ILLIANIS.
Mis manos tiemblan aún se me hace difícil creer que regresaré a casa a mi planeta, tengo a mi hijo en brazos, Nereus está controlando la nave, Polo y Astrid están hablando, miro la cara de mi niño mientras duerme, tiene puesta esa mascara, esta como la última noche que dormimos juntos, mis ojos se llenan de lágrimas, pobre mi pequeño todo este tiempo solo en un cuarto lejos de mami, lejos de su tío al cual amaba.
—Llegamos, escuchen bien, solo tenemos unos pocos minutos, pónganse estas mascarillas, por ningún motivo se las vayan a quitar, esa puerta es demasiado dura, así que necesitare la fuerza de todos, allá afuera no vamos a poner hablar, así que lo que tengan que decir o las preguntas que tengan es ahora, entienden.
—¿Hay guardias afuera?
—No es común que haya alguien aquí, el aire es demasiado toxico así que no.
—¿Me ayudarías con mis cosas?, tengo que llevar a mi hijo
—Polo llevara a Aurelio y tu carga tus cosas no soy tu sirviente.
—¿Y yo sí? —Dice Polo entre risas, para calmar la tensión.
Polo toma en sus brazos a mi hijo, Nereus va al frente con su espada lista para luchar en caso de ser necesario, siento que tiemblo, no puede ser que este por regresar.
Bajamos de la nave lo más rápido que ponemos, corremos a la entrada que Nereus le da una fuerte patada a la puerta y logra abrirla, caminado por un pasillo, hasta el fondo, todos estamos muy nerviosos, aunque tenemos puestas las máscaras se siente el aire toxico entrar en los pulmones, aunque es raro decirlo, no debería existir el aire aquí, pero bueno ya nada de lo que creía tiene sentido, bajamos por unas escaleras hasta llegar a una especie de sótano.
Nereus abre esa puerta y al entrar mi mente se queda en blanco, hay unas puertas y efectivamente encima de cada puerta están talladas as fotos de todas las humanizaciones de los planetas, el piso es completamente transparente, que te da una fascinación y miedo a la vez.
Astrid esta asustada, se queda recostada a la puerta, Nereus en cambio se quita la máscara y comienza a caminar como si nada, Polo se nota nervioso, creo que es el más acostumbrado a estas cosas.
—Hemos llegado, observen bien esos rostros, para que si por algún motivo llegaran a verlos estén entrados de quienes son, sus rostros nunca se duplican, ya que es conocido que en la Tierra muchas personas se parecen. —Miro con mucha calma cada rostro, en especial a la Tierra siento que su rostro lo he visto.
—Terrícola ¿En qué piensas? —¿Que dijo?, no estoy para sus bromas.
—¿Por qué me dices así?
—Eres una terrícola, ahora te vas a ofender por decirte así. —Me responde muy tranquilo, mientras camina de un lado a otro como si fuera muy común caminar por un suelo de vidrio o bueno eso parece.
—Lo soy, pero no me digas así, tengo un nombre, además el rostro de la Tierra se me hace conocido.
—Entonces la conoces.
—No, como voy a conocerla, eso es imposible.
—Terrícola, si has visto ese rostro en algún lado la viste a ella, los planetas no se parecen a nadie, sus rostros son únicos en el mundo. —Me puse a pensar en eso, si es así porque parece haberla visto.
—Seguro fue a comprobar que seguías viva, ella sabía de la obsesión de Saturno hacia ti, capaz y te visito alguna vez.
—¿Pueden hacer eso, hablar con los humanos?
—Babosa, vives en ella, puede hacer lo que se le da la gana, puede salir entre todos y matarlos si desea, ella es la que no se atreve, los únicos que no pueden llegar a estar entre humanos son los demás planetas, si eso sucede todo el sistema colapsa, aparte que serían visives en el espacio, lo que ustedes llaman cielo.
—Guao, sí que hay muchas cosas que no se.
—Cuando hay desastres naturales como ustedes le llaman, es ella que se cansó o esta de malas, así que mejor cuiden la naturaleza de su planeta, en cualquier momento se le suben las hormonas a esa loca y ocasiona un desastre, pero basta de enseñanzas, abramos esa puerta.
Se acerco a la puerta, nosotros caminábamos con miedo, Polo me da a mi hijo para que lo cargue y ayuda a Nereus, Astrid camina hacia mí con miedo.
—No quiero ver hacia abajo, si no te juro que me desmayo. —Dice abrazándome.
—No pasara nada tranquila.
Logran abrir la puerta, se puede ver un camino parecido a un bosque, Nereus entra y para revisar el lugar y nos da la señal, Polo me ayuda con el niño, al entrar siento como si al pasar a otro mundo a uno mágico, como en las películas.
—Puedes quitarle la máscara a tu hijo, este es su territorio, solo tienes que esperar a que su cuerpo reaccione, que reconozca su atmosfera.
—Aquí es como estar en la Tierra, ósea…. ya sabes a lo que me refiero. —Dice Astrid ya más tranquila.
—Si, no sé exactamente en qué lugar del planeta nos encontramos, o se encuentre la fortaleza donde ella vive, pero todo lo que corresponde al planeta es igual.
—Aurelio sigue dormido.
—Dale tiempo fueron 500 años lejos, ha a demorar en reaccionar, solo monitorea que respire.
—Bueno solo espero que no nos ataquen. —Ataquen, ok eso no suena bien.
—¿Quienes nos pueden atacar?
—Estamos en territorio ajeno, es muy común que Tierra y Saturno ya estén enterados qe estamos aquí.
—¿Nunca nos dijiste eso?
—Tierra es muy sensible, siente todo lo que pasa en cada rincón de ella, estamos en lo más sagrado que es su puerta de ingreso, ¿Acaso creen que no se iba a dar cuenta? —Tiene razón estamos en lo más sagrado para ella.
—¿Crees que nos ayude?
—No lo sé, el único que puede ayudarnos es el Sol, si él se enfrenta a Saturno todo esto acabara, pero hay el riesgo de que desaparezca alguno de los dos y si eso sucede puede haber algún daño irreparable en el sistema solar.
Caminamos rumbo a la fortaleza donde supuestamente se encontraría la Tierra, espero que nos ayude, el lugar era muy tranquilo, caminamos como una hora pasamos por un rio, Polo cargaba a mi hijo y Astrid caminaba a su lado, Nereus siempre al frente, observando todo.
#1231 en Ciencia ficción
#12825 en Novela romántica
otrosplanetas, amor y sacrificio, reencuentros segundas oportunidades
Editado: 06.01.2026