Una noche esperaron hasta que el convento quedó completamente en silencio.
Anne fue la primera en bajar de la litera. Alma la imitó enseguida, aunque sus manos temblaban un poco mientras se ponía los zapatos.
-Tal vez esto es una mala idea... -susurró.
-Justamente por eso debemos hacerlo rápido.
Anne abrió apenas la puerta del dormitorio. El pasillo estaba oscuro, iluminado solo por la luz azulada de la luna que entraba por algunas ventanas altas.
Todo parecía distinto de noche.
Más grande.Más frío.
Las tablas de madera crujían bajo sus pasos mientras avanzaban lentamente hacia las escaleras. Intentaban no respirar fuerte siquiera.
Mientras ivan por el largo pasillo al salón
-¿Escuchas eso? -susurró Alma apenas moviendo los labios.
Anne asintió lentamente.
El corazón le golpeaba tan fuerte que sentía que el sonido podía delatarlas.
Se acercaron despacio siguiendo el murmullo hasta llegar al final del pasillo ,de repente las voces se detuvieron.
El silencio fue peor.
De pronto, pasos acercándose rápido.
Las dos se congelaron.
Una luz apareció doblando el pasillo.
-¡Alguien viene! -susurró Alma aterrada Anne reaccionó enseguida y la arrastró debajo del enorme reloj viejo que había apoyado contra una pared del pasillo.
El espacio era equeño , por suerte ambas eran menuditas .
Se taparon la boca con miedo a respirar
Los pasos estaban cada vez más cerca.
La hermana Inés apareció sosteniendo una lámpara pequeña. Su sombra enorme se proyectó sobre las paredes mientras observaba alrededor en silencio.
La monja permaneció quieta unos segundos.
Como si supiera que había alguien allí.
Ambas sintian que el cuerpo entero le temblaba.
Pero finalmente la hermana Inés continuó caminando lentamente hasta desaparecer otra vez en la oscuridad con dirección a su cuarto
Las niñas esperaron varios segundos antes de moverse.
-Vámonos... ahora -susurró Alma al borde del llanto.
-debemos esperar un poco -
-Anne.....vamos -susurró Alma aferrándose a su brazo-. ¿Y si son fantasmas?
Anne intentó burlarse, pero ni ella misma sonó convencida.
-Los fantasmas no existen...
En ese momento el murmullo volvió a escucharse detrás de la pared.
Las dos se quedaron inmóviles.
Porque esta vez... parecía una risa.
entonces la vieron.
Una sombra cruzó rápidamente frente a una de las paredes.
Era alta y delgada.
Pero no parecía una monja.
Las dos quedaron paralizadas
La figura desapareció enseguida en la oscuridad.
Después... otra ves murmullos apagándose hasta quedar un silencio absoluto
Alma sintió que el cuerpo entero le temblaba.
-Anne... -susurró con la voz quebrada-anne la miro entre valiente y aterrada quería descubrir el misterio del convento y ser reconocida por ello
Otra pequeña risa se escuchó a la distancia.
Eso bastó
Las dos salieron corriendo sin mirar atrás, subiendo las escaleras casi tropezándose entre ellas. Anne cerró la puerta del dormitorio de golpe y ambas se metieron rápidamente en sus camas, respirando agitadas.
Durante varios segundos ninguna habló.
Hasta que Alma rompió el silencio.
-Te dije que este lugar está embrujado...
Anne apretó fuerte la manta entre las manos intentando convencerse de que había una explicación lógica.
Pero la imagen de aquella sombra seguía clavada en su cabeza.
Y por primera vez ... sintió verdadero miedo.