ESCENA 1 INT. HABITACIÓN DE IRUMI - MAÑANA (PRINCIPIOS DE ENERO)
El desorden creativo ha invadido el cuarto. Hay retazos de tela de mezclilla y algodón esparcidos por el suelo, hilos de colores colgando del borde del escritorio y la caja de costura de la abuela abierta de par en par.
IRUMI (19 años) está boca abajo en la cama, con los pies descalzos balanceándose en el aire. Sostiene el celular contra su oreja con el hombro mientras intenta enhebrar una aguja con una mano. Sus ojos brillan con esa energía fantasiosa y acelerada de siempre, aunque ahora canalizada.
IRUMI (Hablando rápido, casi sin respirar) ¡Te lo juro, Lei! El papá de Raúl armó una fogata en el patio y terminamos cantando clásicos de rock en español a las tres de la mañana. Yo tenía tres abrigos puestos porque el frío de Cartago estaba insoportable, pero el ambiente era puro fuego. ¡Casi quemamos las pestañas de Irene con una bengala por andar de payasos! ¿Y ustedes? Cuéntame de Honduras, ¿cómo estuvo esa medianoche?
ESCENA 2 Casa de Noelia en Tegucigalpa Honduras (PANTALLA DIVIDIDA)
Al otro lado de la línea, el ambiente es mucho más sobrio y ordenado. LEILA (18 años) está de pie junto a la ventana de la sala. Aunque es la menor, se ve tranquila y enfocada. Tiene en la mano un libreto de teatro engargolado, lleno de anotaciones con marcador fluorescente y notas adhesivas.
Leila sonríe con ternura al escuchar el torbellino que es su hermana mayor. Se acomoda el cabello detrás de la oreja, mostrando esa postura centrada que la caracteriza, asimilando el peso de su responsabilidad con la beca.
LEILA (Con tono pausado, realista pero risueña) ¡Ay, no me extraña nada de Irene! Pobrecita, por dicha sus reflejos de bajista la salvaron. Pues aquí no hubo bengalas ni peligro de incendio. Gabriel y Noelia prepararon una cena deliciosa, y a la medianoche salimos al balcón. Desde aquí se veían los fuegos artificiales estallando sobre los cerros de Tegucigalpa. Fue... pacífico. Aunque extrañé el caos de la casa.
Irumi pincha su dedo con la aguja por andar distraída. Suelta un quejido dramático, pero se guarda el dedo en la boca y sigue sonriendo, balanceando las piernas con más fuerza.
IRUMI ¡Ay! Estúpida aguja... Diay, di que sí, una Navidad y un Año Nuevo internacionales. ¡Ya somos chicas de mundo! Pero bueno, cuéntame de la universidad. ¿Ya fuiste a ver el campus o las áreas de teatro?
LEILA (Suspirando, mirando sus apuntes con seriedad) Sí, fui ayer a entregar los últimos papeles de la beca. Iru, el nivel aquí es otra cosa. La exigencia en el departamento de teatro es altísima y no pienso desperdiciar ni un solo segundo de esta oportunidad. Hay que tener los pies muy puestos en la tierra. De hecho... fui al centro comercial a buscar algo de ropa formal para las presentaciones de los libretos. Vi un vestido hermoso en una boutique.
IRUMI (Dando una voltereta en la cama para sentarse de golpe, emocionada) ¡¿Un vestido?! ¡Suelto la aguja! Cuéntamelo todo, ¿cómo era? ¿De qué color?
LEILA (Se ríe, negando con la cabeza) Ya vas a empezar... Era un vestido corte sastre, verde esmeralda, de manga larga y con una caída muy elegante. Perfecto para la primera lectura de guion. Pero cuando vi la etiqueta de precio... casi me da un infarto en lempiras. Qué va, Iru. Estamos en modo ahorro extremo. La beca cubre los estudios, pero no los caprichos de diseñador. Me resigné y me compré una blusa básica en oferta.
En la habitación de Cartago, los ojos de Irumi se abren de par en par. La bombilla de su imaginación se enciende al instante. Se levanta de la cama de un salto, casi tropezando con un rollo de tela, y agarra su cuaderno de bocetos y un lápiz. Su mente ya está dibujando.
IRUMI (Disimulando la emoción, modulando la voz) Ah... ya veo. Qué lástima, de verdad. El verde esmeralda te queda divino con tu tono de piel. Pero contame más... así como por curiosidad de chisme de modas. ¿Cómo era el cuello? ¿Tenía botones o zíper? ¿La tela era lisa o tenía alguna textura?
Leila, completamente ajena a las intenciones de su hermana, se recuesta en la silla, recordando el diseño con precisión analítica.
LEILA Tenía un cuello en V pero sutil, no muy pronunciado. Los puños tenían unos botones pequeños dorados que le daban el toque elegante, y la tela era pesada, de esa que no se arruga fácil cuando pasas horas sentada analizando un libreto. ¿Por qué tanta pregunta? ¿Vas a criticar al diseñador?
IRUMI (Anotando ferozmente en el cuaderno, dibujando líneas rápidas de las mangas y los botones) ¡Para nada! Solo... expandiendo mi léxico de diseñadora, ya sabes. Uno tiene que absorber conocimiento de todos lados.
Irumi muerde la punta del lápiz, mirando el boceto rápido que acaba de hacer. Ya se imagina a Leila usándolo en su primer gran estreno, y una sonrisa de oreja a oreja se dibuja en su rostro. La sorpresa acaba de nacer en su cabeza.
Leila suelta una pequeña risa al otro lado de la línea, escuchando el familiar y frenético rasgueo del lápiz de Irumi contra el papel. Un silencio suave, de esos que solo existen entre ellas, se asienta en la llamada. La distancia geográfica se siente real por un segundo.
LEILA (Con la voz más suave, perdiendo el tono analítico) Te extraño, Iru. Hace falta tu escándalo en las mañanas. Noelia cocina rico, pero nadie me roba los calcetines ni me interrumpe cuando intento escribir.
Irumi detiene el lápiz a medio trazo. Mira el boceto del vestido verde esmeralda y luego levanta la vista hacia la cama vacía de Leila al otro lado del pasillo, que aún se alcanza a ver desde su puerta abierta. Traga grueso, sintiendo ese nudo en la garganta, pero fuerza una sonrisa llena de calidez.
IRUMI Y yo a ti, tonta. La casa está demasiado silenciosa, da hasta miedo. Pero diay... estamos compartiendo el mismo sol, ¿verdad? Vos allá rompiéndola en el teatro y yo aquí inventando moda. Nos estamos haciendo grandes, Lei.