Temporada 2, Capítulo 1: "Ecos y Girasoles"
ESCENA 1 INT. HOSPITAL CENTRAL - PASILLO DE ONCOLOGÍA - DÍA
El blanco de las paredes es tan brillante que lastima la vista. El olor a desinfectante y medicamentos impregna el aire, ese aroma inconfundible que se te mete bajo la piel y te recuerda dónde estás.
En medio de esa palidez estéril, un estallido de color amarillo rompe la monotonía.
Son girasoles. Un ramo enorme, vibrante, lleno de vida.
IRENE camina por el pasillo. No lleva su habitual maquillaje perfecto ni esa actitud de reina del colegio que la caracterizaba hace meses. Se ve más sencilla, más humana. Sus pasos son silenciosos, casi pidiendo permiso al suelo para pisar.
Llega al mostrador de enfermería. La ENFERMERA JEFE (50s, rostro amable pero estricto) levanta la vista y suspira, reconociéndola.
ENFERMERA JEFE Otra vez aquí, niña. Es martes. Eres puntual como un reloj suizo.
IRENE (Con una sonrisa triste y tímida) Los girasoles no esperan, Sonia. Necesitan agua y luz. ¿Cómo... cómo está ella hoy?
Irene deja el ramo sobre el mostrador con delicadeza, como si estuviera entregando una ofrenda de paz. Saca un pequeño sobre color lavanda y lo coloca junto a las flores.
ENFERMERA JEFE Estable. La quimio de ayer la dejó muy cansada, pero esa chiquilla tiene una fuerza que no he visto en treinta años de servicio. (Mira las flores) ¿Seguro que no quieres entrar tú misma a dárselos? Ya han pasado tres meses, Irene.
IRENE (Baja la mirada, recordando sus errores) No. Su padre... el señor Miguel sigue muy dolido. Y tiene razón. Mi presencia solo alteraría las cosas, y lo que Irumi necesita es paz. Solo... asegúrate de que sepa que son para ella. Para que su habitación no se vea tan gris.
ENFERMERA JEFE Descuida. Ahora mismo los pongo en agua.
Irene asiente y da media vuelta para irse. Pero al girar hacia la sala de espera general, se detiene en seco.
A través del cristal de las puertas batientes, ve una figura sentada en una de las sillas de plástico incómodas.
Es RAÚL.
Lleva una sudadera con capucha, se ve más delgado y tiene ojeras marcadas, pero su postura es firme. No está mirando el celular ni distraído. Tiene la vista clavada en la puerta de la unidad de cuidados, inmóvil, como un guardia de piedra.
Irene se acerca despacio y se sienta a dos sillas de distancia. Raúl no se gira.
IRENE (Susurrando) ¿Sigue sin dejarte pasar?
RAÚL (Voz ronca, sin apartar la vista de la puerta) Ni un centímetro. Miguel dice que soy "caos". Y mientras él sea el guardián, el caos se queda fuera.
IRENE Llevas viniendo 90 días seguidos, Raúl.
RAÚL (Se gira lentamente para mirarla. Sus ojos ya no tienen arrogancia, solo una determinación feroz) Ella esperó por mí toda su vida, Irene. Fue mi fan cuando yo no era nadie y cuando fui un idiota. Esperar 90 días no es nada. Esperaré 90 años si hace falta.
IRENE (Sonríe levemente, conmovida) Quién lo diría... El gran líder de Aztariuz, acampando en un hospital. Te has tomado muy en serio lo de ser su fan número uno.
RAÚL Es lo único que me queda.
En ese momento, las puertas de la unidad se abren. MIGUEL sale, con el rostro cansado y una barba de varios días. Al ver a Raúl, su expresión se endurece instantáneamente, convirtiéndose en una máscara de hielo.
Raúl se pone de pie de un salto, enderezando la espalda, listo para recibir el golpe o el rechazo, pero sin retroceder ni un paso.
La puerta se cierra suavemente tras la salida de Miguel.
El silencio vuelve a llenar la habitación. IRUMI (17) está sentada en la cama, rodeada de almohadas que parecen intentar sostener un cuerpo que se ha vuelto más frágil.
ESTADO FÍSICO: Su piel tiene esa palidez traslúcida de quien lleva meses sin sol directo. Lleva un gorrito de lana suave tejido a mano (color rosa pastel) que cubre la ausencia de su cabello. Sus brazos, conectados a una vía intravenosa, se ven delgados, pero sus ojos... sus ojos siguen siendo dos faros enormes y expresivos, aunque ahora brillan con una capa de tristeza líquida.
Irumi se inclina hacia la ventana. Desde su posición, apenas se ve el estacionamiento y un trozo de cielo gris.
Pega la frente al cristal frío. Su aliento empaña el vidrio por un segundo.
IRUMI (Susurrando contra el cristal) Idiota... sigues ahí abajo, ¿verdad? Puedo sentir tu perfume caro hasta aquí arriba.
Una lágrima solitaria se escapa, recorriendo su mejilla. No es un llanto desesperado como el del final de temporada; es un llanto silencioso, de resignación y anhelo. Se limpia rápidamente con el dorso de la mano, furiosa consigo misma por mostrar debilidad.
IRUMI (Dándose palmaditas en las mejillas para espabilarse) ¡Ya, Irumi! ¡Basta de telenovela! El doctor dijo "cero estrés". Llorar arruga y tú eres una diva.
En ese momento, la puerta se abre. Entra AMELIA, cargando una bandeja con gelatinas de colores y una revista de moda.
Irumi cambia el "chip" en un milisegundo. Se gira hacia su madre y fuerza una sonrisa radiante, casi exagerada, agitando las manos (aunque el movimiento hace que el tubo del suero se mueva).
IRUMI ¡Madre mía! ¡Llegó el servicio a la habitación! ¿Qué me traes? ¿Caviar? ¿Langosta? Por favor dime que no es otra gelatina de limón, porque juro que me fugaré de este hotel cinco estrellas.
AMELIA (Sonríe, pero sus ojos de madre escanean el rostro de Irumi. Ha notado el rastro de la lágrima, pero decide no comentarlo) Es de fresa, tu favorita. Y te traje la revista con los chismes de la semana para que no se te atrofie el cerebro de tanto ver el techo.
Editado: 06.01.2026