Secretos compartidos

capitulo 2

Caelan

Caelan

"El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados."
— Jean Paul Richter

Suspiro al ver la mansión frente a mí. Hace años que no piso este lugar. No desde aquel desafortunado día.

—Bienvenido, señor Caelan —me recibe Lan, el portero.

—Gracias.

—Señor, ¿dónde está su auto?

—Lo estacioné afuera, tranquilo, no es necesario que lo entres.

La lujosa y moderna mansión de estilo barroco, actual residencia de la familia Osmanoglu, se alza imponente frente a mí.

Miro el gran patio a mi alrededor. Incontables momentos felices viví aquí.

Alzo la vista al cielo y respiro profundo. Camino hacia la puerta y toco.

—Bienvenido, señor Caelan —el tono de sorpresa es evidente en la ama de llaves, la señora Lucía.

—Hola, señora Lucía. ¿Cómo ha estado?

—Muy bien —su mirada me examina de arriba abajo.

Entro y un sentimiento de nostalgia me atraviesa al percibir el mismo aroma de siempre: pino y canela. Bajo la cabeza al recordar esos viejos momentos. Sacudo levemente la cabeza para despejarme.

Camino hasta la sala de estar. Casi nada ha cambiado en este lugar en los últimos cuatro años.

Cuando estoy aquí, me siento abrumado por los recuerdos de un niño gateando, luego caminando y jugando conmigo…

—Hijo, cuánto te extrañé —mi madre entra y me saca de mis pensamientos. Me recibe con un cálido abrazo.

—Yo también te extrañé, madre.

—Hermano, ¿y a mí? ¿Acaso no me vas a abrazar? —aparece Marie.

—Claro que sí, ven aquí.

—Ya basta de abrazos o van a hacer que vomite —dice Lucas al entrar.

—Envidioso. Estás celoso porque no te dieron uno.

Me llevo la mano a la boca, intentando disimular la risa.

—No quiero un abrazo de Caelan, lo veo casi todos los días —rueda los ojos.

Desde el sofá, mamá me hace señas para que me siente junto a ella.

—¿Cómo te ha ido, hijo? Hace bastante tiempo que no te veía.

—Vendré más a menudo a visitarte, madre. Lo prometo.

—Señores, la cena ya está lista —anuncia la sirvienta.

Todos nos dirigimos al comedor para sentarnos como una familia… o al menos intentarlo.

El ambiente se vuelve incómodo. Me recuerda demasiado a mi difunta cuñada, Betty.

—Papá, ¿dónde está Berat? —pregunto.

—Ya sabes, hijo, después de todo lo que le pasó, raramente viene aquí —responde mamá.

—¿Quién querría estar en el lugar donde pasó más tiempo con su difunta familia? —dice Lucas con ironía.

—No te dirijas así a nuestra madre.

—Tranquilo, Lucas. Estoy bien —dice mamá.

—Sí, Lucas. Tranquilo, yo también estoy bien.

La figura de Berat aparece frente a nosotros. Todos nos tensamos al notar que escuchó todo.

Me levanto para abrazarlo.

—Hermano, cuánto tiempo.

—Tú te ves… más adulto, Caelan.

Sonrío ante su intento de elogio.

Berat se sienta frente a mí.

—Hermano, no era mi intención que escucharas eso —dice Lucas.

—No pasa nada. Todo lo que dijiste es cierto. Después de que mi esposa e hijo fueran asesinados en ese asalto al banco, no he vuelto a esta casa.

Su expresión es neutra, como si luchara por no mostrar lo que siente.

El silencio se instala mientras todos comemos.

—Caelan y Berat, necesito hablar con ustedes antes de que se marchen —dice papá.

—Bien —respondo.

Sentado en el sofá de la sala, me quedo mirando el retrato familiar.

—Extraño a ese pequeñín —digo en voz baja.

—Imagínate cuánto lo extraño yo —responde Berat, sentándose a mi lado.

Nos sumergimos en un silencio tranquilo, lleno de recuerdos.

—Bien, he vuelto —papá aparece en la sala.

Se acerca y me entrega unos papeles.

—Ahí está la propuesta detallada sobre la nueva campaña de cosméticos.

Les doy un vistazo rápido y los dejo a un lado. Me paso la mano por el cabello.

—Berat, sé que estás bastante ocupado como vicepresidente de la compañía. Por lo tanto, Caelan se ofreció —hace una pausa para mirarme— a ayudarte. Será el encargado del departamento de cosméticos.

—Papá, ¿qué estás diciendo? —Berat se mueve incómodo—. ¿Acaso no me crees capaz de llevar la campaña?

—Claro que eres capaz, pero tu hermano quiso participar en algo de la empresa.

Noto la mentira “blanca” en las palabras de mi padre.

—No importa. Berat, sabes bien que no me interesa un puesto alto en la compañía, solo quiero ayudar.

—Bien, perfecto —se levanta y se marcha sin mirarme.

Suspiro al notar su actitud.

—No le des mucha importancia —dice papá, encogiéndose de hombros—. Bebamos algo.

Saca una botella de vino Sauvignon Blanc de 1999.

—Solo una copa —le digo con una sonrisa.

—Sí, cielo, también prometo irme a la cama antes de las diez —imita la voz de mamá.

Ambos soltamos una carcajada.

Hoy no se sintió tan pesado estar en la mansión.

Farit Osmanoglu

—Señor Farit, ¿no que te irías a dormir hoy a las diez? —dice mi esposa con sarcasmo.

—No esperaba que escucharas eso.

Se acerca a mí con gesto serio.

—Oye bien, Farit. Me enteré de que Ameth saldrá de prisión en dos meses.

—¿Y eso qué? Sabes bien que ese cobarde no hará nada. En este país soy intocable.

—“En este país soy intocable” —repite con burla—. Idiota, tengo un mal presentimiento. ¿Y si quiere vengarse?

—Pues que venga por mí. Si lo hace, acabaré con él igual que hace años.



#11384 en Novela romántica
#2750 en Thriller
#1293 en Misterio

En el texto hay: #misterio, #secretos, #romace

Editado: 01.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.