Santa Marta

Capítulo 3 - Culpables

Al amanecer, el convento entero despertó con los gritos de la hermana Ester

La cocina parecía haber sido arrasada por una tormenta. Había frutillas aplastadas en el suelo, cajones abiertos, harina desparramada y un fuerte olor dulce impregnando el aire. Faltaban varias canastas completas y nadie entendía cómo algo así había ocurrido durante la noche sin que ninguna monja escuchara nada.

Las niñas observaban en silencio desde el comedor, demasiado asustadas como para hablar.

-Hasta que aparezcan las culpables, todas permanecerán en ayuno -anunció la madre superiora con severidad.

Un murmullo de protesta recorrió las mesas. Algunas niñas comenzaron a mirar unas a otras con enojo sobretodo las mayores que siempre culpaban alas menores. Anne bajó la mirada de inmediato y Alma sintió un nudo en el estómago.

Durante un buen rato nadie dijo nada.

Hasta que, desde el fondo del salón, una voz pequeña rompió el silencio.

-Yo las vi...

El corazón de Alma se detuvo.

La niña señaló temblando a Alma y luego a ella.

Los murmullos se transformaron en miradas llenas de furia. Algunas niñas comenzaron a insultarlas por lo bajo; otras las observaban como si hubieran traicionado a todas.

Un murmullo incómodo recorrió el lugar. Algunas niñas comenzaron a protestar enseguida. Anne miró rápidamente a Alma; ninguna entendía cómo todo había terminado así. Ellas solo habían tomado algunas.

-Nosotras no hicimos todo esto... - le susurró Alma confundida.

Anne negó apenas con la cabeza, igual de desconcertada.

-Yo las vi anoche salir.

Era la niña que las había observado desde su cama

-Ellas entraron a la cocina.-acuso la niña narigona sin pruebas solo para hacerse notar

Las miradas empezaron a caer sobre ambas como piedras. Anne abrió la boca intentando explicarse.

-Sí... pero no fuimos nosotras quienes-

-¡Silencio! -interrumpió la hermana Inés.

Alma sintió un vacío en el estómago. Se miraron otra vez, buscando entender qué había pasado realmente. Porque aunque eran culpables de haber entrado... Ninguna había dejado la cocina en ese estado

-Acá hay gato encerrado- pensó Anne y ahora no sabía que hacer para salir de ese lio




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.