Secretos de una fan 3

Capítulo 7 - Sonrisas y recuerdos

SECCIÓN 1: DÍAS DE HERMANAS Y VERDADES

ESCENA 1 INT. SALA DE ESTAR DE LA CASA DE LOS HERNÁNDEZ - DÍA

La luz de julio se filtra por los ventanales, iluminando el polvo en suspensión. Leila e Irumi están sentadas en el suelo, rodeadas de viejas fotografías. Irumi, con su peluca azul, parece una versión onírica de sí misma, una presencia que Leila observa con una mezcla de melancolía y curiosidad.

Hablan de Honduras, del ritmo frenético de Leila, y de cómo Noelia, con la sabiduría y el aplomo que le otorgan sus años, se convirtió en su roca, su traductora cultural y la que le enseñó a navegar las aguas de una vida independiente a años luz de casa.

LEILA (Dejando una foto sobre la alfombra, con una risa suave) No sé qué habría hecho sin Noe. Ya sabes cómo es ella, a sus 34 años parece que ya se las sabe todas. Me tuvo una paciencia infinita... imagínate, entre las clases, el teatro y mis crisis existenciales, Noe siempre estaba ahí, dándome norte. Y Gabriel, él es un santo; ahí los cuatro, con los niños corriendo por toda la casa, me hicieron sentir que no estaba tan sola en ese país. Los chiquillos me sacan una sonrisa hasta en los días más grises, en serio. Pero... hubo un peso que siempre cargué conmigo.

Leila mira a Irumi, sus ojos escaneando el rostro de su hermana bajo el flequillo azul.

LEILA - ¿Resientes a Noe por haberme escogido para la beca? ¿Por haberme dejado ir a mí?

Irumi se queda helada. El silencio que sigue es profundo, una pausa donde los años de duda se evaporan. Irumi se lleva la mano derecha al pecho, sintiendo los latidos firmes de su propio corazón.

IRUMI - (Con una sinceridad que desarma) Sé lo que siempre ha significado el teatro para vos, Leila. Lo viví en tus ensayos, en tus frustraciones, en cada lágrima que derramaste por una línea mal dicha. Aunque... aunque me hubiera encantado recibir esa oportunidad, la verdad es que, mirándote a los ojos hoy, sé que no había nadie más apta que vos. Nadie lo merecía más.

Leila siente un nudo en la garganta. Las palabras de Irumi, cargadas de una madurez que hace año y medio no existía, le arrancan lágrimas silenciosas. Se lanza hacia adelante y abraza a Irumi con fuerza. Irumi, tras unos segundos, rompe la tensión con ese gesto que es puramente suyo: una sonrisa cómplice y un ligero empujón.

IRUMI - (Con tono enérgico) ¡Ay, no! ¡Nada de llorar más! Vamos a divertirnos. Quiero visitar todos esos lugares que hace rato no vemos. Vamos a comernos Cartago entero. Quiero que te lleves lo mejor de mí, no el recuerdo de una hermana triste.

Leila ríe entre dientes, limpiándose las mejillas, pero su expresión cambia a una más inquisidora.

LEILA - Está bien, capitana. Pero... ¿ya hiciste las paces con Raúl? Anteayer, en la capilla... te vi muy pegada a él. Parecía que todo el mundo desaparecía cuando estabas en su chaqueta.

Irumi suspira. El azul de su peluca parece vibrar con su incomodidad, pero no evade la mirada.

IRUMI - No buscaba solucionar nada, Lei. No era el momento para arreglar cuentas. Solo necesitaba un hombro en el cual sentirme segura, alguien que no estuviera quebrado como yo en ese instante.

LEILA - (Con un matiz de envidia dulce) A veces te tengo envidia, ¿sabes? Por esa capacidad de buscar refugio. Yo he estado tan enfocada en mi carrera, en cumplirle al abuelo, que a veces olvido lo que se siente dejar que alguien te sostenga.

IRUMI - El calor humano es bonito, es necesario... pero también es cierto que hay que aprender a respirar aire fresco sola.

LEILA - ¿Pero ¿qué sentís ahora, Iru? ¿Ya no hay nada por él?

Irumi mira por la ventana, hacia el horizonte donde el sol de julio comienza a caer. No hay duda en su voz, solo una aceptación cansada pero firme.

IRUMI - Sería mentirte si te digo que ya no lo amo. Es obvio que aún hay algo ahí, más fuerte de lo que me gustaría admitir. Pronto voy a hablar con él. Necesito saber si esto todavía se puede salvar, o si simplemente estamos aferrados a un fantasma.

Sección 2: el pasillo del silencio

ESCENA 2 INT. PASILLO Y HABITACIONES - NOCHE

La casa se ha sumido en una quietud reparadora tras el bullicio de los días anteriores. Leila, al caminar hacia su propia habitación, se detiene un segundo ante el escritorio de Irumi. Nota, casi por instinto, aquel cajón en la parte baja que permanece sellado con un candado pequeño. Leila no pregunta; hay una madurez implícita entre ambas que le permite entender que hay espacios en el alma de su hermana que todavía necesitan estar protegidos bajo llave, del mismo modo que ella guarda sus propias cicatrices. Leila le dedica una última mirada llena de comprensión y se retira a su cuarto.

Al entrar en su propia habitación, la mano de Leila se posa sobre el interruptor. Durante año y medio, ese interruptor fue un testigo mudo de su ausencia; un mecanismo que permaneció en la posición de "apagado", dejando que el polvo y el olvido se asentaran sobre sus cosas, sobre su vida en Cartago.

El "clic" suena en la habitación como un disparo en medio de la noche.

La luz inunda el cuarto, revelando un espacio que había quedado congelado en el tiempo. Leila se queda parada en el umbral, viendo cómo la iluminación hace brillar los objetos que dejó atrás cuando se marchó en busca de sus sueños. Es una luz que no solo ilumina la estancia, sino que expone el hecho de que, aunque ella volvió, la chica que habitaba ese cuarto ya no existe más.

Mientras tanto, en su propio cuarto, Irumi está sentada al borde de la cama. El azul eléctrico de su peluca descansa sobre el tocador.

Toma su celular. La pantalla ilumina su rostro en la penumbra. Sus dedos se desplazan con una lentitud casi ritual hasta el contacto de Raúl. La ansiedad le recorre el cuerpo como una corriente eléctrica, haciendo que sus manos tiemblen imperceptiblemente. No escribe nada. No pulsa el icono de llamada. Se limita a contemplar la foto de perfil: una imagen de los dos, capturada en un momento donde el futuro parecía un mapa claro y no un laberinto de ausencias.



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En el texto hay: secretos, hermandad, fan

Editado: 11.06.2026

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