Scoxion - El Errante del Mar

Capítulo 4 - La cueva que cambia de lugar

Durante años busqué la cueva donde todo empezó.

Al principio lo hice mal. Preguntaba en los muelles, perseguía rumores y me metía en cualquier costa donde alguien dijera haber visto luces raras. Perdí dinero, tiempo y casi me mato más de una vez por entrar en sitios sin revisar primero.

Después entendí que así no iba a encontrar nada.

Si quería seguir esas cuevas, tenía que hacer algo mejor que actuar por rabia. Tenía que medir, anotar y comparar. Me obligué a trabajar como capitán otra vez: con paciencia, con rutas claras y con registros que no dependieran de mi memoria.

Esa mañana estaba en un islote frío. El viento me pegaba en la cara y la arena se me metía en las botas. Clavé una estaca cerca del agua, até una cuerda con marcas y medí la marea. Tenía el cuaderno abierto sobre una roca, cubierto con una lona para que no se mojara.

A mi lado dejé una brújula vieja, una tablilla para apuntar las horas y un cuchillo por si acaso.

Mis manos trabajaban rápido. Eso seguía molestándome. Tenía fuerza, buena vista y casi no me cansaba. Mi cuerpo se veía joven, pero yo seguía cargando años que nadie podía ver.

Un pescador del lugar me observaba desde lejos. Llevaba una red al hombro y cara de no saber si hablarme o marcharse.

Al final se acercó.

—Oye —dijo—. Si viniste a pescar, elegiste mal. En esta playa no hay nada.

No levanté la vista del cuaderno.

—No busco peces.

—Entonces, ¿qué buscas? —preguntó—. Si es oro, aquí solo vas a encontrar piedras.

Terminé de hacer un nudo en la cuerda y lo miré.

—Busco una cueva.

El pescador se quedó callado. Su cara cambió al instante.

—Ah —murmuró—. Entonces eres uno de esos.

—¿Uno de cuáles?

—De los que hacen preguntas raras sobre la costa. En el puerto hablan de ti. Dicen que apareces en distintos lugares, preguntas por cuevas, por náufragos y por gente que desapareció hace años.

Guardé el lápiz.

—La gente habla demasiado.

—También dicen que no envejeces.

Lo dijo sin rodeos. No parecía burlarse. Parecía preocupado.

Me quedé quieto unos segundos. Había escuchado ese rumor antes, pero cada vez llegaba más lejos. Eso me ponía en peligro.

—La gente inventa cosas cuando no entiende lo que ve —respondí.

—Sí —dijo él—. Pero cuando muchos cuentan lo mismo, uno empieza a dudar.

No contesté.

El pescador miró hacia el agua y bajó la voz.

—Mi tío entró en una de esas cuevas hace años. Lo encontraron tres días después, caminando por la playa. Estaba vivo, pero ya no era el mismo. No recordaba su nombre ni reconocía a su familia. Ahora se asusta cuando oye el mar.

Esa información me hizo mirarlo con más atención.

—¿Dónde estaba la cueva?

El hombre frunció el ceño.

—¿Eso es lo único que vas a preguntar?

—No es lo único, pero es lo primero.

—Te estoy diciendo que mi tío quedó mal.

—Te escuché. Por eso necesito saber dónde ocurrió.

El pescador dudó. Miró hacia el norte y luego volvió a mirarme.

—En el acantilado del norte. Había una entrada grande, oscura, con marcas en la piedra. Al día siguiente desapareció. La costa quedó lisa, como si nunca hubiera estado ahí.

Anoté rápido.

—No desapareció —dije.

—¿Cómo que no?

—Cambió de lugar.

El pescador soltó una risa nerviosa.

—¿Y eso te parece normal?

—No. Me parece útil.

El hombre dio un paso atrás.

—Tú de verdad estás metido en algo peligroso.

—Desde hace mucho.

—En el puerto también dicen que hay gente con capuchas buscando lo mismo —añadió—. Si sigues con esto, te van a encontrar.

Cerré el cuaderno.

—Me encontraron hace años.

—¿Y no te importa?

—Me importa. Pero no voy a dejar de buscar.

El pescador apretó la red contra el hombro.

—No me metas en tus problemas.

—No lo haré —le dije—. Pero si ves luces en la costa, gente moviéndose de noche o frascos raros, avísame. Puedo pagarte.

—¿Y si me pasa algo?

Lo miré de frente.

—Entonces no lo hagas. No necesito héroes. Solo necesito información.

El hombre asintió sin estar convencido y se marchó.

Durante los meses siguientes repetí la misma rutina en varias costas. Medí mareas, revisé el viento, anoté la hora, marqué la posición de la luna y comparé los relatos de los pescadores. No me importaban los cuentos exagerados. Buscaba detalles que se repitieran.



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Editado: 04.08.2026

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