebró la transmisión, empezaron a escucharse jadeos, gemidos y gritos desagradables y suplicantes de forma distorsionada.
Apareció entonces una caricatura animada, hipercolorida.
Un narrador habló con una voz demasiado alegre:
—¡Bienvenido! Hoy veremos al pequeño Juan, iniciando su primer día en S.A.N.T.A.
Hoy aprenderemos a ponernos el uniforme, a reportar irregularidades... y a realizar acciones de erradicación...
—El papeleo se podría decir que es una tarea aburrida para cualquier empleado, pero no para los empleados de S.A.N.T.A., quienes ven en cada pequeña fórmula de familia cuidadosamente elegida, como una oportunidad de cuidar a nuestra cálida sociedad.
—Nuestro pequeño Juan ha encontrado un caso N°24-Dic: dos niños en riesgo, dos padres defectuosos, provenientes de familias defectuosas.
¡Es hora de la acción!
Con amor y eficiencia, procederá al S.E.C.G.: Salvaguardar, Erradicar, Cuidar y Guiar.
Después de asegurarse de que todos las piezas de su equipo estén en perfecto mantenimiento, junto con el equipo de selección, llevarán a cabo el S.E.C.G. y los pequeños niños, serán llevados a su nueva realidad. Nuestro nuevos centros de educación”
Los dibujos quedaron estáticos en un frame donde “Juan” apuntaba con su arma a dos adultos, la mujer llorando mientras estaba de rodillas con las manos en alto.
La pantalla se volvió negra.
Está vez, una imagen con los colores invertidos de niños en los centros de educación se hicieron presente, todos sentados con la mirada perdida al frente vestidos y peinados exactamente igual, dominó toda la pantalla por apenas unos segundos.
—Eso es todo. Bienvenidos, futuros trabajadores.
Nos veremos en el frente para cumplir nuestro deber... deber... deber...
Su voz se deformó hasta convertirse en un eco monstruoso. La imagen mostró su mano poniéndose un casco blanco marcado con las siglas S.A.N.T.A.
—Y recuerden… —su sonrisa era una mueca antinatural— todo es… por un bien mayor.
Pantalla negra.
Silencio.
El sonido de unos suaves tacones se hizo presente, una pequeña mujer vestida con una traje negro camino entre los espacios calculados entre las sillas, y con una sonrisa que jamás abandonaba su rostro, se coloco frente al grupo y dijo: