Bueno, eso no lo esperaba.
Estaba acostumbrado a las tonterías; mis dos mejores amigos eran un imán de tonterías andantes, pero jamás me espere encontrarme con algo tan...Extraño. Habíamos acabado la secundaria hace poco y yo estaba estudiando como loco para entrar a esa preparatoria que me había llamado tanto la atención: "La mejor de mi ciudad", eso era lo que quería. Bueno, hasta que mis planes cambiaron totalmente.
Mi madre me llamó a la cocina, donde ella se hallaba empacando rápidamente la comida en su bolso; ya se iba al trabajo, al parecer. —Te llegó una carta. —Me dijo amablemente, estirando su mano sin verme al estar ocupada cerrando su bolso.
Recibí la carta por inercia y miré de forma muy extraña el logo elegante que la sellaba. —Volveré como a las once, hay comida en el refrigerador. — Agregó acercándose a acariciar rápidamente mi mejilla antes de acercarse a la puerta también de forma rápida e irse.
Yo, por mi parte, me acerqué a los cajones de utensilios y busqué un cuchillo de mantequilla con el que abrí la carta después de estarla inspeccionando un rato en el sofá. Yo aún no había ido a rendir ningún examen de ingreso y por ello estaba tan extrañado por esa carta tan de la nada. La carta era de una preparatoria de mi ciudad: "DMPS". Decidí primero investigarla en Internet; parecía una preparatoria privada. ¿Mi madre me había inscrito sin decirme, quizá? Decidí dejarla en la mesita del centro del living y hablar debidamente a su tiempo con ella. La colegiatura debe haber sido cara, sí, pero debió preguntarme antes.
Aún así, la curiosidad acabo ganándome y leí la dichosa carta sin esperar a mi madre. La cual decpia muchas tonterías. "Quizá es una broma de alguno de esos dos tontos" pensé, sin tomarle demasiada importancia, y anotando mentalmente vengarme cuando los viera. Pero aún así, de igual forma hablaría con mi mamá cuando volviera del trabajo. Me había precipitado al abrirla sin ella en casa después de todo, y quizá las mamás de esos idiotas habían hablado con la mía y algo les haya dicho. Ellas también eran bastante amigas entre sí por la cercanía de edad entre ellas y, bueno, sus hijos eran compañeros desde preescolar (desgracia agraciada, la verdad).
Sin tomarle mucha más importancia al asunto, ya que no podía hacer nada en ese momento, fui a mi habitación para volver a estudiar. A pesar de todo, seguía con mi idea de ir a la mejor preparatoria de mi ciudad...¡Qué iluso fui en ese momento!