Licht.
Una pequeña llovizna abrazaba toda la ciudad, el ambiente fresco y húmedo te hacia querer dormir todo el día, algo que anhelaba pero que sin duda no podía realizar.
Me encontraba en la casa que tiempo atrás había sido mi hogar.
Mire a mi alrededor, la amplia sala me recibió, una suave melodía se escuchaba en la cocina, papá se había tomado el día y estaba cocinando para ambos, quería tiempo con su Solecito (Lo sé, es muy cursi que papá te llame así teniendo veintiuno)
Pero, era un apodo que mamá solía decirme. Según lo mencionado por mi progenitor; era un consentido y amaba la voz de aquella mujer.
Pensar en mamá me hacía sentir en una montaña rusa de emociones: Tristeza, inseguridad y tranquilidad.
Tristeza, porque dolía no tenerla físicamente, aunque crecí escuchando de ella, ya que papá la mencionaba a menudo y me mostraba fotos; en donde su mirada angelical y sonrisa dulce llegaba a lo más profundo de mi corazón y lo destrozaba de a poco.
Crecí oyendo su voz y mirándola bailar, reír y siendo feliz, crecí leyendo su diario que contaba todas sus historias, pero... Me sentía melancólico, porque a pesar de todo eso la necesitaba físicamente, la necesitaba aquí.
La inseguridad se instalaba en aquellas noches que papá no estaba, que papá trabajaba y me quedaba solo. La inseguridad se instalaba cuando sentía que la vida se me iba si ella no estaba conmigo, cuando necesitaba un abrazo no solo de papá, sino de ambos y no la encontraba por ningún lado. Se instala cuando me encontraba solo y la quería cerca de mí.
Tranquilidad, porque sé que aunque ella no está, la siento en mi corazón, que aunque mi mente no la recuerde, la tengo presente dentro de mí y eso me hace sentir tranquilo.
También, papá influye mucho en que todo esté en calma, él siempre ha sido mi refugio cuando me quiebro, él siempre ha estado allí haciendo el rol de ambos. Estoy agradecido de tener a papá...
Tomé un sorbo de chocolate caliente, mis papilas gustativas revolotearon al sentir cuan rico sabor, haciéndome olvidar por un momento y viajar al aroma de la castaña y en sus ojos claros; tan electrizantes y brillantes.
Suspiré.
Las sonrisas que me regaló la noche anterior fueron las más lindas que pude obtener de una chica. Sus ojos brillosos me demostraron que había valido la pena todo esto.
Ciertamente había olvidado aquella pequeña chica que saludaba y me sonría día tras días en el Instituto.
Pensar en Elaine me hacía sentir tranquilo. Me llevaba a un lugar de luz en donde todo estaba en calma.
Recordar el sonido de su voz, la sutileza de sus gestos y su cabello siendo movido por la suave brisa, era uno de mis panoramas favoritos.
Elaine hacía de mis días uno de los mejores.
Pase mi mano por mi rostro, debía concentrarme o no terminaría con el proyecto que debía realizar para la editorial a la cual trabajaba. Que aunque podía entregarlo después, ya que el dueño era mi tío y me daba chance, me gustaba ser puntual.
No faltaba mucho por culminar y tendría la tarde libre, ya que tiempo atrás había adelantado los exámenes de la Universidad.
Sólo debía concentrarme en el computador que reposaba en mi regazo y todo marcharía bien.
Pero, primero quería saber cómo estaba.
Tomé mi móvil, marque su número. Pasaban de las once y media de la mañana, debe estar saliendo de casa, la noche anterior me comentó que retomaría de nuevo el trabajo de ser niñera, cuidando a la niña de su Jefa. Amaría ver eso.
-¿Licht?-Preguntó, se escuchaba el ruido de los autos y la gente hablando. Deduje que estaba en el bus.
-Hola, Ela. -Hablé, escuché una pequeña risita de su parte que me hizo sonreír como un tonto.
-¿Cómo estás? Perdón por no escribirte ni nada, pero es que me levanté tarde e incluso voy tarde-Hace un pequeño lloriqueo, me la imagino haciendo un tierno puchero como siempre lo hacia cuando hablábamos por video llamadas. Que hacia que me derritiese de amor.
-Te llamaba por esa misma razón, quería saber como estabas.-Mordí mi labio, reprimiendo una sonrisa.-Y para desearte un lindo día que a pesar que vas tarde, sé que será grandioso.
Duró unos segundos en responder.
-Gracias por siempre estar pendiente, Licht. Todo marcha bien por aquí, un poco alborotoso pero bien.-La escuché reír.
-Espero todo salga buen hoy.-Miré la hora en el computador.-Ya debo irme.
-Ten lindo día tú también.-Exclamó para luego colgar.
Suspiré mirando el teléfono como un tonto.
¿Qué hechizo me colocó esa chica?
Dios mío, sonrío como un psicópata cuando se trata de ella.
Una aclaración de garganta me hizo levantar la mirada, papá estaba observándome. Sus ojos mieles me escudriñaron y una leve sonrisa apareció en sus labios.
-Te tiene mal...-Susurró, acercándose a mí.
-Es mi amiga, papá.-Mencioné, desviando la mirada de aquellos ojos que leían mis pensamientos.
-Eso mismo decía de tu madre y estaba absolutamente loco por ella.-Dijo, mientras tomaba un sorbo de su café.
-Esto es diferente...-Hablé, el soltó una carcajada negando levemente, lo que me hizo fruncir el ceño, no entendía.
-No sabes mentir, solecito.-Sé levanto y marchó de allí.
Moví mi cabeza de un lado a otro, era mi amiga, la verdad que sí lo era.
Pero... ¿Por qué mi corazón se aceleraba cuando oía su voz? ¿Por qué me derretía de ternura cuando veía su carita? ¿Por qué...?
Solté un largo suspiro, frotando mi cien;
-Basta Licht, debes concentrarte- murmuré para mí mismo.
Tomé el ordenador, empezando a crear y diseñar. Perfeccionando y acomodando cada pequeña parte que no me gustaba, no debía distraerme pero, tengo que admitir que los ojos electrizantes de Ela aparecían de vez en cuando en mi mente, haciéndome sonreír y desconcentrarme.
Estoy perdido en esos dos faros de luz cegadora, en ese brillo que irradia.
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Editado: 18.06.2026