Santa Marta

Capítulo 10 -Otra vez sopa

La mañana siguiente fue un desastre.

Ninguna de las dos había dormido bien.
Cada vez que Anne cerraba los ojos volvía a ver aquella silueta junto al portón.
Y Alma todavía sentía el corazón acelerado recordando la corrida por el patio.

Las hermanas estaban furiosas.

Como castigo, las obligaron a limpiar los pasillos, ordenar depósitos y ayudar en la cocina durante varios días.
Y para empeorar debían ir todas las tardes a rezar junto con las grandes y la hermana Ángeles

Desde temprano comenzaban los murmullos apenas ellas pasaban.

-Ahí van las soplonas...
-Miren quiénes arruinaron todo.
-zanahoria podrida !!

Alma bajaba la cabeza fingiendo no escuchar.
aunque por alguna razón que desconocían se ensañaron contra Anne y ella apenas la registraban
Anne, en cambio, las miraba con bronca, aunque sabía que responder sería empeorar las cosas.

Las mayores empezaron a molestarlas cada vez más.

Les escondían cosas.
Les tiraban agua al pasar.
Les empujaban los hombros en los pasillos como si hubiera sido "sin querer".

Y cuando ninguna monja miraba, los golpes eran peores.

Un tirón de pelo.
Un pellizco fuerte.
Un empujón contra la pared.

-La próxima cerrá la boca, colorada -le susurró una de las grandes cerca del comedor.

Anne apretó los dientes pero no respondió.

Sabían perfectamente que no podían defenderse.
Si las hermanas las descubrían peleando, el castigo sería todavía peor para ellas.

Así que aguantaban.

Una tarde, mientras Anne llevaba unas sábanas dobladas hacia el lavadero, dos de las chicas mayores la arrinconaron en uno de los pasillos vacíos.

-Miren quién apareció... la soplona -susurró una de ellas.

Anne intentó seguir caminando, pero otra la sujetó fuerte de los brazos haciéndola retroceder contra la pared.

-Soltame -murmuró intentando zafarse.

La mayor levantó un dedo delante de su boca haciéndole señas de silencio.

Shhh... ¿querés que vengan las hermanitas?

Y antes de que Anne pudiera reaccionar, la otra chica le dio un golpe seco en el estómago.

Anne soltó el aire de golpe doblándose apenas.

-Eso es para que aprendas a cerrar la boca -le susurró cerca del oído.

Alma apareció justo doblando el pasillo y se quedó paralizada del miedo.

-¡Déjenla!

Las mayores soltaron a Anne rápidamente al escuchar voces acercándose desde el comedor.

-Pobrecita... -se burló una antes de irse-. Ahora necesita guardaespaldas.

Anne quedó respirando agitada mientras Alma corría hacia ella.

-¿Estás bien?

Anne asintió aunque tenía los ojos llenos de lágrimas de rabia.

Pero no quería llorar delante de ellas.

Más tarde , mientras limpiaban las escaleras del segundo piso, Alma dejó el trapo a un lado y suspiró cansada.

-Tenemos que dejar de investigar.

Anne levantó la vista.

-¿Qué?

-Los ruidos eran las chicas grandes. Seguro salían por ahí todas las noches y ya.

Anne negó enseguida.

-No. Yo vi a alguien.

-Era oscuro, Anne. Estábamos asustadas.

-Te juro que había un hombre.

- no Anne !!!! Basta ya??? eran las chicas
Quería creerle.
Pero también quería que todo terminara.

-Aunque hubiera alguien... ¿qué podemos hacer nosotras? -murmuró finalmente-. Mirá cómo estamos ahora.

Anne bajó lentamente la mirada.

Tal vez Alma tenía razón.
Desde aquella noche todo se había vuelto peor.

Y aun así... algo no encajaba.

Los ruidos en el pasillo habían empezado antes de que las chicas salieran al patio.
Ellas estaban afuera cuando Anne y Alma corrieron.

Entonces...
¿quién estaba dentro?

Ese pensamiento le revolvía el estómago.

Pero ahora había algo más urgente.

Sobrevivir a las mayores.

Porque cada mirada que les daban parecía una amenaza silenciosa.

Y Anne empezaba a sentir que aquello recién comenzaba.

Fin primera parte




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