Secretos compartidos

Prologo

PRÓLOGO

"El amor es invisible y entra y sale por donde quiere sin que nadie le pida cuenta de sus hechos."
— Gustavo Adolfo Bécquer

El amor a veces llega de la forma menos esperada. No golpea la puerta. No avisa. Se cuela entre los silencios, en medio de un mundo que parece tenerlo todo en contra.

Aysel no planeaba enamorarse. No tenía tiempo, ni espacio, ni razones. Su vida ya estaba lo bastante enredada como para añadir otra complicación.

Pero él apareció.

Justo cuando menos lo imaginaba, justo cuando más lo necesitaba.

Caelan Osmanoglu.

De él había escuchado todo tipo de cosas. Que era arrogante, que venía de una familia de oro, que vivía como si nada pudiera tocarlo. Y al principio creyó que todo era cierto.

Pero entonces lo miró de cerca.

Y se dio cuenta de que también cargaba con un silencio distinto. Uno más elegante, mejor disimulado, pero igual de profundo que el suyo.

Él tampoco pensaba enamorarse.

Pero hay miradas que desarman hasta al más escéptico.

Y Aysel lo miró como nadie más lo había hecho: sin temor, sin filtros, sin esperar que fuera perfecto.

Lo que empezó como un choque de mundos, de clases y de ideas, se convirtió en algo más. Algo que no pudieron detener. Algo que creció, incluso cuando el entorno gritaba que no debía hacerlo.

Entre secretos antiguos, mentiras recientes y cicatrices mal cerradas, ambos aprendieron a reconocerse. A notar cuándo el otro estaba a punto de quebrarse. A entenderse sin necesidad de hablar.

Nadie apostaba por ellos.

Y tal vez por eso decidieron no dar explicaciones.
No a sus familias.
No al mundo.
Solo a sus propios latidos.

La verdad es que no todo fue romántico. Hubo noches llenas de dudas. Hubo lágrimas, palabras que se quedaron atrapadas en la garganta y decisiones que dolieron.

Pero también hubo momentos en los que el tiempo parecía detenerse solo para ellos. Instantes en los que los temores desaparecían y lo único que quedaba era la certeza de que se tenían el uno al otro.

Y en medio de todo ese caos disfrazado de destino, hicieron algo que nunca imaginaron: eligieron caminar juntos, incluso si nadie más entendía por qué.

Así que, si alguien pregunta cómo comenzó esta historia, no sabría qué responder exactamente.

Tal vez fue un cruce de miradas.
Tal vez una frase mal dicha.
O un silencio compartido.

Pero si preguntan cómo termina...

Digamos que hay un anillo.
Una promesa hecha en voz baja.
Y un “sí” que nadie escuchó más que ellos dos.

Porque no todo amor necesita testigos.

Algunas historias no nacen para brillar frente a todos. Algunas solo quieren sobrevivir al ruido y al caos.

Y a veces, lo logran.



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Editado: 08.02.2026

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