Secretos de una fan 2

Capítulo 14: Hilos de un nuevo destino

Capítulo 14: "Hilos de un Nuevo Destino"

ESCENA 1 INT. CASA DE LOS HERNÁNDEZ - SALA - MADRUGADA (24 DE DICIEMBRE)

El reloj de pared marca las 2:15 AM. La sala está iluminada, pero se siente pequeña ante la tensión del momento.

MIGUEL está de pie, con los brazos cruzados, emanando esa aura de "poste guardián". AMELIA está sentada en el borde del sofá, ansiosa.

Frente a ellos, IRUMI sostiene la mano de RAÚL con fuerza. Es un agarre doble: uno de apoyo y otro táctico para evitar que el guitarrista salga corriendo por la ventana. La mano de Raúl está empapada de sudor frío, y sus ojos van de Miguel a la puerta, calculando rutas de escape que sabe que no usará.

El silencio se estira demasiado. Miguel suspira, rompiendo la atmósfera pesada.

MIGUEL Irumi, por el amor de Dios. Son las dos de la mañana. Raúl parece que se va a desmayar y tu madre ya se comió tres uñas. Habla de una vez.

Irumi respira hondo. Mira a Raúl un segundo, dándole un apretón tranquilizador, y luego enfrenta a sus padres.

IRUMI Tienen razón. Lo siento. Es solo que... esto es difícil de decir en voz alta.

Baja la mirada hacia sus zapatos, esos pies que ahora caminan firmes, pero que su mente a veces siente débiles.

IRUMI Durante mucho tiempo... siempre me sentí inferior. Me veía pequeña al lado de Noelia, que es tan profesional y tiene su vida resuelta. Y me sentía invisible al lado de Leila, que tiene ese genio para escribir y actuar. Ellas siempre supieron quiénes eran. Yo solo era... la enferma. La niña que necesitaba cuidados.

Raúl gira la cabeza bruscamente hacia ella, asombrado. Nunca imaginó que esa chica luminosa tuviera esa oscuridad por dentro. Quiere decirle que no es cierto, pero sabe que debe dejarla hablar.

IRUMI (Levanta la vista, con brillo en los ojos) Pero hace unos días... conocí a una chica. Alguien que no sabía nada de mí. No me juzgó, no me tuvo lástima. Solo me extendió la mano y me dijo algo que me abrió los ojos. Me hizo ver que no necesito ser "la mejor" en lo que hacen mis hermanas. Necesito ser yo.

Irumi suelta la mano de Raúl un momento para gesticular, apasionada.

IRUMI Entendí que mi don no es actuar como Leila. Tampoco soy una música prodigio como Raúl o Irene. Ni diseñadora de interiores como Noelia. Pero encontré lo que quiero hacer. Y quiero su aprobación, aunque sé que lo haré de todos modos.

Amelia se inclina hacia adelante, atrapada por la intensidad de su hija.

IRUMI Quiero diseñar ropa. Pero no cualquier ropa. Quiero diseñar para grupos teatrales, para músicos. Quiero crear vestuarios que enmarquen una personalidad. Quiero ser quien le dé vida visual a un personaje antes de que diga una palabra, o quien le dé una apariencia física a una voz.

El silencio vuelve a la sala, pero ya no es tenso. Es un silencio de asombro. Los padres ven a Irumi. Ya no ven a la niña hiperactiva que corría sin rumbo, ni a la paciente frágil. Ven a una artista con un propósito.

Amelia se levanta despacio y camina hacia ella. Le acaricia la mejilla con ternura.

AMELIA Mi amor... no tienes que pedirnos permiso. Eso es lo que tu corazón quiere que hagas, y si te hace feliz... entonces esfuérzate. Hazlo con todo tu ser y dale color a tu vida. Te lo mereces más que nadie.

Irumi sonríe, aliviada, y abraza a su madre.

Miguel descruza los brazos. Su expresión severa se suaviza, dejando ver el orgullo. Mira el retrato viejo del Abuelo Mauricio en la repisa. Piensa en el Teatro Hernández. Él decidió no seguir la tradición, eligiendo una vida más estable para proteger a su familia. Pero ahora, viendo a Irumi hablar de "dar vida a personajes", sabe que el legado está a salvo. Leila escribe las historias. Irumi las viste.

MIGUEL (Con voz grave pero cálida) Tu abuelo Mauricio estaría dando saltos de alegría, Irumi. Siempre decía que el teatro necesita mil manos para levantar el telón. Tú y Leila... aunque con roles distintos, son las que mantienen viva esa llama que nadie más puede encender.

Miguel se acerca y pone una mano pesada y reconfortante sobre el hombro de Irumi.

MIGUEL Cuenta con nosotros. Te compraremos las telas, las agujas, lo que necesites.

IRUMI Gracias, papá. Gracias, mamá.

Irumi se seca una lagrimita de felicidad. Vuelve a tomar la mano de Raúl, que ahora suda menos y aprieta con orgullo.

IRUMI Esa era la primera noticia. Mi futuro profesional. Pero... todavía falta la segunda.

La atmósfera cambia ligeramente. Miguel vuelve a ponerse un poco rígido. Raúl traga saliva ruidosamente, sabiendo que ahora el foco podría girar hacia él.

IRUMI Y esta noticia... tiene que ver con nosotros dos.

ESCENA 2 INT. CASA DE LOS HERNÁNDEZ - SALA - CONTINUO

La sala parece haberse encogido. MIGUEL espera con los brazos cruzados, impaciente por la segunda noticia. RAÚL siente que las piernas le van a fallar en cualquier momento; el sudor frío le recorre la espalda bajo la chaqueta de cuero.

IRUMI nota el temblor en la mano de Raúl. Sabe que él está ahí por ella, enfrentando sus propios miedos. Respira hondo, aprieta la mano de su guitarrista entre las suyas —que ahora parecen las fuertes de la relación— y mira a sus padres con una determinación inquebrantable.

IRUMI (Con voz firme, pero cargada de emoción) Por mucho tiempo creí que las obsesiones eran malas, y ¿saben qué? Es verdad. Pero fueron las obsesiones de una chiquilla de 16 alocada e invasiva, que lograron filtrarse al camerino de un chico y su banda con una caja de pizza vacía...



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En el texto hay: humor, drama, amor

Editado: 06.01.2026

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