Se Paciente Conmigo |terminada|

33

BAADIR GIRAY

—Maldito, lo odio y a ella también. —digo en voz baja.

«A quién engaño, no puedo odiarla como desearía.»

Cierro la puerta harto de ver como se besan y no me importa si me escucharon o no. Salgo del patio trasero de la casa de Eli maldiciendo internamente a Ahmed, porque él es el culpable de todo esto.

«Si no hubieras aparecido, ella todavía me seguiría queriendo, maldito.»

Detengo mis pasos cuando veo a Issadora llegar junto con Emir. Ambos vienen hablando y yo hasta ahora recuerdo que ese imbécil quería ayuda para llegar con algún pretexto a la casa de los Aydin que no delate que Issadora nunca estuvo en la ciudad.

Ambos me ven y antes de que digan algo, me acerco.

—Qué bueno que te encuentro ¿Dónde andabas? —suena aliviado.

—Estaba recogiendo algunas cosas que se me quedaron en casa de los Aydin cuando hacía el libro. —miento y espero no me siga preguntando porque en este momento no estoy para andar inventando excusas.

—Bueno, no importa —toma del brazo a Issadora y literalmente la lanza contra mí—. Ya sabes lo que tienes que hacer con la hermana de Elizabeth y sus padres.

Issadora ni siquiera me mira, se ve algo extraña y perdida en su mundo, pero tampoco me interesa mucho la verdad.

Abro la boca a punto de decir todo lo que acabo de escuchar de Ahmed y Elizabeth para su famoso escape. Si se lo digo a Emir acabaría de raíz con el problema, pero...

«Espera Baadir, eso te puede servir luego, ahora no es el momento.»

Ya que ambos me han quedado viendo porque estuve a nada de echar de cabeza los planes del otro imbécil, hablo de otra cosa.

—Issadora ¿Te encuentras bien? —digo con fingido interés.

—S-si ¿Por qué no lo estaría? —suena nerviosa.

Estoy a punto de insistir pues no quiero que la vean en ese estado sus padres y me echan la culpa a mí. Pero para mí mala suerte, abren la puerta de entrada principal de la casa y veo a la señora Aydin la cual al ver a su hija esboza una gran sonrisa.

La señora tarda en reaccionar, pero cuando lo hace se acerca rápidamente a donde estamos. Antes de que la señora llegue, escucho a Emir hablar por lo bajo a Issadora.

—Ya sabes las consecuencias Issadora, no me hagas repetirlas.

La madre apenas llega la abraza y empieza a dar gracias a Dios por la llegada de su hija. Un momento muy empalagoso si me lo preguntan.

—¿Por qué tardaste tanto tiempo en regresar a casa cariño mío?

—Lo siento mami, tuve mucho trabajo gracias a Baadir. —Me señala.

—Muchas gracias Baadir —me mira contenta—. De seguro constataste que mi hija hubiera sido la mejor para hacer el libro y...

Tengo el impulso de corregir que para ellas soy "Señor Giray" pero lo dejo pasar por esta vez, esperando que Issadora termine de contar su mentira para yo secundarla.

—Ya mami, eso ya pasó, ahora lo que importa es que estoy en casa. —dice y casi ni se nota que hace unos momentos estaba mal.

—De seguro fuiste la mejor cariño, tú siempre has sido la mejor y mi único orgullo. —la vuelve a abrazar.

—Señora Aydin, buenas noches —interviene Emir.

—¡Oh! Hijo —se separa de Issadora asustada—, no te había visto, perdón, pero estaba tan contenta por el regreso de mi hija que...

—Si, no se preocupe, entiendo, pero quisiera pasar a hablar ciertas cosas sobre el asunto de Elizabeth.

—¿Asunto? —habla Issadora— ¿De qué hablan mami?

Justo en ese momento llega el señor Aydin y al vernos nos saluda a cada uno, claro, deteniéndose más tiempo en su hija, pero no tanto como su madre, de hecho, fue un recibimiento un tanto distante.

—Pasen por favor, los invito a un té mientras hablamos. —dice el señor y todos vamos tras él.

Al entrar a la sala todos notamos que Elizabeth está algo perdida en sus pensamientos mientras se mantiene apoyada en la puerta que da al sótano.

«De seguro estás pensando en él.»

Noto que por debajo de la puerta se ve una luz e intuyo que es porque Ahmed se encuentra ahí aún, por lo que se me ocurre algo.

—Elizabeth ¿Por qué dejas prendida la luz? —hablo y capto de inmediato la atención de todos— ¿Hay alguien ahí abajo?

Su rostro me demuestra que no sabe que excusa inventar. Pero, aun así, no me arrepiento de ponerla en aprietos.

—¿Escuchaste la pregunta o eres sorda? —dice seria la madre.

—N-no mamá, pensaba..., pensaba bajar y...

—No vuelvas ahí, tenemos invitados y debes atenderlos. —nos señala—. Apaga la luz ahora.

—Está bien lo haré, pero antes, hola Issadora, me alegro de que hayas regresado, te extrañé. —trata de cambiar de tema.

Issadora no responde y solo le muestra una mueca.

«Él plan no te funcionó Elizabeth.»

De pronto su semblante cambia y va casi corriendo en mi dirección, pero pasa de mí. Doy la vuelta y veo como abraza a Emir de manera efusiva.

«Entiendo Elizabeth, estás tratando de desviar la atención, pero no te saldrás con la tuya.»

—Yo apagaré la luz —le digo al señor Aydin—. Dejemos que los novios se saluden como debe de ser.

Sin esperar la aprobación de nadie voy hasta la puerta la cual abro a medias para apagar de inmediato la luz. No quiero ni siquiera ver si ese imbécil sigue ahí abajo.

Regreso justo cuando el señor Aydin nos invita a tomar asiento. Los padres de Elizabeth y su hermana se sientan frente a nosotros en un solo sofá que es similar al que estamos usando Emir, Elizabeth y yo.

—Bueno señor Aydin —empieza Emir—, hoy venía justo a hablar con ustedes porque al fin he encontrado la casa para vivir con Elizabeth.

Nadie emite un sonido por varios segundos, hasta que el mismo Emir rompe el silencio.

—Mañana mismo me llevaré a Eli a vivir conmigo, como debía hacerse desde un principio.

—Creo que es muy pronto para mi hija ir a vivir contigo Emir —trata de mediar el padre—. Tal vez después de la boda...




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