Santa Marta

Capítulo 2-Un viejo amigo

A la semana siguiente, durante el comedor, la hermana superiora dio un anuncio:
-Bueno, señoritas... como habrán notado, ha estado habiendo movimientos en el convento. Tenemos el agrado de informarles que el general Lisandro Fitzgerald , junto con el arquitecto Sábalo, recorrerán las instalaciones para supervisar unas reformas donadas: se ampliarán salones, la capilla, la cocina, el comedor y las habitaciones.
Y para finalizar, el general prometió un parque nuevo para las chiquillas y hasta un pequeño teatro con cine para el convento.
El aplauso que siguió fue estrepitoso. Las internas estaban tan felices; por fin el hogar dejaría de parecer de la prehistoria.
La monja trataba de calmar la alegría con señas, pero al ver que le resultaba difícil, las dejó disfrutar y se sumó junto a las demás hermanas aplaudiendo y haciendo porras Cuando al fin se calmaron, siguió:
-Durante las próximas semanas verán la presencia de albañiles y personal trabajando. Les pido que sean educadas y no interfieran con la labor de los trabajadores. Tengan en cuenta que cuanto más demoren ellos, más tardamos nosotras en disfrutar de la comodidad que tanta falta nos hace.
En eso llegaron el general fitzgerald y el arquitecto Sábalo. Estos saludaron a las chicas, el general detuvo su mirada un breve momento en Anne, haciéndole dar escalofríos. Algo en esos hombres no le gustaba a Anne; le daban mala espina.
Luego del comedor, salieron al parque. De repente, una sombra les tapó la luz.
-Creí que jamás volvería a verte, frutillita-dijo Mauro
Era mucho más grande, pero seguía siendo el , con la misma mirada socarrona.
-¡Sabía que eras vos! -exclamó Anne, abrazándolo sin pensarlo. Alma se sumó al abrazo, emocionada.
-¡No puedo creer que seas vos! -decía Alma mientras lo miraban asombradas-. ¿Cómo llegaste hasta acá?
Mauro sonreía, mirándolas. -Busqué trabajo y justo necesitaban ayudantes de albañil, así que me postulé.
-¡Qué casualidad! -dijo Alma, riendo-. ¿Justo en Santa Elena tenías que caer?
Mauro se rascó la nuca, fingiendo desinterés. -Y... el trabajo es trabajo, che. Y este convento es enorme.
Anne lo observaba de cerca. -Todavía me acuerdo de ese día... en el teatro. Cuando nos perdimos y terminamos recorriendo los talleres. Pensamos que nos iban a matar si nos encontraban .
Mauro soltó una carcajada ronca. -Casi se mueren del susto cuando vieron alas monjas. Si no fuera por mí, todavía estarían ahí dando vueltas por los pasadizos prohibidos. estaban asustadas .sobretodo tu frutillita
-¡Hey, no me digas así! -protestó Anne, aunque con una sonrisa inevitable.
-¿Te acordás cómo nos hiciste pasar por detrás de las cortinas? -sumó Alma, sorprendida-. Creíamos que eras un fantasma del teatro.
-Un fantasma con hambre -bromeó Mauro-. Ese día me gané un buen lío por andar guiando a dos novicias perdidas por donde no debían. Mi tío me vio me lleve la cagada a pedo del siglo
Se hizo un silencio breve y cálido, cargado de nostalgia. Las chicas se miraron, sintiéndose, por un momento, como si no estuvieran dentro de los muros de Santa Elena.
-¿Y te vas a quedar? -preguntó Anne.
Mauro dudó un segundo, su mirada se volvió más fría, como si recordara algo que no quería compartir, pero rápidamente recuperó su tono despreocupado.
-Por ahora sí. Hay planes... cosas que terminar.
Cambió el tono, notando que el sol bajaba.
-Che... ¿tienen un rato libre? -preguntó, mirando hacia el convento con cautela-. Vamos al pueblo, les invito algo.
Alma abrió los ojos, entusiasmada: -¿En serio?
Él asintió, aunque lanzó una mirada rápida hacia el convento, como si evaluara un riesgo. -Vamos antes de que se haga tarde.
-¿Las hermanas no les van a decir nada? -preguntó mauro
Anne negó con la cabeza: -No mientras estemos de vuelta antes del toque de queda. Es lo bueno de ser las mayores ahora.
-Bueno... vamos entonces -dijo Ed.
No dijeron mucho más. Solo se miraron un segundo, como asegurándose de algo. Empezaron a caminar y, por primera vez en años, las chicas dejaron atrás el convento solas, sin la compañía de nadie, adentrándose en lo desconocido con el muchacho que una vez las sacó de las sombras.




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