Secretos de la familia Chardin.

Prologo.

Viernes, 28 de Julio de 2017.

Abro los ojos poco a poco, la luz me encandila un poco, en lo que mis ojos se amoldan a la luz, me doy cuenta de que estoy en un hospital. No recuerdo por que estoy aquí, pero en lo que intente moverme la punzada de dolor que atraviesa mi cuerpo hace que un gemido se estanque en mi garganta. Poco a poco fui tratando de moverme, muy lentamente pude enderezarme hasta sentarme en la cama. Me quite la delgada sabana que cubre mi cuerpo, veo mi cuerpo con moretones en los brazos y piernas, rasguños en todos lados y en mi pierna izquierda tengo una cortada muy grande con sutura, se ve hinchada y en mi brazo derecho tengo una vía, para pasar los tratamientos. Tengo también una mascarilla de oxigeno. Mire en todas las direcciones pero no vi nada fuera de lo normal: una mesa en una esquina, un sofá marrón, dos sillas de plástico y a los lados de la camilla hay todos esas maquinas para monitorizar el pulso, la presión arterial, entre otros. Hay una puerta de madera con un cristal en la mitad superior, frente a la camilla en donde me encuentro, también hay una ventana en una de las paredes laterales de habitación, es alta y pequeña con barrotes de metal. Espere a que alguien llegara pero no sucedió, a través del cristal de la puerta no se ve movimiento de personas, y por la ventana veo que es de noche. No sé que me paso, trato de recordar que ha pasado antes de despertarme aquí. Me di cuenta de que al lado de mí hay un botón rojo, lo tomo en mi mano y lo acerco para leer que dice, pulse para llamar a un asistente medico lo pulsé y en unos minutos llego un hombre de unos 25 años, afroamericano vestido de color blanco, muy parecido al de las paredes.
—Hola, que bueno que despertaras, mi nombre es Jacob. Soy tu doctor—
—Ho...— trate de responderle el saludo pero la voz no me salio para terminar de hablar, me ardió la garganta e hice una mueca de dolor tomando mi cuello para tratar de aliviar el dolor.
—Tranquila no hables, dejarme revisarse y luego te traeré algo de agua— asentí. Él se acerco y comenzó a hacerme el chequeo. Al terminar dijo que todo estaba bien y que volvía en seguida con el agua. Cuando regreso me bebí el agua y sentí como me iba aliviando a su paso. — ¿Ya puedes hablar?—
—Sí, gracias— recordé a mi madre, ella debería estar aquí conmigo. — ¿Donde esta mi madre?—
—Te tenemos que hacer unas preguntas de rutina, ¿recuerdas cual es tu nombre?— mi madre debió habérselo dicho.
—Soy Alíenor ¿y mi mamá? —
—Alíenor, ¿sabes como llegaste aquí?— habla mientras estaba escribiendo algo en la carpeta de metal que acabas de sacar de la parte de enfrente de la camilla.
— ¿Donde esta mi madre?— lo mire fijamente, con la mirada más fría que pude.
—Respóndeme las preguntas primero, por favor—
—Mi mamá ya debió decirte eso— se me quedo mirando en silencio pero luego salio sin decirme nada. Me molesta no saber donde esta mi mamá. Minutos después llego una mujer de 50 años aproximadamente, estaba vestida con un uniforme blanco pero otro modelo diferente al de Jacob, sonrió al verme pero yo no le correspondí. Se acerco a mí y tomo mi mano, trate de quitársela pero no me dejo.
— Hola linda, yo soy Margot. ¿Recuerdas por qué estas aquí?—
—No, pero quiero saber ¿donde esta mi mamá?— ella tomo una de las sillas de plástico y la puso al lado de la camilla para sentarse cerca de mi.
—Tu y tu madre tuvieron un terrible accidente automovilístico—
— ¿Como esta ella? ¿Donde esta? ¿Puedo verla?— mis ojos se van llenando de lágrimas, con solo pensar que mi madre esta mal.
—Lamento decirte esto, pero no podrás verla— ella acariciaba mi mano lentamente, algunas lágrimas bajaron por mis mejillas. sus ojos nunca se apartan de los míos.
— ¿Porque?—
—Lo siento pero ella no sobrevivió— el tiempo se detuvo. Muchos recuerdos de mi madre junto a mi me llenan la cabeza pero ninguno del supuesto accidente. No sé cuanto tiempo estuve llorando, pero la señora estuvo todo el tiempo conmigo. 
—Quiero verla— 
—Ya no puedes, el funeral fue hace cinco días—
— ¿Quien lo hizo?— ya ni la miraba al hablar, mi vista esta perdida en algún punto de la pared de enfrente.
—Tu abuela Odette, ella ha venido en las mañanas todos estos días—
— ¿Cuanto tiempo llevo aquí?—
—Tienes una semana— su voz no ha dejado de ser suave y tranquila.
— ¿Cuando me podre ir?—
—Todavía no, acabas de despertar y tienen que hacerte algunas pruebas y seguimientos para poder saber si ya estas mejor— no respondí, solo estaba sollozando suavemente. Todavía no creo que no veré más a mi mamá, ella no me pudo haber dejado, no ella también.
—Quiero estar sola, por favor— Margot asiente y mientras se dirige a la me regala una sonrisa triste. Recuerdos de la terrible noche en la que recibí la peor noticia de mi vida, hasta ahora, la muerte de mi padre... Muchas veces creo que es mentira y deseo poder encontrarlo, que haya perdido la memoria o algo así, pero tampoco lo quiero porque significaría que ya no me recuerda y nada sera igual que antes. Siempre que pienso en eso no sé como sentirme, quiero que haya sobrevivido, pero que sea como ante, cuando eramos los tres contra el mundo. Mi madre era mi apoyo, mi confidente, mi consejera, mi todo. No quiero aceptar que ella ya no estará ahí para mí, que no la podré ver más. Tengo que buscar la manera de salir de aquí, para ir a verla y despedirme... Sin poder evitarlo comienzo a recordar cada momento, bueno o malo, que pase con mi mamá. Mis lágrimas no se han detenido ni un segundo desde que me quede sola. Pese a que mi madre no estará físicamente conmigo, sé que nunca me abandonará, ella me lo ha dicho siempre. 



Willbelys Lombano

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En el texto hay: legado familiar

Editado: 31.03.2018

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