Secretos de una fan 2

Capítulo 4: Fantasma de pelo verde

Capítulo 4: "Fantasmas de Pelo Verde"

ESCENA 1 EXT. CASA DE RAÚL - PORTÓN PRINCIPAL - TARDE

El "Te atrapé" de Hina flota en el aire frío, más pesado que la humedad de la lluvia.

RAÚL parpadea, confundido. Su cerebro, agotado por tres días de vigilia, no logra procesar la información. Solo ve a una chica desconocida, atlética y con el cabello verde, invadiendo su propiedad.

IRENE reacciona rápido. Baja del auto de un portazo. Sus botas altas de cuero negro golpean el asfalto con autoridad militar mientras camina para colocarse entre la ventanilla de Raúl y la intrusa.

IRENE Muy bien, "Zargon". El chiste terminó. Ya lo viste, ya comprobaste que está vivo. Ahora, si no quieres que llame a seguridad por acoso, te sugiero que des media vuelta y vuelvas a Cartago.

Hina ni siquiera mira a Irene. Sus ojos siguen fijos en Raúl. Son unos ojos grandes y expresivos, de un color verde esmeralda brillante... curiosamente, el mismo tono exacto que los de Irene, aunque su mirada transmite una energía totalmente distinta.

HINA (Su voz pierde el tono burlón y se vuelve suave, casi nostálgica) Sigues teniendo esa misma mirada de cachorro perdido cuando no entiendes algo, Raúl. El tiempo pasa, pero los gestos quedan.

Raúl frunce el ceño, molesto por la familiaridad.

RAÚL No sé quién eres, ni qué quieres. Si vienes por la colaboración, habla con mi mánager cuando tenga uno. Ahora lárgate.

Raúl pulsa el botón para subir el vidrio. La ventana empieza a ascender.

Hina extiende la mano y, con un movimiento rápido, pone la palma sobre el cristal, deteniéndolo. Se inclina más, acercando su rostro al de él. Sus ojos verdes brillan con intensidad.

HINA Tenías trece años.

Raúl se congela. Su dedo suelta el botón.

HINA Vivíamos a tres cuadras de distancia en Cartago. Íbamos en bicicleta hasta las ruinas. Y un día... simplemente desaparecí.

El corazón de Raúl da un vuelco doloroso. El cansancio desaparece de golpe. Mira el cabello verde, la ropa urbana... y luego mira esos ojos verdes. Esos ojos que conocía antes que los de nadie más.

RAÚL (En un susurro ahogado) ... ¿Hina?

HINA (Sonríe, pero es una sonrisa triste) Hola, Raúl.

IRENE (Mirando de uno a otro, notando la conexión y sintiéndose ajena) Espera... ¿ustedes se conocen? ¿De verdad se conocen?

Raúl abre la puerta del auto bruscamente y sale, quedando frente a Hina.

RAÚL Tú te fuiste.

No es una pregunta. Es una acusación. Su voz tiembla con el rencor de un niño abandonado.

RAÚL Me dejaste tirado. Sin una carta, sin una llamada. Un día fui a tu casa y estaba vacía. Pensé que... pensé que te importaba un comino.

Hina baja la mirada verde esmeralda por un segundo, avergonzada.

HINA No tuve opción, Raúl. Mi papá murió esa semana.

Raúl se queda de piedra.

HINA Fue un infarto. Todo fue un caos. Mi mamá no podía pagar la casa sin él, así que nos fuimos a Heredia en una noche. No tuve tiempo de despedirme. Y cuando quise contactarte años después... ya eras "Raúl, el de Aztariuz". Pensé que tú me habías olvidado a mí.

El silencio es absoluto. Irene da un paso atrás, sus botas haciendo un ruido sordo. Se da cuenta de que es una intrusa en esta historia.

RAÚL (Voz quebrada) Tu papá... él me enseñó a tocar mis primeros acordes.

HINA Lo sé. Por eso te busqué. No por la fama. Te busqué porque necesito saber si mi amigo sigue ahí dentro.

Raúl la mira, luchando contra las lágrimas. Finalmente, se aparta del auto y señala hacia la casa.

RAÚL Entra.

IRENE ¡Raúl!

RAÚL (Mirando a Irene) Vete a casa, Irene. Gracias por traerme. Pero necesito... necesito arreglar esto.

Irene aprieta los labios. Sus ojos verdes se encuentran con los ojos verdes de Hina por un segundo: un duelo de miradas idénticas. Irene entiende que ha perdido esta batalla.

IRENE (Seca, profesional) Bien. Pero dúchate. Sigues oliendo mal.

Irene se sube a su auto y arranca a toda velocidad. Raúl y Hina se quedan solos frente al portón.

HINA Bonita casa. Muy... "estrella solitaria".

RAÚL Cállate y entra antes de que me arrepienta.

Hina sonríe y cruza el umbral junto a él.

La puerta principal se cierra, aislando el ruido de la calle. El silencio de la mansión es abrumador. Es una casa de revista: muebles modernos, espacios amplios, arte abstracto... y completamente fría.

HINA camina hacia el centro de la sala, sus botas deportivas chirriando suavemente sobre el mármol pulido. Gira sobre sí misma, observando el techo alto y la lámpara de araña que parece no haberse encendido en años.

HINA (Silbando bajo) Vaya... así que esto es el éxito. Mármol frío y eco. En Cartago al menos teníamos vecinos gritando y olor a pan recién hecho. Esto parece... un mausoleo.

RAÚL se deja caer en un sofá de cuero, sin fuerzas ni para defender su decoración.

RAÚL Es mi casa, Hina. No un parque de diversiones.

HINA (Se acerca a una estantería donde hay premios de Aztariuz) No dije que fuera un parque. Dije que está muerta. Igual que tú estos últimos días, por lo que veo.

Hina toma uno de los premios, lo sopesa en su mano y lo vuelve a dejar, como si no le impresionara en absoluto. Se gira hacia Raúl, cruzándose de brazos. Su camiseta sin mangas deja ver la definición de sus hombros; el ejercicio físico parece ser su otra disciplina además de la música.

HINA Raúl, en serio. Apestas. Y no me refiero a tu actitud, que también, sino literalmente. Ve a ducharte. No puedo tener una conversación seria con alguien que huele a sala de espera de hospital y café rancio.



#163 en Joven Adulto
#1101 en Otros
#387 en Humor

En el texto hay: humor, drama, amor

Editado: 06.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.