SECCIÓN 1: UNA APUESTA A CIEGAS
ESCENA 1 INT. HABITACIÓN DE THOMAS - DÍA
La luz del sol del sábado se filtra por las rendijas de las persianas, iluminando el polvo que flota en el aire de la habitación. Sobre el escritorio, rodeado de cuadernos de partituras y cables de guitarra enredados, un teléfono móvil vibra con una insistencia casi agresiva.
Thomas está sentado en el borde de su cama, con el cabello alborotado y ojeras que no intenta ocultar. Observa el dispositivo como si fuera una bomba a punto de detonar. Finalmente, suspira, se pasa una mano por la cara y contesta. Se pega el teléfono a la oreja con tanta fuerza que sus nudillos se tornan blancos.
THOMAS (Con la voz tensa, bajando el tono) ¿Lo tienes?
DEL OTRO LADO DE LA LÍNEA (Una voz masculina, seca y pragmática) Ya estoy con los papeles. Pero te lo pregunto de nuevo, Thomas, ¿estás seguro de lo que estás haciendo? Esto no es un cambio de turno cualquiera. Si esto se llega a mover como planeas, vas a quemar un puente que no se construye en un día.
Thomas se muerde el labio inferior, sintiendo el sabor metálico de la ansiedad. Sus ojos recorren su escritorio, buscando desesperadamente algo que lo conecte con ella. No hay fotos. Jamás se tomó una con Leila; ella siempre fue esquiva con las cámaras, casi como si presintiera que un registro físico atraería demasiada atención sobre su vida privada. Ella no tiene redes sociales, no hay un perfil donde él pueda verla, ni una imagen digital que le recuerde el brillo de sus ojos cuando se ríe. Todo lo que tiene de ella es lo que guarda en su memoria: un archivo mental que empieza a distorsionarse por la obsesión de no tener nada tangible a qué aferrarse.
THOMAS (Su voz se vuelve firme, casi desafiante, aunque sus manos tiemblan ligeramente) No me importa el puente. Lo que necesito es el bloque de tiempo. Dijiste que con la firma de aprobación la flexibilidad estaba garantizada. ¿O me mentiste?
DEL OTRO LADO DE LA LÍNEA (Tras una pausa breve, un suspiro de resignación) No te mentí. Está ahí. Pero vas a tener que presentar la justificación técnica de la preparación para el proyecto especial. No pueden aparecer esos días libres en el sistema sin una razón de peso. Tienes que redactar ese informe ahora mismo y enviármelo antes de que cierre la oficina al mediodía.
THOMAS (Poniéndose de pie, caminando de un lado a otro) Lo voy a enviar. En una hora lo tienes en tu bandeja de entrada. Solo asegúrate de que el bloqueo de fechas quede reflejado para la próxima semana. No quiero excusas de último minuto cuando tenga todo lo demás bajo control.
DEL OTRO LADO DE LA LÍNEA Estás loco, pibe. Pero bueno, es tu carrera, no la mía. Hacé lo que tengas que hacer.
La llamada se corta con un pitido seco. Thomas baja el brazo, dejando el teléfono caer sobre la colcha. Se queda inmóvil, mirando la pantalla negra del celular. La ausencia de una foto, la falta de una huella digital de Leila, hace que su impulso se sienta más urgente, como una misión para recuperar algo que siente que se está desvaneciendo.
Ha jugado una carta peligrosa: ha comprometido su estabilidad laboral y la confianza de quienes lo rodean bajo el pretexto de un "proyecto especial", todo con el único fin de crear una ventana de oportunidad a mediano plazo que le permita estructurar su vida de otra manera.
Se sienta de nuevo, abre su laptop y comienza a teclear el informe. Sus dedos vuelan sobre el teclado, hilando justificaciones técnicas abstractas, envolviendo su verdadera intención en una mentira burocrática perfecta. Hay un destello de fría superioridad en su mirada mientras escribe; en su mente, su intelecto es la única llave capaz de romper la barrera de silencio y distancia que Leila ha levantado entre los dos.
Sección 2: Una guitarra muda
ESCENA 2 INT. ESTUDIO DE ENSAYO - TARDE
El aire en el pequeño estudio de ensayo está saturado de olor a cable quemado y el eco metálico de los amplificadores encendidos. Iván está sentado sobre una caja de percusión, haciendo girar una baqueta entre sus dedos con una ansiedad que no logra ocultar. Irene, ajustándose la correa de su bajo eléctrico, revisa su celular por quinta vez en menos de diez minutos, con el ceño fruncido.
Raúl, apoyado contra la pared, mantiene los brazos cruzados, observando el vacío. Su postura es rígida, como si estuviera esperando un golpe que sabe que llegará.
IVÁN (Lanzando la baqueta sobre el parche del tambor con un golpe seco) Esto es ridículo. Llevamos media hora esperando. Thomas no es de los que se quedan dormidos, menos cuando tenemos el bloque de arreglos pendiente.
IRENE (Levantando la vista, su voz teñida de una preocupación creciente) Lo he llamado tres veces. El teléfono manda directamente al buzón. Chicos, él vive solo. Si le pasó algo... si se sintió mal o si tuvo algún problema en el apartamento...
Irene suelta el cable de su bajo y empieza a caminar en círculos por la pequeña habitación, evitando mirar a los demás, con sus dedos jugueteando nerviosos con los potenciómetros de su instrumento.
IVÁN (Poniéndose en pie, decidido) Miren, no me gusta nada esto. Thomas es un obsesivo con la puntualidad, sobre todo cuando se trata de la banda. Voy a ir hasta su apartamento. Si no responde al timbre, llamo al casero. Prefiero quedar como un idiota preocupado a dejarlo ahí tirado si realmente tiene una emergencia.
Iván comienza a recoger su mochila, pero Raúl, que hasta ese momento se había mantenido en un segundo plano, da un paso al frente y lo intercepta con un gesto suave pero firme.
RAÚL No, Iván. No vayas.
Iván se detiene, confundido. Irene se queda paralizada a mitad de su caminata, con una mano aún sobre el mástil de su bajo. Ambos miran a Raúl, esperando una explicación que no llega con rapidez.