Aysel.
“El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos.”
— Arthur Schopenhauer
—Hola, soy Aysel, tengo 22 años y estoy profundamente agradecida por esta oportunidad de entrevista… —murmuré frente al espejo del baño, ensayando las palabras que repetiría en unas pocas horas.
Esta entrevista podría cambiar el rumbo de mi vida.
—Vamos, concéntrate —me dije, esforzándome por mantener la seguridad en mi voz. Volví a intentarlo—. Hola, mi nombre es Aysel, soy graduada en diseño de modas y estoy…
—¡Aysel! Tienes treinta segundos para salir del baño o juro que… —la voz de mi hermana menor, Michel, retumbó al otro lado de la puerta, interrumpiendo mi práctica.
—¡Ya voy, lunática! —respondí con una mueca mientras abría la puerta.
Salí con la toalla envuelta al cuerpo y el cabello ya seco, recogido con unas pinzas. Me dirigí a mi cuarto, pasando al lado de Michel e ignorando el enojo reflejado en su rostro.
Frente al espejo de cuerpo completo, observé con atención mi reflejo.
—Este conjunto no… —murmuré, descartando varias opciones de ropa.
—Demasiado informal… —bufé, lanzando otro conjunto sobre la cama.
Cansada de buscar, terminé eligiendo una camisa azul oscuro, un saco azul cielo y unos pantalones negros, acompañados de tacones del mismo color.
Ya lista, caminé hacia la cocina.
—Estás muy linda, Aysel —dijo mamá, acercándose con una sonrisa cálida.
—Gracias, mamá.
—¡Acércate y mira esto, Aysel! —Michel hablaba con la boca llena, sentada en la mesa.
Me acerqué a su lado, tratando de ignorar el desastre frente a ella, y leí la noticia que me mostraba.
“El joven músico de la familia Osmanoglu publicó su primer álbum: ‘Siempre tú’”.
—¿Y qué quieres que haga? —dije, encogiéndome de hombros mientras me servía desayuno.
—¿Ya escuchaste el disco? Se llama “Tú y yo”. Es para morirse. Tiene una voz hermosa y es guapísimo. De verdad quiero verlo en persona…
Mi hermana seguía parloteando sobre ese nuevo cantante, pero yo solo podía concentrarme en lo deliciosos que estaban los panqueques.
—Mamá, estos panqueques están increíbles. Te quedaron mejor que la última vez.
—Gracias, siéntate y come despacio —respondió desde la cocina.
—¿Escuchaste lo que te conté?
—Ah, no. Me lo cuentas luego… —miré el reloj en mi muñeca—. ¡Tengo que irme!
Agarre mi bolso y mi celular con prisa. Me levanté, me incliné para besar a Michel en la coronilla y, al mirar de nuevo el reloj, vi que solo me quedaban treinta minutos para llegar.
Salí del apartamento con un solo pensamiento en mente.
—Hoy será un gran día —susurré con una sonrisa.
—Sí que lo será, niña. Estás muy bien vestida, ¿a dónde vas? —me encontré a la señora Lucía en el pasillo, caminando hacia mí con su pequeño bastón.
—Hola, señora Lucía. Estoy así de elegante —di una vuelta lenta para mostrarle el atuendo— porque voy a una entrevista.
—Eso es fantástico. Bajemos juntas, recordé que tengo que hacer unas compras.
Entramos juntas en el ascensor.
—Dime, Aysel, ¿en qué empresa es la entrevista?
—No es muy conocida, apenas tiene un año. Dudo que la haya oído nombrar.
Durante el trayecto le conté lo emocionada que estaba por esta oportunidad.
—Nos vemos luego, Aysel.
—Adiós, señora Lucía.
Me despedí con la mano mientras caminaba de espaldas. De pronto, choqué contra alguien.
—¡Oye, cuidado! ¡Fíjate por dónde andas! —una voz masculina resonó a mis espaldas.
—Lo siento —me disculpé sin detenerme a ver su rostro y continué mi camino con prisa.
Hice una seña a un taxi y subí rápidamente.
—Hola, necesito que me lleve a esta dirección —dije deprisa, mostrándole la ubicación en mi celular.
Bajé la ventanilla y dejé que la brisa del verano me acariciara el rostro, disipando un poco los nervios.
Un edificio moderno y elegante se alzaba frente a mí, con sus puertas abiertas, invitándome a entrar en lo que podría ser mi futuro lugar de trabajo.
Entré y tomé una larga respiración. El aire olía a café y a una mezcla de perfumes.
La secretaria me guió hasta la sala de espera: un pasillo con una docena de sillas distribuidas a ambos lados.
Demasiadas chicas aquí.
Me senté cerca de la puerta. No podía creer cuántas personas esperaban lo mismo que yo.
Pasó una hora y media en la que me mantuve ansiosa, golpeando suavemente el piso con el pie y repitiendo mentalmente las palabras que había ensayado.
—Señorita Aysel Jones, puede pasar —la voz de la secretaria me sacó de mis pensamientos.
Me levanté con emoción; por fin era mi turno. Al ponerme de pie, sentí un ligero adormecimiento en las piernas.
Me llevaron hasta una oficina y me indicaron que me sentara. El sudor de los nervios ya empezaba a aparecer.
Frente a mí, cuatro personas me observaban con atención.
—Buenos días, mi nombre es Aysel Jones —intenté sonar firme, aunque mi voz tembló un poco.
Me hicieron varias preguntas. Para mi sorpresa, no eran tan complicadas como había imaginado.
—Bien, señorita Jones, nos comunicaremos con usted para informarle si ha sido seleccionada.
—Perfecto, estaré esperando su llamada —respondí con una sonrisa cortés antes de salir.
Al salir del edificio, por fin pude respirar con alivio.
Eso no fue tan difícil como creí.
Caelan
—Señor Caelan Osmanoglu, aquí le traigo la nueva solicitud de proyecto.
Editado: 08.02.2026