Saturno (ten cuidado con lo que deseas)

Conoce un poco a Taren

TAREN

Nunca comprenderé el afán de mi hermana al irse de aquí, se supone que siempre nos íbamos a cuidar entre los dos, que seriamos unidos, pero ella se fue, se fue al planeta que tanto deseo conocer sin importare lo que sucedía aquí con mi madre y conmigo, no sé si por suerte o el destino, pero se llevaron a mi sobrino, eso fue de gran ayuda, las cosas se pusieron muy feas, algunas familias murieron por la depresión y el shock de ver algo tan increíble, el planeta se sumió en un caos.

Ya han pasado casi 500 años de aquel día, nuestra vida ha sido un infierno, cuatro veces he tenido que sepultar a mi familia, las que he formado, mis esposas mis propios hijos siempre la misma historia y todo por culpa de ella, de mi hermana de Illianis, siento que la odio por eso.

¿Por qué nunca pensó en mí?, ¿Por qué nunca se imaginó que no quería vivir eternamente solo?, ella es una egoísta, solo piensa en ella, siempre ha sido de esa manera, papá la consintió demasiado.

—La comida está servida. —Mi madre ella es mi única compañía, porque al igual que yo no puede conseguir una pareja que sea eterna son quinientos malditos años viviendo así, fueron cien de pura pobreza, hasta que me adueñe de una hacienda para poder vivir cómodamente por la eternidad, la Tierra se tornó triste desde que ellos se fueron, hasta que todos murieron y olvidaron lo que pasó, menos mi madre y yo.

Cada día todos miraban al cielo con la esperanza de que regresen y hasta yo lo esperaba hasta que me di cuenta de que viviría solo porque nadie más es inmortal como yo.

—No tengo hambre. —Respondí mirando a la nada en mi habitación.

—Debes alimentarte.

—No es necesario, no moriremos nunca, ni una simple gripe nos da, no te preocupes no moriremos, solo si Saturno nos asesina.

—Taren, no seas así, come algo no me gusta verte triste.

—Como quieres que esté, acaba de morirse mi esposa y mi hijo, ya perdí la cuenta de cuántas veces he visto envejecer a mis hijos, mis esposas, todo mueren menos yo, no te cansas de estar sola, tú también viste como se murió el hombre qué querías y tú sigues aquí. —Veo lágrimas en sus ojos, nunca supero la partida de Illianis y Aurelio, siento que mamá no tiene la culpa, pero debe sentir lo mismo.

—Ella lo hizo porque quiere vernos a su regreso.

—¿Cres que regresara? No tenemos idea de lo que hay afuera.

—Taren, ella nos quiere.

—Si nos quisiera hubiera pedido dinero para nosotros, pero no, pidió eternidad y lo peor es que no pidió eternidad para nuestras parejas, mamá tengo la apariencia de un hombre de 20 años, me siento mal cortejando a niñas que en realidad tienes esa edad, es demasiado raro me siento un pedófilo, tengo 500 años.

—No te angusties, tenemos visitas, los Keller, vienen a ver como estas.

—No debiste recibir a nadie.

—Hijo, son conocidos.

En eso tiene razón, debo ser cortes con las personas de este pueblo, yo viviré eternamente

—Hay, está bien bajare, deja me cambio de ropa.

Mi madre baja no muy convencida, me conoce bien, no soporto la hipocresía, el Sr. Keller está detrás de mi fortuna, si supiera que cuando él y toda su familia mueran podría ser yo quien me quede con su dinero.

Me visto de negro para demostrar mi dolor, aunque no es necesario me he dedicado a sufrir toda mi vida, perdí a mi padre y después a todas mis esposas e hijos, todo el pueblo cree que murió mi abuela, no hay manera de decirles que estuve casado con una anciana.

Llego a la mesa y están los Keller, el Sr, Dalton Keller junto a su esposa, Damaris y sus dos hijas, Gabriela y Doménica, siempre me han parecido muy superficiales menos Doménica siento que es la única normal en esa familia.

—Siento mucho lo que paso con su abuelita joven Rowe, espero no se inoportuno. —En mi mente quería decirle que se vayan, pero mire a mi madre y me toco fingir.

—No se preocupe Sr Keller, siempre serán bienvenidos en mi casa.

—Mi esposa y mis hijas hornearon esta torta, espero que sea del agrado de ustedes.

—Gracias, pasemos a la mesa. —Mi madre siempre tan educada.

En la mesa las conversaciones fueron genéricas, el Sr Keller no dejaba de hablar de su vida como futuro alcalde, mientras que su esposa no dejaba de hacer sus gestos de ser de la alta sociedad, Gabriela no dejaba de coquetear conmigo, siempre lo ha hecho, en cambio Doménica es la única que no habla y se dedica a comer en silencio.

En un momento Gabriela trata de hacerme plática preguntándome si me voy a casar algún día.

—Taren, ¿Has pensado en casarte pronto?, pregunto porque eres el soltero más codiciado de todo el pueblo. —Mi madre enseguida se pone nerviosa, su madre parece que festeja la pregunta de la imprudente de su hija, he vivido lo suficiente como para conocer el tipo de persona que es esta mujer, una que solo busca un marido que le complazca sus caprichos.

—Aun no o he pensado, ser codiciado es fácil, pero yo soy selectivo, no cualquiera merece mi corazón, cuando encuentre a la indicada, prometo avisarte para que seas testigo de mi boda. —Gabriela sonríe incomoda y para hacer más incomoda la situación me dirijo a su hermana para hacer conversación.




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