Sara: Un Viaje a lo Desconocido

Parte 5: Mamá, Papá!

Sara abrió los ojos y se encontró rodeada por la brillante luz del sol. Se levantó y se frotó los ojos, todavía sintiéndose un poco aturdida. Se dio cuenta de que estaba de pie en una pradera cubierta de flores silvestres, y el aire estaba lleno del dulce aroma de la naturaleza.

Sara se quedó boquiabierta, sin saber cómo había llegado allí. Miró a su alrededor y vio a dos figuras familiares acercándose hacia ella. Eran sus padres, corriendo hacia ella con los brazos abiertos.

"Sara, hija, ¡te hemos estado buscando por todas partes!" dijo su madre, abrazándola fuertemente.

"¿Estás bien?" preguntó su padre, sosteniéndola por los hombros y mirándola a los ojos.

Sara se sorprendió al ver a sus padres allí. No podía entender cómo habían llegado hasta ese lugar. Sin embargo, se sintió abrumada por la felicidad de volver a verlos.

"¿Cómo están aquí?" preguntó Sara con lágrimas en los ojos.

"Estábamos tan preocupados por ti, hija", dijo su madre. "Hemos estado buscándote en todas partes, hasta que te encontramos."

"¿Y qué hay de la ciudad subterránea?" preguntó Sara.

"¿La ciudad subterránea?" su padre frunció el ceño. "No sabemos de qué estás hablando, hija. Pero lo importante es que estás con nosotros ahora."

Sara se dio cuenta de que no podía explicarles todo lo que había sucedido en la ciudad subterránea y en los túneles. Pero sabía que no importaba. Lo único que importaba era que estaba a salvo y de vuelta con su familia.

Abrazó a sus padres con fuerza, agradecida por estar de vuelta con ellos. Juntos, caminaron por la pradera, disfrutando de la belleza del lugar y de la compañía el uno del otro.

Sara estaba sentada en su sillón viendo la televisión, algo aburrida ya que no había mucho que ver. Pero de repente, en las noticias, apareció su amigo el Dr. Martínez, tratando de explicar todo lo que había visto y descubierto en el otro mundo.

Sin embargo, a pesar de su evidente angustia y de presentar pruebas convincentes, nadie parecía creerle. Sara se sentía impotente al ver a su amigo luchando para ser escuchado y comprendido. Sabía que el Dr. Martínez era un hombre brillante y respetado, y que nunca mentiría sobre algo tan importante.

Sara se levantó del sillón y se acercó a la televisión, como si pudiera ayudar a su amigo a través de la pantalla. Miró fijamente la imagen del Dr. Martínez y se dio cuenta de que tenía que hacer algo. No podía permitir que su amigo fuera ignorado y desacreditado.

Con determinación en su corazón, Sara decidió que haría todo lo posible para que las personas creyeran en la existencia del otro mundo y en las maravillas que allí se encuentran. Sabía que no sería fácil, pero no podía permitir que su amigo fuera el único en creer en lo que vio y descubrió.

Así que, con una nueva misión en mente, Sara se dispuso a compartir su historia con el mundo, con la esperanza de que alguien la escuchara y pudiera ayudarla a dar a conocer la verdad.

Sara sabía que ese objeto tenía poderes extraordinarios y que podía usarlo para viajar entre mundos, pero no sabía exactamente cómo funcionaba. Decidió que era hora de intentar aprender cómo usarlo, así que buscó información en libros y en internet sobre tecnología y teorías cuánticas.

Después de varios días de investigación, Sara finalmente comprendió cómo funcionaba el objeto dorado. Se dio cuenta de que podía abrir un portal en cualquier momento y en cualquier lugar, y que solo necesitaba pensar en el lugar al que quería ir para que el portal se abriera.

Con esta nueva información, Sara se preparó para ayudar al Dr. Martínez. Sintió una oleada de emoción y nerviosismo mientras se concentraba en la imagen de su amigo hablando con la prensa. Se imaginó apareciendo de repente junto a él, mostrando el objeto dorado y demostrando que todo lo que él decía era verdad.

Pero cuando intentó abrir el portal, nada sucedió. Sara trató de nuevo y de nuevo, pero el objeto dorado se mantuvo inerte. Se sintió frustrada y desesperada al ver que no podía hacer nada para ayudar al Dr. Martínez y que su poderoso objeto no estaba funcionando como debería.

Sara no sabía qué hacer. Se sentía atrapada y desolada al pensar que no podía ayudar a su amigo. Pero decidió no rendirse. Siguió investigando, experimentando y practicando con el objeto dorado, y finalmente descubrió el secreto para abrir portales a voluntad.

Sara estaba lista para enfrentar cualquier desafío que se presentara y ayudar a su amigo el Dr. Martínez. Sabía que el objeto dorado era la clave para hacerlo posible, y estaba decidida a usar su poder para hacer justicia y demostrar la verdad.

Sara se encontraba sentada en su habitación, sosteniendo el objeto dorado en su mano mientras lo examinaba detenidamente. Era un artefacto misterioso y poderoso, y Sara sabía que debía ser cuidadosa al usarlo. Sin embargo, su mente estaba ocupada en otras cosas, especialmente en su amiga Ana.

Ella se asomó por la ventana y vio a Ana caminando hacia su casa. Al verla, sintió una oleada de emoción y decidió que necesitaba verla de inmediato. Pero sabía que no podía llevar el objeto dorado con ella en público, así que buscó un lugar para esconderlo.

Finalmente, encontró una pequeña caja de madera en su armario y decidió que sería el escondite perfecto. Colocó el objeto dorado dentro de la caja y la cerró con llave. Luego, corrió hacia la puerta para encontrarse con Ana.

Cuando llegó a la calle, vio a Ana parada en la entrada de su casa. La emoción en su rostro hizo que Sara se sintiera aún más feliz de verla. Se acercó corriendo y la abrazó con fuerza.

"¡Ana, te extrañé tanto!" exclamó Sara.

"¡Yo también te extrañé!" respondió Ana, devolviendo el abrazo.

Las dos amigas se separaron y caminaron juntas hacia la casa de Sara. Mientras lo hacían, Sara pensaba en cómo podía compartir su secreto con Ana. Sabía que confiaba plenamente en ella y que sería la única persona en la que podría confiar para ayudarla con el objeto dorado.




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